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| Bartolomeo Passerotti. Caricature (Century XVI) |
Para los amiguitos de mi amiguita del alma:
La finalidad del pervertido es deteriorar de cualquier manera posible la moral de los individuos que todavía puedan creer en ella como el eje de sus existencias. Para los lectores que solamente conozcan a Eliodoro Piernavieja Cayado como el ganador de los últimos siete premios otorgados a la inmoralidad más manifiesta en los certámenes organizados por la AEDI, o comúnmente llamada, Asociación Española de Depravados Inmundos, me gustaría ofrecerles una pequeña reseña con el objeto de que puedan sentirse libres para cambiar la errónea perspectiva sobre dicha personalidad fundamental de nuestra época.
12 de enero de 1952. Nace Eliodoro rodeado de meconio, justo el mismo día en que su padre Teodoro intenta batir el récord mundial de esturionismo en horizontalidad. Esturionear es un ejercicio poco convencional y absolutamente repudiado por el Comité Olímpico Internacional, cuyo fin es imitar al esturión mientras se contonea delante de una esturiona ficticia. Por lo tanto, es un deporte masculino en el que no está permitida la participación femenina, ni siquiera como árbitros o jueces, por lo que suele encabezar las listas de actividades machistas que se confeccionan anualmente. Existen tres modalidades de esturionismo: en horizontalidad, en verticalidad y haciendo el pino.
17 de noviembre de 1960. La madre de Eliodoro, Lucrecia, se pierde mientras se dirige de la cocina al aseo. Su cuerpo jamás es encontrado aunque su voz sigue dirigiendo con mano dura la vida de su hijo y de su marido y el correcto funcionamiento del hogar hasta principios de la primavera de 1971, fecha en la cual y, después de varias toses secas francamente preocupantes, deja de volver a escucharse.
23 de abril de 1969. Eliodoro intenta violar a una molécula indeterminadamente indefinida y es puesto a disposición ginecológica por error. Pronto es subsanada dicha confusión y Eliodoro es transferido a una caja de cartón corrugado donde permanece los siguientes cuatro minutos. Al salir de la caja Eliodoro ha cambiado por completo. Ya nunca será ese niño dócil y bondadoso que acariciaba a los gatitos y a los perritos. A partir de ese momento se los comerá, con o sin guarnición de acompañamiento.
9 de febrero de 1973. Eliodoro comienza a trabajar en una neumática de fábricos y pronto es ascendido a encargado de los aseos de los sustitutos de los delegados de los directivos organizadores. Ante tal responsabilidad Eliodoro sufre un ataque de parálisis craneal y es puesto en tratamiento bajo la supervisión de un médico fingidamente calvo y tres enfermeras falsamente desvestidas.
27 de marzo de 1978. Es detenido mientras intenta hacerse pasar por baldosa para espiar a una chica por debajo de la falda. El juez le impone una condena de seis meses de los cuales solo cumple siete y es puesto en libertad bajo una serie de condiciones. Son esa serie de condiciones las que le impulsan a escribir su primer libro Condiciones, abrojos y música extradiegética que se convierte en un éxito de ventas instantáneo.
20 de agosto de 1992. El día de su 40 cumpleaños, Eliodoro se traspasa un muslo. Más tarde se traspasa la pantorrilla. Antes de acostarse se traspasa la rodilla y el antebrazo. Después se duerme. Cuando se levanta al día siguiente se traspasa una oreja (a día de hoy se desconoce qué oreja) y el codo derecho. Tras desayunar se retraspasa el primer traspaso, el del muslo derecho. Y como se siente realmente traspasador vuelve a retraspasar el segundo retraspaso al muslo derecho e intenta traspasar el muslo izquierdo con tan mala fortuna que se le escapa el instrumento traspasador y se traspasa la muñeca izquierda. Como traspasar la muñeca izquierda no estaba en sus planes, sale a la calle cabreado y refunfuñando y traspasa a todos los viandantes que pasan por su lado hasta que es detenido intentando traspasar algo intraspasable y es internado en un manicomio para locos furiosos, coléricos y rabiosos.
30 de septiembre de 1995. Sale del frenopático convertido en un hombre nuevo. Su futuro se antoja radiante. Mientras camina por una calle del centro, uno de sus zapatos sale disparado hacía arriba y acaba atorado entre una antena parabólica y una antena dipolo multi-elemento. Cuando llega a casa escribe su famoso tratado El zapato volador que le abrirá las puertas del elogiado Club de pilotos de zapatos voladores donde acaba siendo ascendido a encargado de los aseos de los sustitutos de los delegados de los pilotos jefe organizadores. Ante tal responsabilidad Eliodoro sufre un segundo ataque de parálisis craneal y es vuelto a poner en tratamiento bajo supervisión tétrica (Nota: Seguramente se trata de un error de transcripción entre los vocablos «médica» y «tétrica»).
1 de enero del 2000. Publica un prospecto promocionando el autoestrangulamiento que es secuestrado por las autoridades competentes.
2 de enero del 2000. Publica un prospecto promocionando el prospecto secuestrado el día anterior, pero es censurado, pisoteado y secuestrado, esta vez por los organismos incompetentes.
3 de enero del 2000. No publica ningún prospecto. Las autoridades competentes no pueden secuestrar nada y deciden reunirse en un prostíbulo.
27 de noviembre del 2002. A los 87 años y a causa del punto blanco muere en su acuario preferido Teodoro, el padre de Eliodoro. A sus exequias acuden políticos, mafiosos y pescaderos al por menor de todo el planeta.
12 de abril del 2012. Eliodoro se compra un bikini. La noticia rápidamente se filtra y es expulsado del Club de pilotos de zapatos voladores, pero algunos días después es aceptado en el AEDI donde en poco tiempo es nombrado encargado de la señora de la limpieza de los aseos de los sustitutos de los delegados de los apoderados de ciertos ejecutivos. De nuevo ante tal responsabilidad Eliodoro sufre un tercer ataque de parálisis craneal que es el definitivo.
15 de abril del 2012. A las 10:30 de la mañana, el alcalde de la ciudad comunica su fallecimiento (el de Eliodoro, no el del mismo alcalde). La gente llora por las calles. La gente llora por los callejones. La gente llora por las avenidas, las plazas y los bulevares. El AEDI lanza un comunicado donde implora su santificación. La Iglesia lo entiende como una blasfemia. Por la tarde se reúnen en la calle para pegarse algunos miembros del AEDI y varios curas exaltados. El resultado es incierto.
