Email del 9 de agosto 2015

Jamie Wyeth. Pumpkinhead. Self-portrait (1972)

¿Para qué sirve estar aquí? Utilizo ese adverbio de una manera tramposa, pero es que yo soy un fulero. Aquí no significa en esta casa, rodeado por esa gente, sino «en este planeta» o «en este mundo». ¿Qué sentido tiene que yo viva cuando no quiero vivir y que otros que quieren vivir esten condenados a una muerte segura? Pero no deseo ser malinterpretado. No es que realmente quiera estar muerto, es que estoy convencido de que no debería haber nacido. ¿Qué he hecho que tenga una cierta importancia desde el 14 de enero de 1962? Voy a contestarme: ser malinterpretado por mis amigos y humillado por los que están por encima de mí, que son demasiados. He sido acusado de lo que he hecho y felicitado por lo que no he hecho. Me han acabronado, acordonado, alborotado, apedreado, arrinconado y asermoneado. Y eso que sólo voy por la «A». Pero tambien me han vilipendiado, ninguneado, condicionado, demandado, desairado, desmotivado, jorobado y lisiado. Algunos me llaman perturbado, otros simplemente insubordinado, pero nunca han podido ver más allá. Soy un refugiado. Y sé que soy obstinado y que estoy bastante enquistado, pero ¿quién es capaz de no enquistarse cuando se encuentra rodeado de idiotas? Y lo de idiota no va por ti, ni por un número reducido de gente que no se merece ser etiquetada con ese vocablo. ¡Soy Calimero!

…Calimero, Calimero
es muy chiquitin
redondito eres tú
mi buen pequeñin.
Calimero, Calimero
te quiero un montón
porque Calimero es
todo corazón…

¿Para qué sirve el cerebro? Pesa demasiado y la mayor parte de la gente que conozco no sabe utilizarlo. Utilizar es un verbo que a menudo se emplea mal. ¡Caray! Parezco subnormal, pero soy más bien formal, aunque a veces peco de informal y para mi padre siempre seré un anormal y un animal. Y para mí él es un carcamal infinitesimal. Por lo tanto la diferencia entre ambos es abismal. Por esa razón cuando estoy a su lado me siento un ser sensacional. Y cuando me considero de esa forma tiendo a comportarme de una manera subliminal, y por supuesto, imparcial. ¡Me gustaría ser tan pequeñajo como un quark! Me pasaría las horas puteando a los leptones. Desgraciadamente soy alto y mi cuerpo esta perfectamente formado, aunque según los parametros con los que hoy en día se juzga la belleza, mis hombros están demasiado cargados y mi cintura es demencialmente estrecha aunque parezca todo lo contrario. Ya que no puedo ser un quark, me contento con ser un gnomo. Un gnomo sin barba. Un gnomo que se escaquearía de sus trabajos cotidianos en la mina y que robaría tantos metales preciosos -de los que le tocara custodiar- como fuera posible.

…Soy un gnomo y aquí en el bosque soy feliz
Bajo un árbol vivo yo, junto a su raíz
Soy un gnomo y simplemente con mirar
Todo lo que piensas tú podré adivinar
Soy siete veces más fuerte que tú
Muy veloz y siempre estoy de buen humor
Soy un gnomo, el más anciano del lugar
Uso hierbas que yo sé que pueden curar
Soy un gnomo, muy diminuto y bonachón
Si me quieres conocer pon mucha atención…

Ojalá pudiera estar allí. Encima, debajo o al lado. Y si no pudiera encontrar un huequecito allí, por lo menos allá o allende. Sin embargo no soy capaz de alejarme unos milímetros de este aquí que enturbia mis emociones. Si fuese capaz de desfragmentar cada uno de los aqui y transformarlos en sinónimos de allí, supongo que llevaría mejor todos los desaciertos e infortunios que implica haber nacido sin estar realmente preparado. Supongamos que hablo conmigo mismo:

GREG 2: Joder tío, pareces Gloria Fuertes…
GREG 1: ¿Físicamente?
GREG 2: No, me refiero a este texto. Los juegos de palabras me recuendan a Gloria.
GREG 1: En lo único que me parezco a ella es en la barriga.
GREG 2: Pues ahora que lo dices, tienes razón. Tu figura se va haciendo cada día más y más falstaffiana.
GREG 1: La barriga no me impide pataseudofilosofar.
GREG 2: Yo más bien lo llamaría delirar.
GREG 1: ¿Quieres acostarte conmigo?
GREG 2: No puedo, estoy ovulando.

Merecen ser señalados algunos detalles sobre mi trastorno de identidad disociativo. En primer lugar, me desdoblo cuando quiero, aunque a veces haga falta la ayuda de dos o más personas para regresarme a mi estado natural, es decir estado vesánico agónico. En segundo lugar, soy más educado cuando converso conmigo mismo, pues el diálogo se centra en dos grandes y dinámicas personalidades y no entre un genio, en este caso yo, y un infrahumano del montón. Además, departir conmigo mismo me sume en un estado paranoico-libidinoso que me excita. Y yo, necesito estar excitado las 24 horas del día. Sin excitación no hay aportación. Ni siquiera argumentación, celebración, demostración  o examinación. Tampoco condenación, humillación, idealización o narcotización. Sólo ese estúpido estado de ánimo en el que uno se siente como si fuera el centro del primo del hijo del multiuniverso. Quiero cruzar la línea que guarda el resto de rectas. No de rectos. Los rectos son asquerosos y a menudo están bastante sucios. Las rectas son atractivas y seductoras.

GREG 2: ¿Las rectas son seductoras? Deberías dejar de esnifar lilimento.
GREG 1: Y tú deberías hacerte una ligadura de ovarios.

Tal como yo lo veo -siempre y cuando yo no se intervenga en la conversación entre esos dos- la cuestión está zanjada. Nací por casualidad, malvivo por casualidad y cuando muera se lo pondré difícil al juez de guardia. Y al forense. Es el sentido que yo le doy a la existencia: oponerse a todo, en cualquier circunstancia. No soporto a esas personas que siempre me dan la razón. Por cierto, ¿dónde están, que no los veo? Vivir es un acto de fe y además un acto sumamente caro. Morir sale más económico, siempre que tu madre no esté previamente entrampada pagando las mensualidades de «Seguros Ocaso». Ya no se me ocurre nada que decir. No tengo las suficientes fuerzas para despotricar sobre lo que significa la palabra Existir.

GREG 2: Mejor. Ya se calla el tío. Qué palizón…
GREG 1: Te recuerdo que ese tío eres tú. Y yo.
GREG 2: Bueno, siempre me he conformado con cualquier cosa…