mayo 2019

Email del 31 de mayo 2019

Paul Gauguin. Kneeling cow (1888)


Querida:

El exceso de infelicidad se ha transformado en algo parecido a una gran piedra de tonalidad negruzca. Al principio he estado tentado de hacerla añicos con un martillo de uña, pero luego he decidido exponerla en la vitrina (modelo Joséphine) de madera de paulonia blanca que adquirí en Ikea el invierno pasado y mostrársela a mis amigos y a los cobradores del frac cuando me visiten. Sé que voy de cabeza al abismo donde mora la gran jodida mierda que actúa directa y colateralmente sobre los acontecimientos. Y aunque en realidad no me importa demasiado, pues llevo 57 años preparándome a conciencia, me contrariaría saber que al final nadie se dignará a recoger mis guiñapos sanguinolentos para rendirles el culto especial que yo creo se merecen. Porque resistir es un triunfo. Pero aguantar a cierto número de personas y sus malditas y vacías conversaciones es algo parecido al martirio. Y a los mártires se les reverencia. ¡Cuánto me gustaría que alguien me diera la razón! Hasta ahora solo me la dan las putas y sus chulos, quizá porque les pago sin hacer demasiadas preguntas. ¿Es que no me merezco que alguien me quiera? Bueno las vacas y sus terneritos me quieren, por lo menos me siguen en el campo, pero no es lo mismo. En realidad nada es lo mismo, ni siquiera la maldita rizartrosis que me impide insultar con los dedos de las manos.

¡Recuerdo una jornada campestre! Y recuerdo que, cansado de ser perseguido por un par de vacas y sus terneritos, me dirigí hacia una parte bastante escarpada donde el terreno era tan pedregoso como la materia gris de alguna de mis exnovias. Allí, entre dos grandes riscos del tamaño de sendos portaaviones, descubrí otros pequeños peñascos con las dimensiones de barcos pesqueros (sobre todo de los que se dedican a la pesca de la caballa o los arenques) y entre ellos una piedrecita que se asemejaba a una figurita tallada en madera a escala 1:86 de uno de esos barquitos que casi siempre terminan dentro de las botellas para ser admirados. Por supuesto mi primer pensamiento fue hacerme contramaestre, pero sin embargo terminé orinando sobre todas las piedras, tanto las grandes como las más pequeñas. Y me quedé tan satisfecho que incluso pensé en copular con cada una de ellas. Y si no lo hice fue porque de repente aparecieron las dos vacas y sus terneritos y tuve que volver a ponerme en marcha.

A veces creo que solo existo yo… quiero decir… ¡ya sabes! Bueno, si no lo sabes deberías saberlo. Sin embargo está demostrado científicamente que existen más personas aparte de mí. Para ser exactos, 7500 millones. Y casi 1300 millones de vacas y terneritos. De esos 7500 millones de tipos y tipas, casi la mitad no saben hacer fuego con dos palitos, aunque en realidad no les importa en absoluto porque siempre llevan uno o más mecheros en los bolsillos de los pantalones y las faldas. Y cuando van desnudos, los llevan colgando de una especie de bolsita en el cuello. Por supuesto me refiero a cuando van desnudos por una playa nudista homologada. Dónde se cuelguen los mecheros cuando están desnudos en sus casas es cosa de cada uno. Hace mucho tiempo conocí a un sujeto que se guardaba el bolígrafo para firmar cheques sin fondo en la nariz. Pero, pero creo que me estoy alejando del tema principal del parágrafo. Si creo que solo existo yo, y en realidad no hay un jodido metro cuadrado donde no se esconda, resida o utilice de atalaya una persona, ¿por qué tengo esa sensación tan chuchi-pirulimente apabullante?

Ayer, por primera vez, intenté chuparme el pene. ¡Miento! En realidad lo he intentado en numerosas ocasiones. Si alguna vez lo consigo me ahorraré un pastón en putaines. Bueno, supongo que no es un pensamiento demasiado intelectual, pero no estoy para disquisiciones filosóficas en estos instantes de mi existencia. Lo único que quiero es que todo lo que existe en mi cabeza exista en las cabezas del resto de individuos. Y que todo lo que existe en las cabezas del resto de individuos no vuelva a existir jamás. Y también que cada molécula del semen que he desperdiciado en todos estos años se convierta en un billete de 500 euros. Y que cada molécula de semen que el resto de individuos ha desperdiciado durante sus vidas se convierta en «naturalmente». Sé que es una incongruencia, pero quiero que el semen de todos los individuos se convierta en «naturalmente», o por lo menos en «excesivamente frondosas». Y si no es posible tal evolución-innovación, por lo menos que cada uno de los supermercados de Carrefour explote. Y que por lo menos un muslito de pollo aterrice cerca de mi microondas y una televisión de plasma encima de la mesa baja de mi salita.

Nosotras, quiero decir, yo, hombre heterosexual pero con peluca rubia tirabuzonada… ¡Dios mío! Necesito ayuda psicológica. ¡Es que no me va a ayudar nadie? Yo intentaría ayudaros, pero si antes no me ayudáis vosotros prefiero seguir como estoy. Y estoy con los dos dedos más juguetones de mi mano derecha dentro de una vagina de látex comprada en Amazon. Intento que se corra, pero todavía no lo he conseguido. Según las instrucciones de uso, debajo de dicha chirla hay un compartimento donde se puede introducir leche Pascual o incluso jabón de manos relativamente aguado para que parezca algo similar al flujo. ¡Quiero introducir lejía! ¡Quiero introducir lejía! ¡Squirting de hidróxido sódico! ¿Veis como estoy enfermo? O eso o soy un genio. ¡Vaya! Por ahí vienen las dos vacas y sus terneritos…

G

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Email del 29 de mayo 2019

Ilya Repin. The sergeant, from the back, lit by the sun (1885)

Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: El caso de «La triple casualidad».

