abril 2019

Email del 29 de abril 2019

Max Ernst. La grande roue orthochromatique qui fait l’amour sur mesure (1919)

Hola:

Tengo 57 años (lo sé, una auténtica burrada) pero todavía estoy bueno. ¿Todavía estoy bueno? Si crees que no estoy bueno, mejor cierra el pico y no me lo restriegues, pero si por el contrario crees que sí estoy bueno, todavía, házmelo saber por medio de tu vecina, que realmente está buena, todavía, y juntos (tu vecina y yo) intentaremos llegar a una postura que facilite mi eyaculación. O mi electroeyaculación. ¿Electroeyaculación? Me importa poco que ella (tu vecina) se quede con las ganas (de eyacular o de electroeyacular) pues ya hace mucho tiempo que solo pienso en mí. ¿Crees que si pensara en todos habría (o hubiera) llegado a los 57 estando todavía tan bueno?

Pero cambiando de tema: si todavía estoy bueno, ¿por qué las mujeres prefieren mirar a otra parte cuando me contoneo de una manera (terriblemente concupiscente) delante de ellas? ¡Quizá me contoneo erróneamente! ¿Me contoneo erróneamente? Si crees que me contoneo erróneamente, mejor cierra el pico y no me lo restriegues, pero si por el contrario crees que me contoneo de una forma empíricamente electrocutaria (¿electrocutaria?), házmelo saber aporreando el cráneo indígena que te regalé para celebrar que al fin había podido descifrar los misterios ocultos de la existencia. Me importa poco o nada que la existencia se haya quedado sin misterios, pues ya hace mucho que solo creo en los decesos. ¿Crees que si creyera que la existencia es la maravilla que tratan de vendernos habría (o hubiera) llegado a los 57 contoneándome de la manera (terriblemente concupiscente) con la que me contoneo?

¡La lluvia en Sevilla sí es una maravilla! Y quizá también en Huelva. Pero… además de contonearme de una manera terriblemente concupiscente, soy capaz de contoRnearme a mí mismo de una manera terriblemente electroluminiscente. ¿Electroluminiscente? Me encanta circunvalarme. Y circunscribirme. Sin embargo odio que alguien no capacitado intelectualmente intente bordearme o zigzaguearme. Y masturbarme o aristocratizarme. O masturbarme mientras me aristocratizan. O bordearme mientras me masturban. O zigzaguearme mientras me bordean o mientras me demuestran exageradamente la vehemencia de un sentimiento. El vocablo «sentimiento» rima con «pimiento»… Bueno, eso es algo que todo el mundo sabe…

Electrogreg (¿Electrogreg?)

Email del 29 de abril 2019 Leer más »

Email del 27 de abril 2019

Nath Chipilova. Pants, compo (2012)

Amiga:

Aunque, por supuesto tengo lavadora, me gusta lavar los calzoncillos a mano. Si algún día vuelvo a enamorarme quiero que mi pareja lave también sus bragas a mano. Incluso podríamos intercambiar las prendas. Bueno me refiero a que ella podría lavar a mano mis calzoncillos y yo sus bragas. O yo podría lavar a mano mis calzoncillos y sus bragas los días pares y ella hacer lo mismo los días impares.

Bueno, no te molesto más. Solo quería compartir contigo los pensamientos que rondan por mi cabeza en estos días.

Greg

Email del 27 de abril 2019 Leer más »

Email del 26 de abril 2019

James Ensor. The drunkards (1883)

Querida:

