Email del 25 de junio 2018

Ripollés (quizá el peor pintor de la historia). La chica de la manzana (fecha desconocida, pero la verdad es que me la refanfinfla)

Hola:

¡Hoy ha muerto Estellés! Pese a que nadie le hizo demasiado caso en vida, algunos ya comienzan a sentirse culpables. Recuerdo su sonrisa etérea y contagiosa y el brillo de sus ojos que iluminaba cualquier estancia. ¡Pero también recuerdo la vez que vomitó sobre mi espalda! En aquel instante no me importó demasiado porque unos pocos minutos antes ya me habían vomitado en el mismo lugar tres personas cuyos nombres soy incapaz de recordar en este momento. ¿Quién sino él sería capaz de modelar una figurita de un buda sonriente con el sicote recolectado de sus pies durante un año y donarla al centro social de Hatha Yoga del barrio? Todavía descansa sobre una vitrina. Puedes ir y comprobarlo. Aunque si quieres que te sea sincero, a mí quien me importaba realmente era su hermana. Todos la llamaban «la estellesa» y era tan guapa que hasta se me hace un nudo en la garganta cuando la recuerdo. Murió muy joven. Algunos dicen que de guapura talasémica, otros están convencidos de que todo fue un bluff y que no solo no murió, sino que ni siquiera existió y que todos los que se enamoraron de ella son unos pobres enfermos repletos de alucinaciones perceptivas y delirios cognitivos . Puede ser.

¡Hoy ha muerto Estellés! Ayer murió una tal Eufemia en un pueblecito de la Safor y mañana morirá alguien que se llame Fructuoso, Eliodoro o Policarpo. Y si no te lo crees compra los periódicos La Vanguardia o el ABC. Son repugnantemente fachas pero todavía publican esquelas. ¿Sabes? Estoy convencido de que la muerte constituye un serio inconveniente para practicar algún deporte. Estellés era un hincha fanático del Real Madrid y siempre que podía lo demostraba acercándose a alguien en completo silencio y gritándole en la oreja «¡goooooooooooool en el Bernabéuuuuuuu!». Algunas de sus víctimas quedaron sordas, pero la mayor parte se hicieron ascéticos o invirtieron en empresas auditivas.

¡Hoy ha muerto Estellés! Ojo, no te confundas con Ripollés. Estellés jamás llevó flores en la barba, básicamente porque nunca se dejó barba. Él siempre decía que los pelos en la cara son para los megaterios. Ripollés no es un megaterio pero sus pinturas y sus esculturas sí parecen hechas por un animal extinguido y con serios problemas de coordinación espacial. Un día que asistimos juntos -Estellés y yo, no Ripollés y yo- a la inauguración de una sardinería, me confesó que nunca se había acostado con una mujer. Cuando le contesté que ser gay afortunadamente ya no era un pecado, me agarró con fuerza por las solapas (algo que todavía no he llegado a comprender, porque era pleno mes de agosto y yo llevaba una camiseta de manga corta) y me escupió en la cara con asco que él no era un jodido manflorito. Nunca se había acostado con un humano. Le interesaban las gallinas. Igual daba que fueran Babcock, Ross o Wyandotte. Siempre que pertenecieran al género Gallus, le servían.

¡Hoy ha muerto Estellés! Por supuesto después de recibir la extremaunción de manos del padre Bardomiano, perteneciente a la diócesis de Alboraya. En principio Estellés debía haber sido sacramentado por el tonsurado Petrolino, pero a última hora este necesitó ir a la barbería eclesiástica de urgencias, pues su coronilla se asemejaba a un monte de venus revuelto y poco cuidado. Exceptuando al padre Bardomiano, Antonio García Ferreras y yo, nadie más asistió a su final. Ni siquiera sus hermanas Eliboria y Pantaleona Estellés, ni su sobrina preferida, Silvestra. Me gustaría que estas líneas sirvieran para recordar a un amigo que nunca volverá a vomitarme encima. ¡Te quiero Estellés!

G