Una tarde de principios de febrero de 1977 un tipo entró en una comisaría de Valencia y confesó haber matado a su mujer, a sus hijos, a su perro, a siete vecinos y al cobrador del Ocaso que casualmente se encontraba allí visitando a una clienta. Mientras eso sucedía otro tipo entraba en una comisaría de Alicante y se incriminaba en el asesinato de sus padres ancianos, de su novia, de los padres ancianos de su novia, del gato de su novia y de la totalidad de sus vecinos y los vecinos de la novia. Pero lo más impactante es que al mismo tiempo, en Castellón, otro tipo entró corriendo en la comisaría de la calle más céntrica gritando que se había cargado a todos. Cuando le preguntaron cuántos eran todos, respondió que 17 o 18, pues se había descontado. Al final resultó que los tres eran unos borrachos que simplemente montaron por casualidad el mismo numerito en tres ciudades diferentes sin ni siquiera conocerse. Cuando el churrero castañero y detective aficionado García Pérez, que en aquellos instantes era un joven gallardo y muy seguro de sí mismo que trataba por todos los medios de abrirse paso en el difícil mundo de la churrería castañería, leyó las tres noticias en tres periódicos diferentes, se quedó pasmado e intentó relacionar los tres casos. Este es el informe preliminar, no demasiado diferente del informe final, más tarde tildado de confidencial, aunque filtrado a los medios de comunicación, escrito de su puño y letra y tras ocho meses de intensas pesquisas por el sargento Obdulio Valls Martínez y certificado por los cabos Aurelio Fontaner Almela, Fernando Muniesa Colomer y Gracielo Vicario Gutiérrez, pertenecientes a la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil.

INFORME PRELIMINAR S-54


Conocí al señor García Pérez, de profesión churrero castañero y detective aficionado, en abril de 1975, cuando ambos, y de manera fortuita, relacionamos a la llamada «Asesina de las patatas tempranas» con los crímenes de «La verdulería de la calle Artesanos de las maderas nobles policromadas», y rápidamente nos hicimos inseparables. Su positivismo exacerbado y su buen ojo, así como la total ausencia de «mal fario» me dejaron enormemente cautivado. Desde ese día el señor García Pérez me ayudó en algunos casos de manera extraoficial y gracias a sus consejos resolví los crímenes de «Los Maragal-Abelenda» y «El descuartizamiento de la nieta de la buhonera», ambos de interés mediático casi internacional. Desde entonces siempre que tengo una duda insisto en invitarle a que se desplace hasta el lugar del suceso y me asesore convenientemente.

Durante las investigaciones sobre lo que se pasó a denominar «La triple casualidad», García Pérez junto al teniente Alfonso Domenech Tortajada, el cabo primero Prudencio Martí de Molina y yo llegamos a la conclusión de que los tres tipos no se conocían y por consiguiente no diseñaron ese plan para reírse de las fuerzas del orden, aunque unos meses más tarde, García Pérez se desligó de la teoría y formuló una nueva totalmente inverosímil, absurda e irracional.

ENTREVISTA AL CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ (Publicada por error en la revista «Caza y pesca» el 16 de abril de 1976).

ENTREVISTADOR: Me gustaría darle las gracias, en mi nombre y en el de mi equipo de investigación, por acceder a ser entrevistado acerca del caso de «La triple casualidad». Mi primera impresión es que usted intenta desligarse, escabullirse…
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: ¿Por qué dice eso? Yo nun-ca he in-ten-ta-do desligarme de nada en lo que, de una u otra ma-ne-ra me haya inmiscuido.
ENTREVISTADOR: Según el sargento Obdulio, y le cito textualmente, usted es como una suave brisa que cambia de dirección según…
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: El sargento Obdulio, además de gordo es un in-com-pe-ten-te que debería dejar el Cuerpo y hacerse ayudante de Fernando Jiménez del Oso en el programa «Más allá». Yo siempre he creído en las ca-sua-li-da-des, pero lo que ya se conoce como «la casualidad tri-ple» es mucho más que una mera casualidad…
ENTREVISTADOR: Por favor, trate de ser más concreto.
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: ¿Usted o alguien en po-se-sión de sus facultades men-ta-les intactas, exceptuando a Augustus Owsley III, podría llegar a creer que tres tipos borrachos, re-si-den-tes en tres ca-pi-ta-les de una misma co-mu-ni-dad autónoma se hagan pasar por asesinos múl-ti-ples a la misma hora y aduciendo las mismas im-be-ci-li-da-des? ¿Estamos locos?
ENTREVISTADOR: Pero usted estuvo de acuerdo con esa teoría durante varios meses.
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: Yo nunca estuve de a-cuer-do. Lo que pasa es que tanto el sar-gen-to Obdulio Valls como el teniente Tor-ta-ja-da y el cabo primero Martí de Mo-li-na me invitaban continuamente a orujos y cazallas y yo a-sen-tía a todo. Pero cuando dejé el al-co-hol por orden de mi médico (del gremio de chu-rre-ros), el doctor Serafino Espino, empecé a darme cuenta de que esa teoría, la de «La triple casualidad» escondía una gran cons-pi-ra-ción. ¿Ha leído el informe pre-li-mi-nar S-54?
ENTREVISTADOR: La verdad es que ese informe no abunda en datos concluyentes…
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: E-xac-to. Todo es una gran men-ti-ra. Yo nunca ayudé al gor-din-flón sargento Obdulio en los casos de «La asesina de las patatas tem-pra-nas» ni de «La verdulería de la calle Artesanos de las maderas nobles po-li-cro-ma-das» ni en «Los crí-me-nes de los Maragal-Abelenda». Y mucho menos en «El des-cuar-ti-za-mien-to de la nieta de la buhonera».
ENTREVISTADOR: ¿Entonces, podría explicarme qué ganaba el sargento Obdulio echando tantas flores sobre usted y sus dotes como investigador?
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: Yo no soy in-ves-ti-ga-dor, sino in-ves-ti-ga-dor aficionado. Mi profesión es la chu-rre-ría. Soy churrero y castañero. El churrero castañero García Pé-rez.
ENTREVISTADOR: No me ha contestado a la pregunta, señor García Pérez.
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: Llá-me-me churrero castañero García Pé-rez, por favor.
ENTREVISTADOR: No me ha contestado a la pregunta, señor churrero castañero García Pé-rez.
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: ¿Qué pre-gun-ta?
ENTREVISTADOR: ¿Qué es lo que ganaba el sargento Obdulio echando tantas flores sobre usted y sus dotes como investigador si todo es una farsa?
CHURRERO CASTAÑERO GARCÍA PÉREZ: Si se lo contara a-ho-ra mi vida no valdría nada. Estoy es-cri-bien-do un libro en el que cuento mi ver-sión sobre todo lo que tiene que ver con esos lamentables su-ce-sos. Se ti-tu-la «El churrero castañero García Pérez se abre».