Soy un tipo apático, hipocondríaco y excéntrico que cada día tiene que lidiar con un grave desorden mental -ocasionado por la obligación de interactuar con imbéciles- y algunas enfermedades indefinibles. Sin embargo todavía puedo determinar cuándo es necesario dibujar una sonrisa tan falsa como un Elmyr de Hory para obtener una pequeña serie de ventajas. Hasta hace relativamente poco, esas ventajas se resumían en mujeres y orgasmos. A día de hoy los orgasmos los compro en un bazar chino de todo a 1 euro, por lo que solo me tengo que preocupar por ser molestado emocional y físicamente lo menos posible. Pero hasta ahora no he sido capaz de conseguirlo. Tengo tres cadáveres en la habitación de al lado que lo demuestran. Uno era un vendedor a domicilio y los otros dos testigos de Jehová. Aunque los mantengo permanentemente con hielo, sus cuerpos empiezan a descomponerse y las moscas se pelean por aterrizar en los mejores y más podridos espacios. Supongo que cualquier día tendré que hacerme el ánimo y vender el piso con los tres marrones incluidos. Para entonces supongo que ese conjunto de insectos, parásitos y bichitos denominados «fauna cadavérica» habrán convertido a esas tres exmolestias en poco más que un montón de remanentes putrefactos.

Pero hablando de putrefacciones, desde hace unos meses la parte de detrás de mis orejas huele a jamón serrano rancio. Y me las lavo tres o cuatro veces cada día. Ayer entré en la perfumería de un gran centro comercial y pedí un desodorante orejil-auricular pero la chica que atendía el establecimiento llamó a los vigilantes jurados y estos me llevaron a un solar y me dieron dos palizas. Una por vigilante. Luego, mientras me ayudaban a levantarme del suelo apareció otro vigilante jurado y me pegó otra paliza. Cuando los tres se alejaban se presentó la dependienta y me pegó una patada en los huevos. Al ver mi cara de dolor, los tres vigilantes se sintieron reforzados y me volvieron a pegar tres palizas. Obviamente, al contemplar la cara de satisfacción de los vigilantes, la dependienta volvió a pegarme otra patada en los huevos, pero le salió un poco floja y la repitió en cuatro ocasiones más hasta que determinó que ya se sentía realizada. Cuando se alejaban los tres vigilantes y la dependienta comentando las mejores patadas, llegó otro vigilante y les convenció para que le dejaran golpearme 20 o 30 veces en la cabeza con cada puño, pues era ambidiestro, a lo que los cuatro aprendices de psicópatas accedieron de buena gana. Nada más terminar con mi cabeza, el tipo se rascó el culo, se unió a sus camaradas y todos se alejaron emitiendo grandes risotadas.

A veces siento que todo es una broma (me refiero a la existencia). En otras ocasiones siento que la Coca-cola zero está desventada. Cuando esto último sucede llevo la botella al establecimiento donde la adquirí y me devuelven el dinero. Pero con la existencia no es tan sencillo. Primero porque desconozco quién es el fabricante y en qué tiendas se expende; y segundo porque aunque conociera en qué comercios se despacha, estoy seguro de que no me devolverían ni un jodido céntimo. Por esa razón intento no vivir demasiado y cambiar la Coca-cola Zero por orujo, absenta o mistela. El resto… bueno, ya lo conoces.

Greg

Email del 26 de abril 2019 Leer más »

Email del 25 de abril 2019

John Singer Sargent. Man screaming (also known as study for hell) (1895)

Hola:

He escrito un ensayo de 257 páginas, divididas en tres capítulos, al que he titulado Limpieza y mantenimiento de la tostadora antropomórfica, y que se inicia de la misma manera que hubiese comenzado un cuento de Gloria Fuertes después de que esta hubiese consumido aproximadamente 367 microgramos de dietilamida de ácido lisérgico mezclado con varios centilitros de disolvente iónico, cuyo catión orgánico se hubiera largado de vacaciones a Mu, el continente perdido:

«Me llaman Gregorilo, porque tengo cara de cocodrilo…»

Luego la prosa va tornándose lentamente en hastío y degradación hasta llegar a algo semejante a una especie de lamento existencial repleto de desesperanza y angustia a partes iguales, para terminar de una manera extraordinariamente vaga y poco analítica:

«Quiero volver a ser como después»

Entre ese principio y ese final, hay un número indeterminado de caracteres desligados e independientes que profundizan sin recato entre las miserias que me invaden habitualmente. Algunas de esas miserias se presentan desnudas, otras en camisón y el resto con sus chulos respectivos.

