Email del 14 de septiembre 2018

Marc Chagall. Rainbow in the sky, a sign of covenant between God and Earth (1931)

Querida:

¡En ocasiones veo heresiarcas carpetovetónicos!

Greg

P.D
La última vez que vi a Dios fue en el culo de un gato. Obviamente se trató de un claro ejemplo de pareidolia, pero te juro por el culo de ese gato, que allí estaba él, con toda la majestuosidad y omnipotencia que se podría esperar de una representación teológico-natural. Cuando me arrodillé para orarle, el minino se volvió y me pegó un zarpazo en el rostro que tardó siete semanas en sanar.

La penúltima vez que escuché la voz de los Santos Apóstoles fue en una huelga de prostitutas. La verdad es que yo no estaba ni a favor ni en contra de lo que ese gremio exigía, simplemente me encontraba sentado en la terraza de un bar tomándome un whisky cuádruple, cuando el grupo pasó voceando por mi lado. Seguramente fue el golpe de una pancarta que se le cayó a una de ellas sobre mi cabeza, o quizá las cuatro partes de la bebida que comenzaron a hacer efecto, o incluso una extraordinaria conjunción de las dos cosas al mismo tiempo, pero de repente oí cantar a cinco de los doce evangelistas dentro de mi cabeza. Lo hacían tan bien que no tuve más remedio que aplaudir como un loco. Lamentablemente el chulo de una de las señoritas que protestaban entendió que yo estaba a favor de que a él y al resto de los individuos de su calaña se les acabara el chollo, y no se le ocurrió otra cosa que intentar estrangularme con una minifalda. A día de hoy, todavía ignoro a quién pertenecía la minifalda, pero puedo asegurar que el chulo acabó detenido y yo pasé 8 días en la UCI (Unión de Créditos Inmobiliarios).

La primera vez que se me apareció una Virgen iba disfrazada de «Ursus el gladiador», por esa razón me llevó bastante tiempo reconocerla. Cuando me dí cuenta de quién era, seguí con mis asuntos como si nada hubiera pasado. No te puedes imaginar lo que me costó descuartizar a aquel tipo. Y más con esa aparición controlando mis movimientos. Al final pude desmembrar satisfactoriamente el cuerpo y acabé colgando sus despojos de una cuerda. Cuando estaba limpiando el suelo de sangre, la visión se esfumó y yo me sentí satisfecho por primera vez en mi existencia.