Lamentablemente, ese libro nunca fue publicado. El sargento Obdulio falleció dos años después mientras trataba de bajar a un gato de otro gato, ambos encaramados en lo más alto de un tilo. Tanto el teniente Alfonso Domenech Tortajada como el cabo primero Prudencio Martí de Molina dejaron el Cuerpo y abrieron una gran churrería a 200 metros escasos de la del churrero castañero García Pérez, con lo que este se vio obligado a cerrar la suya y a dedicarse a la composición poética con rima libre y a resolver casos y entuertos como detective aficionado, aunque nunca apartó de su corazón ni a los churros ni a las castañas. Ni siquiera a las porras.

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Email del 28 de mayo 2019

Théodore Géricault. Man on the street (1821)

Amiga:

Ayer me encontré a Begoña por la calle. Hacía por lo menos 10 años que no nos veíamos y ambos nos pusimos muy contentos. Aunque había pasado demasiado tiempo su aspecto era inmejorable y me pareció que estaba más joven y bonita que la última vez que la tuve enfrente.
BEGOÑA: Joder, Greg. Eres la última persona a la que me imaginaría encontrarme en este momento de mi vida…
YO: Ejem, gracias…
BEGOÑA: Me refiero a que siempre fuiste difícil de ver. ¡Eres tan casero!
YO: Eso es verdad. No me gusta salir porque hay que planchar la ropa y odio planchar…
BEGOÑA: Tío, estás estupendo.
YO: Tú más. ¿Aún ejerces como abogada?
BEGOÑA: No, chico. Lo dejé. Me estresaba demasiado. Ahora trabajo en la relimpieza.
YO: ¿Relimpieza?
BEGOÑA: Soy la mujer de la relimpieza en una gasolinera. Limpio lo que la mujer de la limpieza oficial se deja.
YO: ¿Relimpieza? Pero si tú tienes tres carreras…¡Cabrona! No te rías de mí.
BEGOÑA: Te lo has creído por un momento…
YO: ¡Qué va! Estaba siguiéndote la corriente.¡Relimpiadora! Vaya cosas que se te ocurren…
BEGOÑA: Cuéntame, ¿a qué te dedicas ahora? Antes escribías…
YO: Sigo haciéndolo. ¿Tienes tiempo para tomarte un café? Te invito.
BEGOÑA: ¡No puedo, Greg! Voy a ver a un amigo para que me refolle. Esta mañana he sido follada muy mal por mi compañero sentimental y necesito que alguien repare los fallos…
YO: En, ¿en serio? Jo, es que dices las cosas con una cara tan circunspecta.
BEGOÑA: Tengo una reunión importante dentro de 20 minutos, pero vamos a hacer una cosa… ¡Apúntate mi número! 6792391835729183583194636488732. ¡No pongas esa cara! Te estaba vacilando. 679239183. ¿Lo has apuntado?
YO: Sí. Bueno, pues no te molesto más. Te llamo un día y quedamos…
BEGOÑA: Claro, cielo. Ven, acércate que te de un besazo en la mejilla.

Mientras regresaba a casa no paraba de darle vueltas a eso de «refollar». Hay muchas mujeres insatisfechas, quizá podría poner un anuncio como refollador en una revista o web de contactos y tratar de darle un nuevo rumbo a mi comatosa vida sexual. Mientras más pensaba en ello, más lógico me parecía, hasta que me tropecé de frente con Viriato «El muerto». En realidad su mote es «El puerto», pues estuvo muchos años trabajando de sobordista, pero parece ser que el tiempo y algunas amistades no demasiado inteligentes lograron transformarlo, aunque conservando la rima.
VIRIATO: ¡Coño, Greg! Casi me tiras al suelo.
YO: Perdona, Viriato. Caminaba ensimismado…
VIRIATO: ¿No se dice «enmimismado»?
YO: No, se dice ensimismado.
VIRIATO: Pues yo siempre he dicho enmimismado…
YO: Pues siempre lo has pronunciado mal.
VIRIATO: No me gusta «ensimismado», me suena a descremado. ¿Dónde vas con tanta prisa?
YO: A casa, estoy cansado. Llevo toda la mañana deambulando…
VIRIATO: Queda mejor decir caminando…
YO: Bueno, pues llevo toda la mañana caminando y ahora necesito una poltrona…
VIRIATO: ¿Será un sillón?
YO: ¿Que más da un sillón o una poltrona?
VIRIATO: No me gusta «poltrona». Suena a litrona y yo ya no bebo cerveza.
YO: Viriato, me alegro mucho de que dejaras las litronas, pero me siento extenuado y necesito…
VIRIATO: ¿Extenuado? Pero ahora qué eres… ¿un listillo papanatas? ¡Extenuado! Solo de pronunciar esta palabra se me seca la gar…
YO: Ha sido un placer haber colisionado contigo pero he de tumbarme o me desmayaré.
VIRIATO: ¡No colisionaste! ¡Solo chocaste! ¡Nadie dice colisionar en este barrio!
YO: Viriato, mira la acera de enfrente. ¿No es esa Marujita?
VIRIATO: Sí es ella. ¡Marujita! ¡Ah! ¡Qué guapa es! Bueno te dejo nene, voy a ver si consigo que me invite a una birra. No me mires así… ¡Una birra 0/0!