Greg

Email del 25 de abril 2019 Leer más »

Email del 24 de abril 2019

Gustave Dore. Foreign nations are slain by lions in Samaria (XIX cent.)

Querida amiga:

Esta mañana he estado meditando sobre mí. Luego he pensado en mí como piltrafa estelar. Más tarde he llegado a la conclusión de que es un buen nombre para denominar a la raza humana. Piensa por ti misma: nuestra galaxia -que tiene un diámetro de 105.700 años luz- es una más entre cientos de miles de millones de galaxias, y en cada galaxia existen cientos de miles de millones de estrellas. Ahora compara el diámetro de la Vía Láctea con la de la galaxia IC 1101, por ponerte un ejemplo, cercano a los 6 millones de años luz. ¿Te entran flatos, verdad? No te preocupes, a mí me sucede lo mismo. Ahora piensa en los líderes de lo que se ha venido a denominar «las tres derechas». ¿Qué es lo que sientes? Algo no funciona de una manera correcta, ¿no es así? Cada vez que ves la caras de esos tipos en la tele te entran ganas, no solo de huir de este país, sino del planeta y de la galaxia. Pero en realidad son ellos y los sujetos como ellos los que deberían largarse. Nosotros deberíamos expulsarlos. Pero no lo hacemos.

Intenta imaginar que a cada uno de esos «trasnochados totalitarios» les entra de repente un tremendo ataque de colitis ulcerosa. Ya puestos, mejor piensa que esa enfermedad se les hace crónica. ¡Y que ninguno puede asistir a mítines o eventos fachosos sin pañales! Y que el águila de su trasnochada bandera contrae al mismo tiempo diferentes virus de la familia Paramixovirus o Avulavirus, o bacterias tales como Escherichia coli o Chlamydophila psittaci, u hongos como el Aspergillus fumigatus o protozoos tales como Trichomonas gallinae

De repente me han entrado ganas de dejar de escribir sobre la materia fecal en descomposición. A partir de ahora y hasta que finalice el párrafo voy a tratar de bailar una sardana. ¡No! Mejor un chotis, pues no quiero que me llamen rompedor de España. Es curioso, algunos tratan de no romper el país, cuando en realidad está roto desde hace 500 años. Yo, yo creo que todo se ajusta a dos equivocadas creencias: un país y una bandera. Yo pertenezco al planeta. Nací en España pero podía haber nacido en Tanzania. Y si hubiese nacido en Tanzania supongo que seguiría pensando que soy un hijo del mundo. Las fronteras fueron dibujadas a base de sangre, fuego y njiwas (almorranas en suajili). No me interesa. Y ahora, a por el chotis. ¡O la danza de Guadasuar!

Greg

Email del 24 de abril 2019 Leer más »

Email del 23 de abril 2019

Hergé. Bianca Castafiore (Tintín y los pícaros) (1976)

Hola:

Algunos de mis amigos -me refiero a los que me conocen menos tiempo- no creen que en realidad me importe (casi) todo una mierda y están convencidos de que todo es una especie de discurso de tipo duro mitomaniático que en realidad padece una profunda miseria afectiva. Hasta hace relativamente poco, nunca me cansaba de explicarles despacito, como si fueran (algunos lo son) retrasados mentales, que no era una postura, sino la manera en que yo veía todo. En cuanto pronunciaba la palabreja «todo«, siempre había alguno que terminaba preguntándome qué era para mí «todo«. Entonces yo les respondía volviéndome invisible (recuerda, soy el poseedor de la capa de la invisibilidad de Doraemon) y les echaba una maldición gregoriana-lopeziana-pereziana.

