Email del 15 de septiembre 2018

Thomas Eakins. Gears (1860)

Amiguita:

A menudo medito sobre las ventajas e inconvenientes de los engranajes. Hay gente que piensa en la familia, en su trabajo, en las enfermedades o en el dinero. Yo pienso en engranajes. Y cuando voy muy borracho, en endranajes, que no tengo la más remota idea de lo que serán y para qué diantres pueden ser usados. La mayor parte del tiempo que dedico a pensar en engranajes es tiempo que no dedico a pensar en mujeres denudas. ¡Sí, denudas! ¡Sin ese! No me gusta el vocablo desnudez, pues implica ausencia de ropa interior. Y la ausencia de ropa interior implica a su vez golfería o roñosidad.

Los engranajes pueden ser rectos, cónicos o helicoidales. Personalmente siempre que pienso en ellos me vienen a la cabeza representaciones casi exactas de engranajes helicoidales, que según los expertos suelen ser más gallardos y varoniles, aunque en algunas ocasiones he sentido náuseas ante tanta virilidad y he necesitado hacer uso de mi parte femenina. Ya sabes, probarme vestiditos y faldas e insinuarme a mí mismo frente al espejo. Es una manera de sentirme genitálmente venéreo y eyaculántemente delicioso.

En cierta ocasión me contoneé con tan poca precisión que acabé luxándome el ilion, el pubis y el isquion. ¡Los tres al mismo tiempo! Pero afortunadamente no perdí los tacones. Siempre he odiado perder los tacones de 17 centímetros que utilizo para los contoneos exuberantes. No comprendo cómo hay tipos que se contonean con manoletinas o zapatos florita, que como tú sabes no son más que merceditas con cierre de hebilla.

Ahora tengo que dejar de escribirte. Llevo un rato escuchando ruidos extraños en el interior de mi diencéfalo y necesito averiguar si son graves y me voy a morir. Si no me muero, es posible que mañana te escriba otra vez. Si por el contrario la palmo, también es posible que te escriba mañana otra vez.

Řehoř L.

P.D
Mi tesis doctoral titulada Somatología del júbilo desenfrenado producido por la práctica de la amplexación anal en las orgías misofóbicas heterosexuales ha sido puesta en entredicho por algún malnacido, aunque en realidad no me importa demasiado, pues he llegado a un punto que me la refanfinfla cualquier cosa, exceptuando la brisa nocturna, por supuesto. No creo que exista nada más agradable en este mundo que recibir ese maravilloso viento suave sobre la cara o el culo.