Email del 7 de agosto 2015

Zoran Music. Zoran Music 1

Querida:

Ayer escribí un cuento bastante corto al que titulé con el patronímico del protagonista. Te adjunto unas pocas líneas del comienzo, es decir, del planteamiento, para que te quedes con ganas de saber cuál es el desarrollo y el desenlace. Si por alguna extraña razón no tienes ninguna gana de conocer cómo se desarrollan los acontecimientos y de qué manera éstos nos conducen inevitablemente al final, te recomiendo que sustituyas la horchata Chufi por vodka Absolut y los aburridos paseos por el jardín botánico por desenfrenadas orgías en cualquier elitista local liberal de tu barrio.

SÁNCHEZ (Inicio)


El tren se zarandeaba de una manera que sólo se podría definir como garbosa. Mientras deglutía traviesas, una ringlera de vagones sucios perseguían a la locomotora de la misma forma que unos patitos lo harían con su madre. Pero la máquina no era una mamá ni los coches unas anátidas sedientas de calor maternal. A decir verdad, tanto la una como los otros eran la representación del mal, pues en ellos viajaba Sánchez. Este personaje, homicida confeso en su juventud y multimillonario e inversor en la última parte de su existencia, era temido por todos. Y cuando digo todos, me refiero a cualquier ser vivo. Su cara, alargada como una rodaja de sandía y con unas mejillas hundidas y huesudas no podía disimular unos ojos grandes, aparatosos, como de búho, de color rojo bermellón. Las venas de su cuello resultaban repugnantes y de su boca desaguaba un olor pútrido, corrompido, semejante al que produce la descomposición de la carne cuando la vida la abandona para no regresar jamás. Solía apoyarse con un bastón sin empuñadura y cuando odiaba algo, a alguien, por ejemplo a ti o a mí, los ofidios de su corazón mordían con fuerza e inyectaban un veneno mortifero con forma de insensibilidad permanente, de rabia modificada, de furia indefinida. 


Sánchez sudaba como un chancho. Cuando se aburría recogía algunas gotitas y alimentaba a las moscas, que adormecidas o drogadas por la sal corporal acumulada se comportaban como mascotas. Cuando tenía bastantes recorriendo sus manos, las apretaba con fuerza y lamía el jugo producido por la muerte en conciliábulo.

Creo que enviándote principios de mis textos no hago otra cosa que convencerte para que rehuses llegar a los finales. por esa razón, y sin que marque un precedente, voy a agregar la conclusión del cuento. Como falta la parte intermedia, que es donde realmente sucede todo, tu cara, a menudo agraciada, se tornará de un color insoportable. Pero la existencia es dura y a veces es preferible conformarse con una minucia a requerir o exigir una absoluta totalidad. Bueno, no me enrollo más, lo prometido es deuda:

SÁNCHEZ (Final)


Mientras metía su ropa en la maleta notó algo viscoso entre los pliegues de un chaleco. Cuando miró su mano, vio que los dedos habían desaparecido. Corrió como pudo hasta un espejo y no pudo verse reflejado. Cada una de las partes de lo que había sido un cuerpo viejo y decrépito se habían esfumado. Intentó gritar pero en lugar de un sordo sonido de lamento, de lo que antes había sido una garganta maligna y perversa, emergió una lúgubre carcajada que resonó como un trueno por las estancias de la mansión derruida. Y la luz que desde entonces se filtra por los intersticios de las ruinas sólo es un principio elemental de lo que sucedería a partir de entonces.

Quizá pienses que la prosa es infumable o que lo leído te recuerda algo ya leído pero mejor redactado y estructurado. ¡Es cierto! El texto es una completa nulidad y un conglomerado de tópicos, pero he llegado a la conclusión de que la mayor parte de la población que aún se atreve a leer es retrasada y si quiero ganar algo de dinerito como escritor, tengo que darles lo que se merecen. Y lo que se merecen es porquería y desasosiego neuronal. Regalarles frases estructuradas o magnificamente hilvanadas sólo equivaldría a garantizar su memez por un lapso indeterminado de tiempo. De todas formas, estoy muy orgulloso de un párrafo que se puede leer en la página 34…

SÁNCHEZ (Párrafo genial)


El arroyo se ensanchaba hasta adquirir el tamaño de una laguna. A lo lejos se podía divisar la tierra húmeda repleta de juncias y algún que otro pedazo de madera emergiendo. Mientras contemplaba la escena pensé en las connotaciones cómicas de lo que veía: un paisaje de ensueño y pedazos de féretros desparramados por la tierra. De repente un ruido me despertó de la ensoñación, era Sánchez que se acercaba a mí con un cuchillo de grandes dimensiones en su mano derecha. 

Ya tienes tres pequeños fragmentos de una mediocre totalidad. Si los juntas en tu cerebro e intentas imaginar lo que falta, es posible que llegues a alguna conclusión. Mi labor, siempre que entendamos por labor justificar la vida por medio de la ficción, ya ha terminado. Lo que viene tras ésta etapa, es decir, los halagos o las críticas severas, no me interesan. Lo único que me importa es mirar por la ventana y ver cómo cada uno de los puntitos que se mueven entran y salen de mi campo de visión. Mientras esos puntitos sigan un movimiento significa que sigo vivo.