Pero en estos instantes de mi vida, ni siquiera pierdo el tiempo (precioso, por cierto) en tratar de explicar cómo lo veo todo, porque, francamente, cada vez me cuesta más encontrar las gafas. He llegado a la conclusión de que todo lo que yo creía que era una mierda no es una mierda, sino un conjunto de pequeñas y medianas mierdas que tienden a permanecer en un aparente, y en ocasiones, imperfecto estado de unión. ¿Qué es lo que salvaría de pertenecer a ese acervo o cúmulo de miserabilidad entrópica? Pues seguramente la música, el cine, el arte en general y los tejeringos malacitanos. Puede que incluso librara de la quema a los faworkis, tulumbas y youtiaos, aunque me lo tendría que pensar. El resto, es decir tú y todo lo que se parezca a… bueno… ¿recuerdas la canción del ruiseñor de Milán? «¡Ah!, me río de verme tan bell(o) en este espejooooo».

Y poco o nada me importa que después de leer este texto pienses que estoy más loco de lo que realmente creías. Ni siquiera voy a tratar de reunir las fuerzas necesarias para darte (o daros) un consejo. Yo soy yo. Siempre fui yo. Excepto cuando no fui yo. Pero incluso cuando no fui yo, quise ser yo. ¿Comprendes lo que trato de explicarte? Si no lo comprendes me importa poco, pero si de verdad estás en condición de entender lo que se esconde dentro de mi cerebro, entonces, en lugar de ir a visitarte y atizarte repetidas veces con una llave grifa (que es lo que tenía pensado), puede que te permita graciosamente observar el milagro de mi renacimiento con forma de chimpancé amenazador.

No encuentra las pastillas…

Greg

Email del 23 de abril 2019 Leer más »

Email del 22 de abril 2019

Louay Kayyali. The socks seller (1973)

Querida:

He descubierto que si me quito un calcetín me constipo. Sin embargo si me quito los dos no me constipo, pero me entra un fuerte dolor abdominal. También he descubierto que si en lugar de llevar un calcetín en cada pie llevo dos calcetines, las tostadas del desayuno me quedan más esponjosas. Y si llevo dos calcetines en el pie izquierdo y uno solo en el derecho, la mujer de un querido amigo que le pone los cuernos deja de ponerle los cuernos y le pone (y ajusta) el sombrero Borsalino cada mañana para que salga guapo y con aspecto respetable a la calle. Pero cuando en lugar de ponerme calcetines me pongo peúcos mis acciones bajan dos enteros. Por ese motivo la mayor parte de las noches de los meses más fríos suelo perder muchísimo dinero. Aunque el mayor descubrimiento del mes ha sido entender por qué mi culete es un gamberrete. No, no me pidas que te explique la razón por la cual mi culete es un gamberrete porque no estoy en condiciones de otorgar un sentido preciso a tal afirmación. Digamos que mi culete es un gamberrete y punto final. Pronto te enviaré una relación con mis nuevos descubrimientos. Hasta entonces te respetaré hasta lo indecible, pero ten en cuenta que una vez hayas leído la extraña lista, mi admiración por ti habrá tocado suelo.

Greg

Email del 22 de abril 2019 Leer más »

Email del 20 de abril 2019

Edvard Munch. Desesperacion (1892)

Hola:

El paso del tiempo ha desarrollado sobre mi cuerpo una bonita pátina que es la envidia del resto de vejestorios de mi barrio. Algunos de ellos, de diferentes sexos o de sexos destacadamente acartonados, incluso me proponen matrimonio al mismo tiempo que intentan que no se les salgan por la boca las caderas. Yo siempre les contesto que solo funciono viviendo en soledad, pero algunos de ellos me enseñan los ceros de sus cuentas corrientes mientras se pasan lo que alguna vez fue una lengua por lo que alguna vez fueron unos labios al mismo tiempo que yo declino sus ofertas intentando por todos los medios no herir sus sentimientos.