Mientras Viriato cruzaba la calle emitiendo risotadas más propias de un hipomorfo que de un ser humano, yo me senté en un banquito de esos pertenecientes al mobiliario urbano y me puse a diseñar mentalmente el texto para el anuncio del refollador. No llevaría ni tres líneas cuando se me acercó un tipo raro con cara de ratón tanatósico y se sentó a mi derecha.
TIPO RARO: ¡Me han dicho que te gusta Doraemon!
YO: ¿Cómo dices?
TIPO RARO: ¡Me han dicho que te gusta Doraemon!
YO: No, no sé a qué te refieres…
TIPO RARO: A mí me gustan mucho las aventuras de Doraemon. Alguien que te conoce me dijo que eras un gran fan de Doraemon, de Nobita Nobi, Sizuka Minamoto, Takeshi Gōda, y Suneo Honekawa. A mí el que más me gusta es Suneo Honekawa. Por esa razón mis amigos me llaman Pepe Honekawa.
YO: Bueno, me gusta ver algunos dibujos en la tele de vez en cuando, pero de ahí a gustarme…
TIPO RARO: Mi amigo, el que te conoce, me dijo que en tu blog, «El renfanfilador apostólico», a menudo hablas de los inventos de Doraemon y de su bolsillo mágico.
YO: Bueno, mi blog se llama «El despotricador anhedónico». Y sí, efectivamente, alguna vez lo he hecho, pero supongo que era en plan humorístico…
TIPO RARO: ¿Tú crees que Doraemon le hace cositas a Nobita cuando nadie los mira? Quiero decir, en la habitación de Nobita, ya sabes, cuando su madre está preparando la comida o la cena…
YO: Oye, acabo de recordar que me esperan en Minas Tirith. Siento dejarte sin una respuesta reconfortante pero no puedo aplazar…
TIPO RARO: ¿En minas qué?

Abrí la puerta de mi casa. Lo recuerdo perfectamente porque se me cayeron las llaves al suelo y cuando me agaché a recogerlas noté una manaza apretándome los huevos con cierta fruición psicopática. Era Juanjo, el vecino bromista de la puerta cinco.
JUANJO: Jajajajaja. Casi te mueres del susto, Greg. Por cierto, qué testículos más pequeñajos tienes. ¿Son para que te los toquen mejor? Jajajajajaja…
YO: ¡Joder, Juanjo! Creía que me iban a violar…
JUANJO: Siempre que veo a alguien agachado le aprieto los huevos. Luego cuando se giran y veo sus caras de terror me parto de la risa. Jajajajajaja.
YO: Ah, es que eres tan gracioso…
JUANJO: Mucho. Mucho. Y no es fácil, ¿sabes? Debería ser humorista…
YO : O tanatopractor…
JUANJO: Genoveva ya no bebe. Murió de cirrosis. Era mi madre. Jajajajajajajajaja. Y era tanatopractora. En serio. Bueno me voy a ver a mi padre. El pobre lleva enterrado 14 años pero me gusta cerciorarme de que sigue confinado en el nicho. Jajajajajajaja. Te dejo vecino. Que pases un buen día. Y tómate un vasito de sal de frutas: tienes una mala cara que espanta. Jajajajajaja.

Cuando el imbécil se dio la vuelta estuve tentado de empujarlo escaleras abajo, pero supuse que una vez tirado y sangrando sobre el rellano me obsequiaría con otra carcajada de las suyas, así que decidí perdonarle la vida. Luego entré en casa y me arrojé sobre el sofá. Una vez estuve completamente repantigado volví a la idea del refollador, pero al cabo de un par de horas la deseché por completo. ¿Quién era yo para refollar a una mujer insatisfecha por haber sido mal follada pocas horas o minutos antes?. Yo soy un tipo insatisfecho las 24 horas del día y nadie acude a satisfacerme, ni siquiera a animarme con globitos. Cuando me excito me masturbo. Y si después de masturbarme creo que necesito más, entonces me remasturbo. Y en ocasiones hasta me recontrarremasturbo. Claro que a veces viene una señora a hacerlo. Ella lo hace y yo le pago. Aunque a menudo me dice que la tengo muy grande o que es muy bonita, tan bonita como una fruta tropical, yo siempre le contesto que cierre el pico y continúe con lo que hace. ¡Me encanta el verbo hacer! También me gustan los verbos argüir y redargüir, aunque me hago un lío tremendo al tratar de conjugarlos. Lo que realmente intento explicarme a mí mismo es que nadie debería ser refollado. A ver, vamos a dejar claras unas cuantas cositas. Con refollar me refiero a follar con otra persona que ha follado hace un máximo (¿o quizá debería ser un mínimo) de cinco horas. Caray, estoy obsesionado con la refollación. Nunca debí encontrarme con Begoña. Ahora mi existencia se está desequilibrando. Y eso que solo trataba de tomarme el pelo. Pelo del que no dispongo en estos instantes. Pero refollando el hilo de retomar… quiero decir, retomando el hilo de refollar. Dios mío, estoy enfermo. Necesito ponerme en manos de un especialista. O mejor de una especialista que haya sido mal follada ese mismo día. ¡Qué cojones estoy diciendo? Creo que en un cajón de la cómoda guardo una caja de Trankimazin. Sí. Al lado de la caja de profilácticos que compré en 1980 cuando cumplí los 18 años y se me permitió follar legalmente.
FARMACÉUTICA: ¿Qué desea?
YO CON 18 AÑOS: Eh, eh, u, u, una jaca de nocondes, for vapor…
FARMACÉUTICA: ¡Eres un marrano!
YO CON 18 AÑOS: No, soy supervisor…

