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| Henri Matisse. Still life with books (1895) |
Hola:
Los hijos de puta, mi relato en 1014 páginas sobre los mosquitos, ya está terminado. Si todo sale como tengo pensado, antes de que finalice la próxima primavera descansará en los anaqueles de las librerías del país y podrá ser disfrutado en toda su extensión. Los compradores de los primeros 100 ejemplares serán obsequiados con una figura -a tamaño natural en plata de ley 925- representando a un mosquito aplastado diseñada por el joyero invidente africano de renombre internacional, Akwetee Onwuatuegwu Ezekwesili. Ya he conminado por medio del soborno -y de un posible pogromo familiar si se niegan- a varios críticos ideológicamente contrarios para que escriban una reseña positiva, por lo que no me extrañaría que llegara a convertirse en una obra fundamental de la creación artística y de la literatura comarcal.
Puede que después de leer el título pienses, no sin razón, que este volumen puede ser una continuación del anterior, Las hijas de puta, el tratado que escribí sobre las moscas, pero no existe ninguna relación. Uno es una novela y el otro un ensayo. El primero fue escrito en tres meses y el segundo en tres meses y medio. Cuando trabajaba en Las hijas de puta sufrí una crisis asmática y durante la redacción de Los hijos de puta fui ingresado de urgencia en un McDonalds. Las diferencias son tantas y tan abismales que solo un badulaque sería capaz de no distinguirlas. Aunque estoy pensando seriamente en un futuro próximo libro al que podría titular Los hijos de puta y las hijas de puta, que versaría sobre algunos de mis mejores amigos y sus familiares más cercanos, pero todavía no lo tengo realmente decidido.
Acabo de acercar mi rostro a uno de los lados del acuario y un pez me ha mirado directamente a los ojos. En su mirada he podido ver claramente la retina, el cristalino y la pupila, pero también una especie de furia controlada y mis calzoncillos reflejados en el vidrio.
Greg
P.D
Mi churrería castañería favorita, regentada por el churrero castañero y detective aficionado García Pérez (si leíste mi email del 15 de febrero sabrás a quién me refiero) ha cerrado sus puertas. En su lugar han abierto una leotardería. Ignoro dónde podré comprar castañas y churros a partir de ahora, pero por lo menos no tendré que desplazarme al centro para adquirir leotardos, mallas o leggings. ¡El barrio está cambiando! ¡Hace más de dos años que no apuñalan a nadie! Siento que nada es como me gustaría que fuese, aunque a veces, intentando que algo sea diferente a como es, pienso que estoy haciendo las cosas equivocadamente. Todo debe ser como es. Si nada es como es, entonces, nada es lo que parece. Si nada es lo que parece, yo no soy escritor y el churrero castañero y detective aficionado García Pérez no es churrero castañero y detective aficionado. Entonces, ¿a quién he estado comprándole los churros y las castañas en los últimos 35 años? Pero, ¿si yo no soy escritor? ¿Qué es lo que soy? Desde luego una profesión cuyo vocablo termine en «or». Quizá estuprador o macroensamblador.