Querida, no podemos negarlo ni siquiera por un minuto más: somos viejos y atraemos como imanes a los adjetivos de los que siempre huimos. Hace unos pocos años yo todavía era capaz de eyacular 17 veces sin sacarla (no te digo de dónde) y hoy en día ni siquiera soy capaz de eyacular sobre un tarrito de esos que se utilizan para enviar el contenido a analizar al laboratorio. Te juro que si no fuese un adicto a respirar dejaría ahora mismo de hacerlo. Y si no fuera un jodido nosecomefóbico latrofóbico de mierda, me introduciría sin que nadie me viese en uno de esos contenedores gigantes de plástico -semejantes a fiambreras fabricadas en Brobdingnag- repletos de formol que sirven para que los estudiantes de medicina aprendan sobre los misterios insondables de la anatomía humana.

Hace un rato he estado ojeando las fotos de cuando era joven y guapo y he reparado en que era joven y guapo. Podría haber reparado los zapatos que más me pongo ya que están rotos, pero preferí revalorizar mi belleza pasada. Estoy completamente convencido de que deberíamos nacer ancianos e ir rejuveneciendo con el paso del tiempo hasta llegar a volver a ser una célula. O mejor, permanecer en el estado de célula durante siete, ocho o nueve décadas y palmarla siendo todavía célula. Una célula no miente. Ni siquiera se hace fotos en bañador y las sube a Instagram. Una célula no asesina, más que nada porque carece de brazos con los que sujetar un arma. Una célula no utiliza el chantaje emocional para conseguir un deseo ni desea más de lo que es suficiente, aunque en realidad no pueda percibir o diferenciar las suficiencias de las insuficiencias. Nunca oirás a una célula gritar «gooooooooool en el Mestallaaaaa» o «te voyyyyyy a follaaaaaaar como nuncaaaa nadieeee te ha folladoooo». ¡Mierda, quiero ser una célula! ¡O por lo menos una cédula! O una cánula o parte de una médula. ¡O un pimiento! Pero no quiero volver a ser algo parecido a lo que soy. Ni siquiera a lo que fui. Aunque fuese capaz de capaz de eyacular 17 veces sin sacarla.

G

Email del 20 de abril 2019 Leer más »

Email del 19 de abril 2019

Gustav Klimt. Old man on the deathbed (1899)

Amiga:

Hace unos minutos me he mirado al espejo y por un instante mi rostro me ha recordado al de Schlitze Surtees cuando estaba vivo. He intentado sacar la lengua para ver si su color era blanquecino, signo inconfundible que denota empacho, pero a mitad del movimiento he pensado que ya estoy bastante harto de mí mismo como para sacarme ese órgano muscular -que en ocasiones significa burla, cuchufleta o insulto- y la he vuelto a enrollar como si se tratase de un matasuegras. Ahora estoy sentado frente al portátil meditando sobre los pingüinos. Y sobre su chapliniano andar que por alguna extraña razón me recuerda al mío. Porque cada día que pasa me cuesta más entregar las órdenes cerebrales a los diferentes «departamentos» de mi organismo. Si esto sigue así, estoy seguro de que en un par de años me desplazaré como las babosas cuando buscan vegetación en descomposición, con la única diferencia que esa probable descomposición se encontrará en mi propio cuerpo. Un cuerpo que en otros tiempos fue ampliamente deseado por mujeres y hombres de distinta condición y albañiles de ambos sexos, y que en estos mismos instantes implora algo parecido a un céfiro eutanásico espontáneo.

Creo que cuando termine de escribir este texto volveré a meterme en la cama. Y si no tengo fuerzas suficientes para desplazarme caminando los 23 pasos que hay desde el comedor -que es el lugar donde me encuentro- al dormitorio, contrataré por teléfono a alguien que lo haga. Y ya que contrato a alguien, le obligaré a que lo haga cantando como si fuera un falso esclavo negro actuando en un minstrel. ¡Joder, creo que empiezo a desvariar! Dicen los estudiosos de los desvaríos (¿los desvariólogos?) que después de uno, todo lo que nos parecía parcialmente concreto se transforma en nebulosidad indeterminada. Y que esa misma indeterminación se introduce por las fosas asépticas de las narices y comienza el proceso de pudrición.

