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| Rene Magritte. The menaced assassin (1927) |
A la atención de cualquiera que esté en condiciones de ayudarme:
El 17 de febrero del 2000 aparecí asesinado en el interior de un armario en mi propio hogar. ¡Nadie fue acusado del crimen! Tres años después se encontró mi cuerpo desmembrado dentro de una maleta Samsonite. Tras varios años sin encontrar una sola pista del asesino, el caso fue archivado. Sin embargo el 14 de septiembre del 2012 fui detenido y acusado de ejecutarme a mí mismo en dos ocasiones, aunque para el fiscal, eso solo era la punta del iceberg (sic), pues estaba seguro de que mis autohomicidios podían llegar a varias decenas, por lo cual se me podía catalogar perfectamente como autoasesino en serie de un número indeterminado de «sí mismos». El proceso fue largo y tuve que aguantar un montón de estupideces, pero al final pudieron probar que por lo menos era el responsable de la desaparición y posible homicidio de 19 yoes. Me condenaron a cadena perpetua y desde entonces estoy encerrado por matarme en numerosas ocasiones.
La cama de la celda es dura, no se parece en nada al colchón LoMonaco (¿o es Lo Monaco?) que tenía en mi casa y que todavía sigo pagando. La ventana, si se le puede llamar así, está situada a una altura de casi tres metros y es del tamaño de una caja de botas de montaña de la marca Chiruca. La poca luz que es capaz de entrar por ella acaba difuminándose antes de llegar a poder tocar mi cuerpo, por lo que siempre estoy frío. Ahora mismo, mientras escribo esto mis manos tiemblan como si padeciera Parkinson, pero lo que de verdad padezco es de mala suerte.
Yo nunca me he matado. ¿Cómo podría ser capaz de semejante abominación? Y menos en tantas ocasiones. Sí, de acuerdo, se han descubierto dos cuerpos míos (algunas fuentes en la actualidad contabilizan hasta cuatro o cinco) situados en las probables escenas de los crímenes, pero eso no implica que yo haya sido el homicida. Si le preguntáis a mi mamá, os dirá que soy un tipo buenazo y agradable. ¡Básicamente lo que se conoce como un humanista! Pero en el juicio, o mejor, en esa pantomima de proceso solo subieron al estrado a mi padre, esa fiera corrupia borracha y mentirosa que declaró que yo era un psicópata en ciernes y que si no me encerraban acabaría por matarme el doble o triple de veces.
Mi abogado nunca me trae buenas noticias. Ayer se acercó por aquí y me dijo que estaba luchando con todas sus fuerzas para que pueda salir de este tugurio dentro de 95 años. Cuando le obligué a que cambiara su estrategia de defensa y que se centrara en que en los tres años que llevo encerrado no me he matado a mí mismo en ninguna jodida ocasión -por lo que es imposible que yo sea el asesino de todos esos yoes- me contestó que aunque estaba seguro de mi culpabilidad, su trabajo era devolverme la libertad lo más pronto posible y que yo no era quién para decirle cómo debía hacer su desagradable trabajo.
Ahora es de noche. Dentro de unas pocas horas será de día. Luego volverá la noche, y el día, y la noche; y yo me haré un poco más viejo cada vez. Estoy pensando seriamente en suicidarme, pero sé lo que sucederá: «El asesino de los Gregorios se ha vuelto a matar, esta vez de una forma menos procesal e infinitamente menos carnicera». Y en lugar de terminar, todo volvería a empezar.
Por favor, solo necesito que alguien me ayude.
