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| Piet Mondrian. Composition A (1923) |
TRES IDEAS PARA SER DESARROLLADAS EN CUATRO GUIONES CON LA INTENCIÓN DE SER FILMADAS EN CINCO CORTOMETRAJES.
1- (Narrador-protagonista en primera persona).
Hace apenas una hora, mientras caminaba ensimismado pensando en lo difícil que resulta pronunciar el gentilicio que se usa para identificar a los habitantes de la Alpujarra, me encontré con Alicia y un pequeñajo que iba agarrado -y al mismo tiempo colgando- de su mano, en la que destacaba claramente una alianza de oro -pegada con alguna especie de pegamento de amor eterno de mierda- sobre su dedo anular.
ALICIA: ¡Greg! ¡Greg! Hacía lo menos 10 años que no te veía. ¿Cómo estás, cariño? Acércate que te dé un beso, joder, que no te voy a pegar nada.
YO: Hola Alicia. ¿Cómo te va? ¿Quién es esa cosa, quiero decir ese crío…?
ALICIA: Es mi hijo, Gaby. Tiene dos añitos. Gaby, dile hola a Greg…
GABY: Holaaaa Gegg.
YO: ¿Para qué sirven los hijos?
ALICIA: ¡No has cambiado nada! ¡Te veo igual!
YO: Y pensar que tu hijo…
ALICIA: Tengo dos más. Un niño y una niña…
YO: Y pensar que tus hijos dentro de 15 o 20 años serán asesinos, violadores, putas o sacerdotes…
ALICIA: Bueno, Greg, me alegro de haberte…
YO: O con un poco de suerte solo desgraciados que intentan sobrevivir…
ALICIA: Hasta otra, chico. Cuídate mucho…
YO: Da igual que te vayas. Lo que tiene que ser, será. Está escrito en la rueda por la cual se deslizan los nueve círculos del tiempo. Jajajajajajaja. Yo soy el principioooo. Soy el principioooo.
Mientras intentaba regresar al punto de partida, que no era otro que mi casa, me metí en un horno y pedí un croissant.
DEPENDIENTA: ¿Un qué? ¿Te refieres a un cruasán, no?
YO: ¿Desde cuándo eres bizca?
DEPENDIENTA: ¿Cómo dices?
YO: ¿Cuántos años tenías cuando hiciste daño a alguien por primera vez?
DEPENDIENTA: Si no sales de mi horno llamaré a la Policía.
YO: Llámala. Yo soy el principio de todo. También puedo ser el final. Si me pones el croissant y dejas de opinar sobre mi forma de pronunciar una palabra francesa evitarás que invoque y te envíe al séptimo demonio de la perversidad.
DEPENDIENTA: Tú… tú estás completamente loco… ¡Socorrooooooo! ¡Socorrooooo!
YO: Nadie puede escucharte. Mira lo que voy a hacer. «Potemtum tuo mondi de Infernooooo, et non potest septen Imperooooor Rex maximus, dudponticius glorificamus et in modos copulum adoramuuuuus te. Septen omnipotens in nostri mondiiiiii».
DEPENDIENTA: ¡Socorrooooooooo! ¡Ayúdenmeeeeeeee!
YO: A partir de mañana, el demonio número siete, adalid de la perversión infinita y morador de todas las piadosas entrañas, te perseguirá hasta el último día de tu vida. Jajajajajajaja. Yo soy el principioooo. Soy el principioooo.
Cuando salí de ese horno…¡Pero qué digo! Solo era una jodida panificadora… En el mismo instante en que salía por la puerta llegaba un coche conducido por dos maderos de aspecto enfermizo. Uno de ellos me apuntó con el cañón de su arma mientras el otro me gritaba que me tumbara en el suelo con las manos a la vista.
YO: ¿Cómo osáis darme órdenes? Oh séptimo dios del sulfuro eterno, maldice a estos dos imbéciles.
POLICÍA 1: ¡Tírese sobre el suelo, señor! ¡No volveré a repetirlo!
YO: Malditos son los que intentan darme órdenes porque agonizarán sepultados por la pezuña de la cabra del infierno.
POLICÍA 2: ¡Hostia puta! Este tío está fatal. ¿Qué hacemos? Mira, le están saliendo cuernos. Tengo miedo, compañe…
YO: Jajajajajajaja. Yo soy el principioooo… Soy el principioooo…
Me los comí. Me tragué a ambos. También a la dependienta de la panificadora. Hubiera preferido un croissant. Cuando regresé a casa, las tinieblas rodeaban mi barrio y las ratas ocupaban cada centímetro de suelo transitable. Mientras me inclinaba para dar las gracias al séptimo resquebrajador inclemente, supe que todo era todo, aunque a veces no era todo. Y me puse un ejemplo: si los alpujarreños creen que son todo y que han visto todo, deberían intentar diferenciar ese todo del que hablaba antes del todo que no es todo. Ni siquiera algo o los restos de…
2- (Segunda persona).
Estuviste con él hasta el final. Sin embargo, también estuviste contigo. Porque estar sin ti, dentro de ti, es algo que no podrías soportar. Ahora ya sabes que sé. Sabes que sé lo que eres y lo que fuiste. Lo que siempre has querido ser y lo que no podrás, de ninguna manera, ser en el futuro. Y aunque sabes que podrás salir de esta, desconoces lo que se oculta al otro lado de la línea. Por favor, cierra el pico. Sé lo que vas a decirme. Vas a decirme que has atravesado tantas y tantas líneas desde que… ¿Desde que naciste? ¿Desde que supiste lo que eras? ¿Desde qué jodido desde? ¿Desde cuándo? ¿Hasta cuándo? ¿Por qué?
Estuviste contigo desde el principio. ¡Siempre estás contigo! Incluso cuando no estás en el mismo espacio y bajo la misma delimitación. Tus ojos están contigo. Tu boca está contigo. Tus arrugas… ¡Tus arrugas no están contigo porque te las eliminaron en el quirófano. Tus pechos no son los mismos porque te los rellenaron en el quirófano. No sé si en el mismo quirófano. Quizá en otro. No sabes cómo se rieron… ¡No sabes cómo se rieron todos cuando se enteraron de que volviste al quirófano a que te implantaran un nuevo clítoris! No sabes cómo me reí cuando todos los que se rieron de tu operación de clítoris me dijeron que también pensabas operarte el ombligo. ¿Has pensado en volver a pasar por cualquiera de los quirófanos anteriores para que te alisen el cerebro?
Estuviste con él hasta el final. Estuviste contigo desde el principio. ¿Dónde cojones estás ahora? La verdad es que es una pregunta retórica. Me importa poco dónde te encuentres… quiero decir que me importa una puta mierda sobre qué camilla de qué quirófano estés en estos instantes. ¿Quieres que te lo explique en siamés?
3- (Tercera persona equisciente).
Una calle céntrica de cualquier ciudad. La cámara se acerca a un gran edificio. De uno de los portales sale un hombre. Va vestido con corrección pero sin ir a la moda. Camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros y se introduce en otro portal. Fundido en negro. El hombre sale del portal, camina unos metros e intenta introducirse en otro portal, pero se da cuenta de que ya no quedan portales, pues el edificio ha terminado. De repente, ese tipo siente que de alguna forma ha sido engañado por la existencia. Se arrodilla sobre el suelo de cemento de la acera y gime como nunca nadie ha sido capaz de gemir desde que una vez, hace cientos de miles de años, un mono se irguió para intentar coger el sol.
-¡Maldito! ¡Maldito! ¡Oh, mi Dios! ¿Por qué me has abandonado? ¡Yo te maldigo! ¡Yo te maldigo!