En 1989, un asesino en serie llamado Alberto Luque se descontó. Mientas trataba de recordar el número exacto de víctimas observó que a su derecha aparecía una especie de fuego verde. Como no fumaba intento apagarlo de un escupitajo, pero de repente el fuego verde se transformó en una figura masculina alta, con las piernas bien torneadas y con una cara perfecta y angelical. En lugar de preguntar a la aparición quién era y qué quería, saco de debajo de su camisa un cuchillo y la apuñaló 324 veces. La figura, que solo unos pocos segundos antes había sido una llama verde, se desplomó sobre el suelo y falleció. Cuando Alberto intentó desmembrar su cuerpo, descubrió que la cara le era familiar. De hecho esa cara era la del propio Alberto cuando era más joven. Entonces sintió miedo. El miedo se transformó en ira. La ira en flatos molestos y los flatos en diarrea. Mientras trataba de aguantarse las ganas de defecar imploró a todos los habitantes del cielo por un comprimido de Fortasec. Pero era domingo y las farmacias estaban cerradas.

Sí, ya sé que la parábola anterior tiene poco o nada que ver con el asunto que trato en el texto. ¿Pero acaso la existencia tiene algún sentido? Porque si es así, a mí me gustaría conocerlo. De momento sé que existir implica cambiar de talla de ropa interior cada cierto tiempo pero, ¿es suficiente recompensa ir de compras a la mercería cada tres o cuatros meses a cambio de aguantar tantísima mierda? No sé qué decir. La verdad es que sí sé qué decir pero me lo callo. No quiero desequilibrar el frágil equilibrio mental de mis posibles lectores. En realidad me importa una mierda el equilibrio mental de mis posibles lectores, pero no quiero que se me tache de ser abyecto y asocial. Aunque lo soy. Sin embargo resulta tan gratificante creer que no lo soy…

Greg

Email del 19 de abril 2019 Leer más »

Email del 18 de abril 2019

Norman Rockwell. Police (1932)

Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: El caso Facu San.