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Email del 25 de mayo 2019

Albrecht Dürer. Lectern with books (1521)

Querida:

Aunque generalmente siempre firmo mis textos con mi nombre verdadero, en algunas ocasiones he recurrido al uso de seudónimos. Recordarás el título La eyaculación de las masas, que firmé como Gregorio Ortega y Gasset. Supongo que también recordarás el enorme cabreo que pillé cuando mi editor me obligó a cambiar tanto el título como el seudónimo, que se convirtieron al final en El frescor salvaje del Caribe y su interacción empiriocrítica en las masas definidas como conjunto y no como mezcla y Greg «Serpiente Sata» López, respectivamente. Te refresco la memoria porque ayer terminé de escribir Unter den johannisbrotbäumen, mi nueva novela, escrita en alemán (idioma que domino a la perfección) y que trata sobre una pareja que vive atada a la pata de una silla sin respaldo, que aunque parece un taburete no lo es, y los problemas y sacrificio que conlleva vivir de esa manera tan extravagante y antisocial. Mi pregunta es, ¿podrías ayudarme a buscar un seudónimo chachi? Si no tienes tiempo o ganas de ayudarme a buscar un seudónimo chachi, quizá podrías enviarme un email diario donde me demuestres tu afecto y tu apoyo mientras yo trato de encontrar ese jodido seudónimo chachi. Eso me sería de gran ayuda, tanto espiritual como emocionalmente. Te adjunto un ejemplo de lo que podrías escribir en ese email:

Querido Greg:


Desde que te conocí no he vuelto a ser la misma. Necesito que te concentres y encuentres una solución lo más dinámica posible para tu búsqueda. Por supuesto cuando utilizo el vocablo «dinámico» me refiero a él en su acepción más vigorosa, resolutiva y enérgica. ¿Te he dicho alguna vez que desde que te conocí no he vuelto a ser la misma? Ah, sí, he comenzado de esa manera. ¡Qué tonta soy! Pero es la pura verdad y quiero que todo el mundo lo sepa: ¡desde que te conocí no he vuelto a ser la misma! Aunque si quieres que te sea sincera, no me acuerdo demasiado de cómo era antes de conocerte.


Tu amiga

Ahora me voy a despedir de ti porque necesito despedirme de ti. ¡Extraordinariamente simple! Si no sintiera esa tremebunda necesidad tan apremiante, la de despedirme de ti, te aseguro que no lo haría. Claro que podría alargar el email unas cuantas páginas de Word más, pero al final tendría que despedirme de ti, por lo cual, y siguiendo ese viejo adagio benimacletero que dice «No arrastres el final, cojones», me despido de ti esperando una clara respuesta.

Greg

P.S.
¿Te acuerdas de Mami Blue?, la canción de principios de los setenta de los Pop Tops cuyo estribillo decía más o menos:

Oh, mamy, mamy (Oh, mamy)
Oh, mamy (Oh, mamy, mamy blue)
(Oh, mamy blue)

Pues lo he mejorado sustancialmente cambiando parte de la letra y añadiéndole algo más de desgarro dramático…

Ouuuaaah, mamy, mamy (Ouuuaaah, mamy)
Ouuuaaah, mamy (Ouuuaaah, mamy, mamy blue)
(Ouuuaaah, mamy blue)

Y mañana pienso hacer lo mismo con Bulerías por soleá de La Paquera de Jerez.

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Email del 24 de mayo 2019

Kishio Suga. Collapsed circumference (1975)

DESOLACIÓN
En ocasiones pienso que me sería relativamente sencillo intentar convencer a esa facción de mis amigos que cree que mi aislamiento social me está transformando en una planta de interior, de que en realidad sufro un trastorno emocional bastante severo. Te juro por los ribosomas de Abdemelec que estoy preparado para cualquier cosa. Eso incluye subir al edificio más alto de la ciudad, hacerme un selfie en la terraza superior descojonándome de todo y de todos (incluso del poder de la sangre de Drácula) y subirlo a Instagram. Luego, bajar de la jodida edificación con muchísimo cuidado, para acabar la emocionante aventura sentado en la terracita de un bar contemplando pasar a la gente mientras alcanzo el éxtasis con los miles de likes. ¡Mierda! Si me tomo la molestia de subir a la construcción más alta de Valencia, quizá en lugar de bajar con muchísimo cuidado por las escaleras, pues soy claustrofóbico, debería hacerlo por cualquiera de las fachadas. Sin selfies, ni éxtasis, ni likes, y por supuesto, sin el poder de la sangre de Drácula. Solo con la fuerza independiente y autónoma proporcionada por mi propia heterarquía.

HIPERVENTILACIÓN
Hace cinco años tome una decisión muy importante: todas mis futuras novias deberían tener problemas oculares. Para ser exactos, más de 10 dioptrías en cada ojo. ¿La razón? Que no puedan o tengan muchas dificultades -incluso con gafas- para ver los pelos que crecen en mis orejas y que certifican que soy asquerosamente viejo. Y eso que cada dos días dedico entre 15 y 20 minutos a arrancármelos con una pinza para depilar de la marca Steinhart, la Rolls-Royce de las pinzas. En realidad me deprime quitármelos, porque de alguna manera siento que me estoy comportando como cualquier otro resignado social, pero también me fastidia que se queden ahí, porque ocultan algunos de los preciosos rasgos de mi fascinante pabellón auditivo.

