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| Paul Gauguin. The guitar player (1894) |
Amiga:
Aprovecho las horas libres para tocar la guitarra. En cierta manera es como volver a empezar, pues en los últimos años no les había hecho ni puto caso. Y hablo en plural porque tengo 35 (contando los ukeleles). Si para mí escribir siempre ha sido una sustitución del psicólogo, tocar un instrumento es como acostarse con él, con el psicólogo, por supuesto siempre que él sea ella, ya que estoy completamente convencido de que todavía no me siento preparado para experimentos o indagaciones sodomitas. Cuando paso los dedos por el diapasón es como si estuviera introduciéndolos en una especie de gran vagina cósmica, absoluta y universal cuya hipersexualidad (o llamémoslo como antaño, es decir, furor uterino) solo pudiera ser sofocada con el sonido de un acorde menor arpegiado. Lo ideal sería escribir al mismo tiempo que toco, pero dado que solo dispongo de dos brazos lo veo realmente difícil. Claro que podría rasgar la guitarra con las manos y escribir con los pies y, ya puestos, contratar a alguien para que se convirtiese en mi agente artístico y me exhibiera en circos, ferias ambulantes y espectáculos de fenómenos.
Necesito inventar el tiempo. Pero no el que ya existe y puede ser medido. Me refiero a una especie de duración infinita que pudiera ser aplicada sin necesidad de estar recluido en una habitación acolchada. Hace años inventé la morcilla de arroz sin arroz y fue un éxito. Podría volver a visitarme la musa, ¿no crees? De lo que estoy absolutamente seguro es de que no sé hacia dónde me lleva todo. Y con todo me refiero a mi «aquí y ahora», repleto de tos, mocos y escalofríos, o a eso que no sirve para nada y que algunos llaman futuro. El futuro es lo que sucederá a partir de dentro de una millonésima de segundo, pero una millonésima de segundo tiene una duración tan ínfima que antes de que termine de escribir o pronunciar «ainsss» ya se ha convertido en pasado. Y el pasado no sirve para nada porque no puede ser modificado. Pero, no me entiendas mal, el presente tampoco puede ser alterado. ¡O por lo menos no debería ser alterado! Conozco a un tipo que intentó transformar su «aquí y ahora» en un «aquí y luego» y le explotó un puente dental. Creo que deberíamos ser capaces de comprender que hemos sido biológicamente diseñados para no poder dejar de hacernos preguntas constantemente. El problema no reside en que hacerse preguntas sea o no disfuncional para poder seguir existiendo sin demasiados problemas cognitivos, sino la extraña razón que nos lleva a hacernos esas preguntas sabiendo que nunca seremos capaces de poder responderlas. Es todo un lío de cojones. Quiero decir, nacemos, crecemos, contraemos enfermedades venéreas y una multinacional llamada Durex se forra a nuestra costa. No entiendo nada, joder.
Mis guitarras no gimen dulcemente como las de George Harrison. Las mías lloran a moco tendido. Y lo hacen porque como materia inerte, conocen el proceso de la descomposición. Yo conozco muchas cosas, pero nunca he visto a nadie descomponerse. Tampoco es que arda en deseos de verlo, pero me gustaría escuchar el ruido que hace un planeta al desintegrarse.
Greg