-Me encontraba dirigiendo las burbujas de aire hacia un lado…
-Ex-plí-que-se mejor, por fa-vor.
El churrero castañero y detective aficionado García Pérez empezaba a ponerse nervioso. Encontrar un cadáver en el suelo y a la esposa y compañera emocional declarando cosas incomprensibles no era la mejor forma de que todo siguiese como estaba previsto.
-Verá señor García Pérez… estaba en la bañera y me había tirado un pedito…
-¿Un pe-di-to?
-Sí, un aire, una ventosidad, una flatulencia, un cuesco…
-Sé exactamente lo que es un pedo, se-ño-ra. ¡Continúe!
-Pues me encontraba en la bañera y me tiré un pedito…
-Eso ya me lo ha di-cho antes…
-Y trataba de que las burbujas en forma de perturbaciones de carácter ondulatorio se apartaran de mi cuerpo haciendo movimientos acompasados con las manos. ¡Así! Cuando de repente llamaron a la puerta. Me puse una bata, bajé las escaleras y abrí la puerta. Al otro lado había un tipo uniformado que me dijo que era un operario altamente cualificado, que trabajaba en el ayuntamiento, en la sección de sanidad y que venía a comprobar la perfecta curvatura de los testículos de mi marido.
-¿La perfecta cur-va-tu-ra de los testículos de su ma-ri-do?
-Sí, así es. Como mi marido estaba en la cama durmiendo le hice sentarse en el sofá y subí las escaleras para despertarlo.
-¿Y qué su-ce-dió entonces?
-Pues cuando le expliqué que abajo esperaba un tipo del ayuntamiento para medirle los huevos… Perdón… los testículos Facu se quitó los calzoncillos y…
-¿Facu era el nombre de su ma-ri-do?
-Si Facundo Sánchez, pero para abreviar lo llamamos Facu San. Bueno pues cuando le dije que tenía que bajar para que le midiesen las pelotas, se quitó los calzoncillos… El siempre duerme con calzoncillos, ¿sabe? Bueno, en realidad son boxers…
-A-li-ge-re, señora. Há-ga-me el favor.
¿Que aligere qué?
-Que no se en-ma-ra-ñe contando los sucesos a-ca-e-ci-dos. Vaya al gra-no.
-Bueno, pues que me pareció que se ponía contento de que alguien quisiera medirle los testículos y bajó a toda prisa. Y tropezó en el peldaño 17, empezando a contar desde arriba y se cayó de cabeza.
-Entonces, explíqueme por qué razón su cuer-po está tirado sobre el suelo en el piso de a-rri-ba…
-Porque se levantó herido y subió otra vez. Pero no pudo llegar a la habitación y se desplomó aquí, donde se encuentra ahora…
-¿Y que fue del tipo del a-yun-ta-mien-to?
-Se asustó y dijo que volvería la próxima semana. Que tenía prisa y muchos testículos que calibrar y se largó corriendo. Yo soy una persona que desde siempre ha abogado por un concepto moderno de la libertad individual y dejé que se largara…
-¡Com-pren-do!
-Señor churrero García. Puede parecer extraño lo que le he relatado pero le juro por esa colección de pedazos solapados llamado Universo que eso es absolutamente lo que sucedió.
-Señora de Facundo Sánchez. Llevo 34 años de de-tec-ti-ve aficionado y he resuelto más de 700 casos. Durante todos esos años nun-ca he a-sis-ti-do a una re-ta-hí-la de embustes del calibre de los que usted me ha con-ta-do. ¡Debería hacerse gui-o-nis-ta! Le expondré lo que en rea-li-dad sucedió. Usted se encontraba re-to-zan-do con su amante en el dor-mi-to-rio cuando llegó su marido. Ob-via-men-te usted no esperaba que apareciese tan pronto, así que bajó casi des-nu-da a recibirle… o mejor, a ca-me-lar-lo para dar tiempo a su amante para que se vistiera y se es-con-die-ra en alguna parte. Pero su marido la conocía muy bien y la apartó de un ma-no ta-zo. Eso no le gustó y usted lo golpeó en la cabeza re-pe-ti-das veces con el teléfono fijo. Luego llamó a su con-cu-bi-no e intentaron subir el cuerpo al piso de arriba, pero antes de llevarlo a la ha-bi-ta-ci-ón, a su amante que sufría de la prós-ta-ta le urgió ir al lavabo, así que dejaron el cadáver donde se en-cuen-tra en estos mo-men-tos.
-Señor naranjero… eso es una tontería. ¿Por qué no lo llevamos al dormitorio cuando mi supuesto amante salió de mear?
-Señora, no soy naranjero, sino churrero y castañero. El chu-rre-ro y cas-ta-ñe-ro y detective aficionado García Pérez. No lo llevaron al dor-mi-to-rio porque su amante orinó sangre y se fue co-rrien-do en paños menores al hos-pi-tal. Y usted no podía levantar so-la los 130 kilos de Facundo Sánchez.
-Señor García Pérez. ¿Le han hecho alguna vez una mamada extraordinaria? Yo soy especialista. Si cuando venga la oli…
-¡La oli?
-Perdón, estoy nerviosa, quería decir la poli. Si cuando venga la poli, que no debe tardar ya nada, usted les comunica los hechos como yo se los he relatado, le juro que le haré una mamada espectacular cada martes y jueves de cada semana, de cada mes, de cada año, hasta que se jubile. ¡Piénselo!
-Señora de Fa-cun-do Sánchez, queda usted de-te-ni-da por el asenato de…
-¿Asenato?
-¡Yo tam-bién estoy nervoso. ¡Nervioso! No me habían o-fre-ci-do nunca un ser-vi-cio tan hú-me-do como el que usted acaba de pro-po-ner-me. ¡Queda usted detenida a-cu-sa-da del asesinato de Facundo Sánchez. ¡Escuche! ¡Oye la si-re-na? Es el ins-pec-tor Acebedes… ¡Pon-ga-se algo más de ropa, por fa-vor!

Email del 18 de abril 2019 Leer más »