Email del 17 de octubre 2018

Leah Saulnier. Bullshitter (Unknown year. Ni falta que hace)

«Siempre recordaré con nostalgia… ¿Nostalgia, yo?
Siempre recordaré con cariño… ¿Cariño? ¡Qué cojones es eso!
Siempre recordaré…»
(Adagio de los depravados. Versos 78-79-80)

Me gusta vivir entre vacas. Las prefiero a la mayor parte de humanos. Pero también me lo paso en grande rodeado de perros, gatos, cerdos, cabras, ovejas, velociraptores de plástico fabricados en China o Taiwan, armarios roperos empotrados, sandalias gladiadoras sin pies en el interior, mucosidades alienígenas esputadas con precisión, prospectos troceados y supositorios de glicerina. ¡Y guillotinas! Nadie necesita que le recuerde que está aquí, en esto que llamamos existencia, porque sus padres, y antes los padres de sus padres, intentaron obtener un poquito de placer de un jodido y rápido polvo. Claro que entonces quizá no se denominaban así. Para ellos significaba amor puro y duradero, semejante al que representan un par de alianzas de oro con incrustaciones de piedrecitas refulgentes parecidas a las que intenta vender el canal Galería del Coleccionista. Yo colecciono desacuerdos, emociones tiroteadas, fluidos corporales repletos de virus, vacilos y gérmenes, inmundicias amarillentas poco o nada compactadas.

«Hecho de menos acariciarte… Jajajaja. ¡Esa si que es buena!
Hecho de menos oler tu piel y beber de tu boca… Sinceramente, yo prefiero oler y beber mistela.
Hecho de menos…»
(Adagio de los depravados. Versos 189-190-191)

Adoro oler el estiércol. El estiércol que producen las vacas. Lo prefiero a oler el de los humanos. Pero también me lo paso en grande olisqueando el de perros, gatos, cerdos, cabras y ovejas. Me recuerda que en otra vida cagaba. ¡Sí! ¡Qué lejos queda todo aquello! No me refiero al hecho de defecar, sino a todo lo que implicaba tener que comportarse como un invento fallido. Como un conjunto peligrosamente equilibrado de sensaciones enfermizas a punto de detonar. En otras palabras, como un individuo nacido de madre. Supongo que cualquiera que lea este texto será capaz de distinguir -o por lo menos definir en su correcto significado- el vocablo «individuo». Tampoco es algo que me quite el sueño, sobre todo porque soy insomne. Gracias a ese padecimiento podré salir de la cárcel en trescientos o cuatrocientos años a lo sumo, cuando vierta los restos de un bukake antiguo y muy concurrido en la planta potabilizadora de la ciudad donde vivo. ¡Porque yo vivo! ¡Yo vivo! Aunque si lo que creo que es vivir es vivir, debería pensar en morir y morir. Dos veces, es decir, doble acción, seguridad máxima.

«Me gusta ver rielar a las margaritas… ¡A mí pisotearlas!
Me gusta sentir las sonrisas de los niños… ¡Piensa que esos niños crecerán y se convertirán en alcahuetes y psicópatas!
Me gusta…»
(Adagio de los depravados. Versos 234-235-236)

P.D.
¿Salir a la calle con un polar sin camiseta debajo es de guarros, miserables o inadaptados? ¿O incluso de depravados?