REFOCILACIÓN
A esta hora del día, creo que valdría la pena detenerme a tomar aliento, eso sí, con un vaso repleto de orujo de hollejo de uva en la mano izquierda, que es la que me tiembla menos, y tratar de terminar este sucedáneo de homilía (¡ja!) homínida (u hominal) francamente (auto) homicida, con un recuerdo afectuoso a Firfedín y Rosopán López Pérez por haber estado siempre, uno frente al otro, colgando dentro del magnífico (really!) saco escrotal durante estos últimos 57 años. ¡Os quiero, tíos!

PRELACIÓN
Me entristece irme, pero también me entristece quedarme. Podría hacer como que me largo cuando en realidad me escondería detrás de una puerta. La verdad es que me siento triste desde el 14 de enero de 1962. Y en aquella época, aunque ya se habían inventado las puertas, a nadie se le ocurría parapetarse detrás de ellas, a menos que quisiera pegarle un susto a alguien. ¡Podría hacer como que me quedo y marcharme! Sí. Marcharme dando un portazo que desencaje los goznes de la puerta. Pero entonces Gregorio, Gregorio, Gregorio y Gregorio me tildarían de chalado desequilibrado. Y no puedo perder los papeles delante de ellos. Porque ellos son yo.

CAPITULACIÓN
Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda.  ¡Cuidado! ¡Por allí viene una inestabilidad emocional cuadrada! He de huir lo más rápido posible. ¡Demasiado tarde! Cuadrada. La inestabilidad emocional es cuadrada. Cuadrada. La inestabilidad emocional es cuadrada. Cuadrada. La inestabilidad emocional es cuadrada. ¡Atención! Vuelve otra vez la inestabilidad emocional redonda. La siento dentro de mí nuevamente. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda. La inestabilidad emocional es redonda. Redonda.

EYACULACIÓN
¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhh!

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Email del 22 de mayo 2019

Anne-Marie Schneider. Untitled (2012)

Querida:

El pensamiento diario en forma de mantra elemental «cuando duermo desaparecen las preocupaciones», o su versión de los fines de semana, «cuando duermo todo me importa un carajo», se está convirtiendo en una peligrosa obsesión. El problema estriba en que como soy insomne, tanto el uno como el otro me están arrastrando hacia el territorio donde reside la psicosis emocional. Y resalto lo de la psicosis (como obsesión permanente) porque soy tricotilomaniaco y prosopagnósico, aunque ninguno de esos dos trastornos mentales me pasan demasiada factura, pues al ser calvo, el primero no deja de convertirse en una especie de chiste abstracto y el segundo, bueno, nunca soy capaz de reconocer a nadie, porque para mí solo existo yo. Claro que en determinadas ocasiones, sobre todo cuando necesito pasta en efectivo o copular con lo que el arcipreste de Hita denominó «hembra placentera», pueden llegar a existir otros individuos de ambos sexos, ya que hasta el momento no he sido capaz de prestarme dinero a mí mismo o fornicar con mi propio cuerpo.

Y mientras veo pasar los días como si fueran almorranas antropomórficas de impacto, intento dotar a mi existencia de una motivación que me obligue a soportar la desesperación que me produce comprobar que no tengo las suficientes couilles como para dispararme. Y aunque sé que todo lo que pueda llegar a pasarme en lo que me resta de futuro no será ni de lejos demasiado peor que lo que me ha sucedido hasta este mismísimo instante, no puedo dejar de sentir lástima por cualquiera de los López Pérez que vivan y se reproduzcan en este planeta.

-¿Así?
-¡Perfecto! Lo haces muy bien, Greg.
-Gra, gracias…
-Ahora bájate los pantalones.
-Me da vergüenza.
-Solo haz lo que te digo.
-¡Ya! ¿Qué quieres que haga ahora?
-Bájate los calzoncillos.
-Pero… ¡Está bien!
-Ahora date la vuelta y ponte a cuatro patas.
-¿Como un animal?
-Sí. ¡Como un animal!

El diálogo anterior entre la existencia y yo pertenece al capítulo final de mi autobiografía «Mec, mec, mec. ¿Mec, mec, mec? ¡Mec, mec, mec!». Quizá el título no sea el más adecuado, pero mi vida tampoco lo ha sido. Por lo menos espero que mi muerte se acomode a las circunstancias, aunque la verdad es que si estando vivo me la refanfinfla todo, imagínate yaciendo muerto. Espera, yo ya estuve muerto. Ocurrió desde principios del año 86 del siglo anterior hasta mediados del año siguiente…

17 de febrero de 1987
Hoy es la víspera del cumpleaños de mi madre. No tengo ni la más remota idea de qué regalarle. Podría irme de viaje una semana ahora mismo y me quitaría ese peso de encima, sin embargo, creo que le debo una explicación (de por qué no soy como ella hubiese querido que fuese) en forma de ramo de flores, perfume de Mercadona o juego de vasos irrompibles, de esos que cuando los golpeas con las uñas hacen clinc.

23 de abril de 1987
Ayer fue el cumpleaños de mi padre. Me hubiera gustado echarle a la cara lo rastrero, egoísta, sabelotodo y megalomaníaco que es, pero en esos instantes me encontraba regateando el precio de su asesinato con un peruano. Como no pude cerrar el trato, pues el tipo pedía casi el triple de lo que yo estaba dispuesto a ofrecerle, decidí gastarme esa pasta en más caballo que me metí en tres dosis consecutivas por la única vena que me funcionaba. Por supuesto acabé en cuidados intensivos, pero en cuanto estuve seguro de que mis piernas sostendrían el peso de mi cuerpo, me escapé sin que nadie se diera cuenta.

