Email del 16 de diciembre 2018

Peter Paul Rubens, Cimon and Pero (1630)

Sus pechos eran tan firmes como un Cara al sol y sus pezones tan grandes como rodajas de mortadela Bonfatti. Quizá por esa razón cada vez que me los metía en la boca los acompañaba con algunas rebanadas de sabroso pan de pueblo casero elaborado de forma casi tradicional en la thermomix con aceite de oliva virgen extra ecológico, algo que ella aborrecía profundamente y que fue decisivo para que se hiciera con un abogado francamente bien trajeado y solicitara el divorcio. Cuando nos reunimos por primera vez en el despacho de aquel tipo, yo sentí unos deseos irrefrenables de lanzarme sobre ella, arrancarle con una mano la blusa y el sujetador y metérmelos otra vez en la boca; pero sin pan y aceite me resultaban un poco insulsos, así que decidí comportarme como se esperaba en dichas circunstancias y firmé todos los papeles sin poner ninguna objeción. Nada más salir a la calle me metí en un Mercadona, adquirí ambos manjares y me fui de camino a mi club preferido. Allí las señoritas caminaban sin ropa y los señores que las protegían caminaban con pistolas, pero el ambiente era sublime y mágico. Pagué por siete de esas diosas sexuales, las tumbé sobre una cama de 300 x 200 y las embadurné con el extraordinario aceite de oliva picual de la marca Castillo de Canena (reserva familiar). Mientras trataba de cortar algunas rebanadas del maravilloso pan de centeno elaborado con harina sin gluten noté algo filoso y frío sobre mi cuello. Cuando bajé la vista pude ver un cuchillo de grandes proporciones a punto de tajarme la nuez de Adán y a una mano fuerte y repleta de pelos del tamaño de escarpias fabricadas en Brobdingnag. Se trataba de uno de los chulos de aquellas señoritas que me pedía un suplemento económico considerable por manchar aquellos perfectos y apetecibles cuerpos con esos potingues y esas mierdas asquerosas (sic). Cuando llegamos a un acuerdo más o menos aceptable para ambas partes explotó el planeta. Lo sé porque fui el último en morir carbonizado.

Palabra de Greg. Te alabamos, colega.