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| Norman Rockwell. Police (1932) |
Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: El caso Facu San.
-Me encontraba dirigiendo las burbujas de aire hacia un lado…
-Ex-plí-que-se mejor, por fa-vor.
El churrero castañero y detective aficionado García Pérez empezaba a ponerse nervioso. Encontrar un cadáver en el suelo y a la esposa y compañera emocional declarando cosas incomprensibles no era la mejor forma de que todo siguiese como estaba previsto.
-Verá señor García Pérez… estaba en la bañera y me había tirado un pedito…
-¿Un pe-di-to?
-Sí, un aire, una ventosidad, una flatulencia, un cuesco…
-Sé exactamente lo que es un pedo, se-ño-ra. ¡Continúe!
-Pues me encontraba en la bañera y me tiré un pedito…
-Eso ya me lo ha di-cho antes…
-Y trataba de que las burbujas en forma de perturbaciones de carácter ondulatorio se apartaran de mi cuerpo haciendo movimientos acompasados con las manos. ¡Así! Cuando de repente llamaron a la puerta. Me puse una bata, bajé las escaleras y abrí la puerta. Al otro lado había un tipo uniformado que me dijo que era un operario altamente cualificado, que trabajaba en el ayuntamiento, en la sección de sanidad y que venía a comprobar la perfecta curvatura de los testículos de mi marido.
-¿La perfecta cur-va-tu-ra de los testículos de su ma-ri-do?
-Sí, así es. Como mi marido estaba en la cama durmiendo le hice sentarse en el sofá y subí las escaleras para despertarlo.
-¿Y qué su-ce-dió entonces?
-Pues cuando le expliqué que abajo esperaba un tipo del ayuntamiento para medirle los huevos… Perdón… los testículos Facu se quitó los calzoncillos y…
-¿Facu era el nombre de su ma-ri-do?
-Si Facundo Sánchez, pero para abreviar lo llamamos Facu San. Bueno pues cuando le dije que tenía que bajar para que le midiesen las pelotas, se quitó los calzoncillos… El siempre duerme con calzoncillos, ¿sabe? Bueno, en realidad son boxers…
-A-li-ge-re, señora. Há-ga-me el favor.
¿Que aligere qué?
-Que no se en-ma-ra-ñe contando los sucesos a-ca-e-ci-dos. Vaya al gra-no.
-Bueno, pues que me pareció que se ponía contento de que alguien quisiera medirle los testículos y bajó a toda prisa. Y tropezó en el peldaño 17, empezando a contar desde arriba y se cayó de cabeza.
-Entonces, explíqueme por qué razón su cuer-po está tirado sobre el suelo en el piso de a-rri-ba…
-Porque se levantó herido y subió otra vez. Pero no pudo llegar a la habitación y se desplomó aquí, donde se encuentra ahora…
-¿Y que fue del tipo del a-yun-ta-mien-to?
-Se asustó y dijo que volvería la próxima semana. Que tenía prisa y muchos testículos que calibrar y se largó corriendo. Yo soy una persona que desde siempre ha abogado por un concepto moderno de la libertad individual y dejé que se largara…
-¡Com-pren-do!
-Señor churrero García. Puede parecer extraño lo que le he relatado pero le juro por esa colección de pedazos solapados llamado Universo que eso es absolutamente lo que sucedió.
-Señora de Facundo Sánchez. Llevo 34 años de de-tec-ti-ve aficionado y he resuelto más de 700 casos. Durante todos esos años nun-ca he a-sis-ti-do a una re-ta-hí-la de embustes del calibre de los que usted me ha con-ta-do. ¡Debería hacerse gui-o-nis-ta! Le expondré lo que en rea-li-dad sucedió. Usted se encontraba re-to-zan-do con su amante en el dor-mi-to-rio cuando llegó su marido. Ob-via-men-te usted no esperaba que apareciese tan pronto, así que bajó casi des-nu-da a recibirle… o mejor, a ca-me-lar-lo para dar tiempo a su amante para que se vistiera y se es-con-die-ra en alguna parte. Pero su marido la conocía muy bien y la apartó de un ma-no ta-zo. Eso no le gustó y usted lo golpeó en la cabeza re-pe-ti-das veces con el teléfono fijo. Luego llamó a su con-cu-bi-no e intentaron subir el cuerpo al piso de arriba, pero antes de llevarlo a la ha-bi-ta-ci-ón, a su amante que sufría de la prós-ta-ta le urgió ir al lavabo, así que dejaron el cadáver donde se en-cuen-tra en estos mo-men-tos.
-Señor naranjero… eso es una tontería. ¿Por qué no lo llevamos al dormitorio cuando mi supuesto amante salió de mear?
-Señora, no soy naranjero, sino churrero y castañero. El chu-rre-ro y cas-ta-ñe-ro y detective aficionado García Pérez. No lo llevaron al dor-mi-to-rio porque su amante orinó sangre y se fue co-rrien-do en paños menores al hos-pi-tal. Y usted no podía levantar so-la los 130 kilos de Facundo Sánchez.
-Señor García Pérez. ¿Le han hecho alguna vez una mamada extraordinaria? Yo soy especialista. Si cuando venga la oli…
-¡La oli?
-Perdón, estoy nerviosa, quería decir la poli. Si cuando venga la poli, que no debe tardar ya nada, usted les comunica los hechos como yo se los he relatado, le juro que le haré una mamada espectacular cada martes y jueves de cada semana, de cada mes, de cada año, hasta que se jubile. ¡Piénselo!
-Señora de Fa-cun-do Sánchez, queda usted de-te-ni-da por el asenato de…
-¿Asenato?
-¡Yo tam-bién estoy nervoso. ¡Nervioso! No me habían o-fre-ci-do nunca un ser-vi-cio tan hú-me-do como el que usted acaba de pro-po-ner-me. ¡Queda usted detenida a-cu-sa-da del asesinato de Facundo Sánchez. ¡Escuche! ¡Oye la si-re-na? Es el ins-pec-tor Acebedes… ¡Pon-ga-se algo más de ropa, por fa-vor!