8 de agosto de 1987
Hoy es el cumpleaños de Tita, mi robusta perra de raza beagle. En la encimera de la cocina hay una bolsa. Dentro de la bolsa hay un paquete. Dentro del paquete hay otro paquete. Este último paquete está enrollado en papel parafinado. Dentro de esa especie de momia lubricada hay un hueso de jamón. Es el regalo de Tita. Cerca de ese paquete que contiene el regalo de Tita, también sobre el banco, hay otro paquete, aunque no tiene forma de paquete, sino de atadijo. Dentro de ese paquete que no parece un paquete hay otro paquete que tampoco parece otro paquete. Y dentro no hay nada. En ocasiones la Nada es suficiente. Por lo menos su equivalencia en cero se me antoja un valor añadido. Ese paquete que no contiene nada es mi regalo. Mi regalo por haber sobrevivido un día más.

13 de noviembre de 1987
Ayer cumplió 25 años mi amigo Tomás. Hoy cumple 26 años su novia, mi amiga Irene. Mañana Irene asfixiará a Tomas después de hacer el amor varias veces. Y cuadriculará su cuerpo con un bolígrafo Bic y lo despedazará en marcos cuadriformes de 3 cm de lado. O puede que sea Tomás el que la cuadricule a ella. ¡Es tan fácil cuadricular!

22 de diciembre de 1987
Faltan tres días para el aniversario del nacimiento de alguien que nunca existió. Me importa poco ese suceso. Lo que realmente me quita el aliento es pensar en el dineral que me meto cada día por la vena. Y las cosas que tengo que hacer para poder meterme ese dineral por la vena. Pero también pienso que si no me metiera ese dineral por la vena, entonces… ¿qué me metería por la vena?

14 de enero de 1987
Hoy es el cumpleaños de él. Él soy yo. No me gusta que él sea yo cada jodido día y cada jodida noche. ¿Podría él ser otro que no fuera yo o tú o cualquier otro? Él no es bueno. Tampoco es malo. Digamos que es un cruce de personaje típico de Walt Disney con 25 centílitros de la sangre de alguna de las víctimas de Charles Manson. O por sentir más nuestra amarilla y roja españolidad: como un cruce entre D’Artacán, el de los Mosqueperros y un cuarto de kilo de las entrañas de la víctima número siete de El Arropiero.

Se supone que cumplir es llevar a cabo algo, es decir, ejecutar, pero ejecutar también quiere decir asesinar. Entonces, yo hace unos pocos meses asesiné 57 años. Odio asesinar porque eso quiere decir que con cada asesinato soy más viejo. Y también odio a todos esos tipos y tipas que no se cansan de pregonar que la vejez es un precioso regalo. No existe ningún regalo. ¡Todo nos lo ganamos a pulso! Un tipo y una tipa deciden que quieren tener un hijo. En ocasiones ni siquiera lo deciden. Se acuestan juntos y mientras uno de ellos, o los dos, o ninguno, o el que mira desde un orificio, tiene un orgasmo, comienza la vorágine infernal para algo que en ese momento es solo eso, algo, pero que en el plazo de algunos momentos más dejará su estado de embrión y se convertirá en un imbécil mártir. Simplemente por haber nacido. Simplemente por haber sido diseñado para satisfacer unas emociones banales y falsas que podrían haber sido satisfechas de diversas maneras, como por ejemplo interviniendo en una orgía o asistiendo a misa. ¿Recuerdas… recuerdas que hace unos días escribí, por medio de uno de estos pequeños emails, que me dolía la cabeza? Era mentira. Nunca me duele la cabeza. ¿Y recuerdas la última vez que estuvimos juntos y rechacé follar contigo aduciendo que me dolían los testículos? Nunca me han dolido los testículos. ¿Recuerdas todos mis dolores, tanto en los brazos, la parte interna de los pabellones auriculares como la espalda o la cadera? Todo mentira. Nunca me duele nada. Nunca me duele nada porque soy un objeto. Y los objetos carecen de sistema nervioso, tanto central como periférico. Ahora bien, no creas que por ser un maldito objeto se me puede tildar de cosa, porque entonces estaríamos cosificando a la totalidad de los objetos y algunos de ellos me consta que guardan pistolas y puñales en sus escondrijos secretos. Pero, pero llegados a este punto, quiero decir al punto donde me encuentro ahora, y debido a la dificultad que me provoca deslizarme hacia el siguiente punto, creo que voy a dejar que todo siga su curso correspondiente. Y si entre correspondencia y correspondencia, algo nuevo sucede, pues, chica, mejor que mejor, por lo menos para él, que sigo siendo yo (aunque no lo parezca).

G

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Email del 19 de mayo 2019

Vincent van Gogh. Three hands (1884)

Querida amiga:

Me encantaría poder hacer una mención rápida y directa a uno de los procedimientos más frecuentes que envuelve desde hace un determinado periodo de tiempo el razonamiento Fufuro-Capapa: el empequeñecimiento metódico de la doctrina Solla-Metolla. Pero antes debería poner en situación a esos cuatro geniales y, en facciones duplas, antagónicos autores.

Fulgencio Furo, también llamado erróneamente Flugencio Futuro, fue el artífice de la teoría Fufuro, la cual pregonaba que un razonamiento estructural abstracto joven e ingenuo sin la ayuda copulativa de otro razonamiento estructural abstracto, más madurado intelectualmente, nunca podría llegar a ser un razonamiento estructural abstracto lo suficientemente impreciso, ideológica y emocionalmente, como para competir con un razonamiento alterado y perfectamente definido en su concepción antropocentrista. Fulgencio, durante su corta vida -pues murió a los 34 años cuando de su peluquín emergió un calcetín que lo estranguló en menos de cinco minutos-, escribió 23 libros sobre razonamientos estructurales abstractos y uno sobre reivindicaciones morales inconsistentes.

