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| Max Ernst. La joie de vivre (1936) |
Hola:
No puedo pasar por delante de mí. Tú sí que puedes pasar por delante de mí. Yo puedo pasar por delante de ti, sin embargo, tú tampoco puedes pasar por delante de ti. Ambos podemos pasar por delante de quien se nos antoje. ¡Excepto de nosotros mismos! En ocasiones me gustaría no tener que pasar por delante de nadie. Pero estoy obligado por las jodidas circunstancias existenciales, ya sabes. Si en esas ocasiones no paso por delante de nadie, no llego a ningún lugar. Y estarás de acuerdo conmigo en que existen algunos lugares que es obligado visitar, como Mercadona. Afortunadamente, cuando voy al váter no necesito pasar por delante de nadie. Es en esos instantes cuando me concedo demasiada importancia. Y cuando eso sucede, cuando me concedo demasiada importancia, es cuando quiero pasar por delante de mí. Pero en seguida vuelvo a recordar que no puedo pasar por delante de mí. Ni siquiera por detrás de mí. O atravesarme. Ese montón de impedimentos más o menos eventuales son los que hacen que a menudo intente -sin éxito alguno- sentarme sobre mí mismo. Una vez me senté sobre otra persona y otra persona se sentó sobre mí. Ya sé que no es una acción del otro mundo, pero es que en esa ocasión íbamos todos desnudos. Si hubiésemos ido todos vestidos no hubiera pasado lo que pasó. Aunque si quieres que te sea sincero, no recuerdo si llegó a pasar algo. Incluso dudo de que yo me sentara sobre alguien y que alguien se sentara sobre mí. Lo más probable es que yo me sentara sobre alguien que ya estaba sentado sobre otro alguien. Supongo que si me senté sobre algunos, un par de «alguiens», o tipos, o como quieras llamarlos, no fue como un pretexto o acercamiento meramente sexual, sino por comprobar cuán mullido resulta sentarse sobre dos o más humanos.
No quiero que nadie pase por delante de mí. No quiero pasar por delante de nadie, ni siquiera de poceros, que son unos tipos muy simpáticos que suelen ofrecerme caramelitos cuando me ven. Lo único que quiero es que nadie pase por delante de nadie, incluso si alguien está obligado a pasar por delante de todos. Si nadie pasáramos por delante de nadie, Mercadona tendría que cerrar todas sus sucursales, está claro, pero el mundo sería un lugar mucho más agradable. Imagina que todos estuviéramos obligados a pasar por delante de todos, a todas horas y en cualquier ocasión. Y que en algunos de esos momentos tuviéramos que pasar a la ida y a la vuelta. ¡Joder! Me han entrado ganas de vomitar. Pero yo solo puedo vomitar si lo hago encima de alguien. ¡Es todo tan difícil de entender! Incluso los tipos que entienden todo, y a todos, tienen verdaderos problemas para comprender el verdadero significado de algunas de mis más poderosas razones.
Greg Conforama
P.D.
He llegado a un principio de acuerdo con los que hasta ahora no pasaban por delante de mí para que sigan no pasando por delante de mí. El convenio debería comenzar al final de las calendas de octubre y yo podría ser indemnizado si alguno de los que nunca pasan por delante de mí llegarán a no pasar por delante de mí a saltitos o sin mover las extremidades superiores mientras agitan los pompones que mantienen agarrados con las manos. Parte del éxito del tratado lo tiene uno de los muchos «alguien» que me sirvieron de ejemplo en el primer párrafo del texto. Por supuesto, mi modestia particular no me permite citar su nombre.