Bartolo Capa conoció a Fulgencio Furo mientras ambos arrojaban cacahuetes a la famosa mona Marisita Lopecita en el antiguo zoo de Valencia. No deberíamos olvidar que, antes de ese encuentro, Bartolo ya había desarrollado la Teoría matizada sobre el ímpetu plácido y sosegado que le había puesto en contra a las tres cuartas partes de los investigadores y eruditos avanzados de la comunidad valenciana y a dos filósofos gallegos, aunque de ascendencia castellonense y alicantina respectivamente.

En la primavera de 1926, Fulgencio y Bartolo escribieron a tres manos (Bartolo era manco desde los siete años cuando un crustáceo decápodo, seguramente un centollo malhumorado, le seccionó el brazo izquierdo a la altura del codo con una de sus pinzas) la mítica tesis Consecuencias subyacentes de la redención altiva, trabajo más tarde denominado como Razonamiento rígido de Fufuro-Capapa, que de la noche al mediodía les convirtió en abanderados de la concreción entrecruzada, filosofía insuficientemente desarrollada en el siglo XIX por el doctor y filósofo prusiano Walther von Steuben von Winckler von Fabeck von Morgen.

Ramiro Solla fue un catequista matraquista (y estuquista en sus momentos de ocio) que dedicó su existencia a poner en duda el Razonamiento rígido de Fufuro-Capapa argumentando que producía aerofagia y aerofobia a los lectores que intentaban leerlo. Suya es la famosa frase «Si Dios abusa es porque puede» con la que finalizaba su obra más conocida titulada Dignus in capacitate contradictorium escrita en 1927 y dedicada a la cabra preferida de Isacio, Josefo y Jacobo, también denominados los Santos Pastores de Ledesma.

Poco se sabe de Braulio Metolla. Su biográfo, Faustino Ramos, sufrió una meningitis fulminante y su editor y hermano, Gregorio Ramos, se vio obligado a publicarla cuando solo llevaba dos páginas escritas. Se sabe que nació en 1891, que su madre se llamaba Leocadia, aunque sus amigas la llamaban zunzuncita porque era muy pequeñita, y que durante ocho años ejerció de mancebo distinguido de Ramiro Solla.

Bueno, amiga mía, ahora debo dejarte. ¡Espero que hayas aprendido algo!

G

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Email del 18 de mayo 2019

Eugene Delacroix. Horse (XIX cent.)

Me encontraba ahogando en la bañera al caballo de uno de los jinetes del Apocalipsis cuando sonó el timbre. Como solo iba vestido con un pequeño tanga masculino con laterales, me enrollé por la cintura lo primero que tenía a mano -que en este caso fue una manteleta de fallera- y me dirigí a abrir la puerta. El autor de la llamada no era otro que Aponogetón Io Osa, un tipo raro del barrio al que la vida le producía ronchitas en el cerebro.

APONOGETÓN IO OSA: Hola, Greg. ¿Te pillo ocupado?
YO: Hola Aponogetón. Pues estoy liado, sí, pero no importa. Pasa y siéntate.
APONOGETÓN IO OSA: ¿Qué es eso que llevas en la cintura?
YO: Bueno, llamaban y me cubrí con lo primero que encontré. Forma parte del ajuar de fallera.
APONOGETÓN IO OSA: ¿Eres fallera?
YO: Muy gracioso. Mi novia es fallera. Ayer estuvo aquí y se dejó olvidada esta jodida manteleta.
APONOGETÓN IO OSA: Entiendo. Aponogetón Io Osa lo entiende.
YO: Me alegro mucho.
APONOGETÓN IO OSA: El suelo está mojado.
YO: Sí, viene del baño.
APONOGETÓN IO OSA: ¿Estabas bañándote?
YO: No exactamente, pero casi.
APONOGETÓN IO OSA: ¿Algo parecido a bañarse? AH, ya. Te estabas duchando.
YO: Digamos que estaba haciendo algo en el agua.
APONOGETÓN IO OSA: Entiendo. Aponogetón Io Osa lo entiende. Lo entiende perfectamente.
YO: Me satisface mucho que Aponogetón Io Osa lo entienda, pero… ¿qué es lo que ha traído a Aponogetón Io Osa a hacerme una visita un domingo a las siete de la mañana?
APONOGETÓN IO OSA: Ayer vi un caballo. Justo al otro lado de tu casa.
YO: Muy bien… ¿y?
APONOGETÓN IO OSA: ¿Te has comprado un caballo?
YO: No. Aponogetón, querido, piensa por ti mismo. ¿Cómo iba a subir un caballo a un sexto piso? Además, ¿qué te hizo suponer que entre 24 vecinos el caballo podía ser mío?
APONOGETÓN IO OSA: Te noto nervioso. ¿Te sucede algo?
YO: ¿Nervoso yo? Hoy es domingo. El único día de la semana en que no trabajo. Estaba duchándome tranquilamente y tú llamas a mi puerta…
APONOGETÓN IO OSA: Creía que habías dicho que no te estabas ni bañando ni duchando. Por lo menos eso me pareció escuchar antes…
YO: Oye tú, Io Osa. Estoy en mi casa y hago lo que me da la gana.
APONOGETÓN IO OSA: Tranquilo, Greg. ¿Por qué sudas como un caballo?
YO: Estoy griposo. ¿Alguna pregunta más?
APONOGETÓN IO OSA: Entiendo. Aponogetón Io Osa lo entiende. Lo entiende perfectamente. Y espera no haberte disgustado.
YO: No, para nada, pero ahora si me disculpas me gustaría terminar con lo que estaba haciendo antes de que llegaras. ¡A las siete de la mañana de un puto domingo! ¡Y sin concertar visita!
APONOGETÓN IO OSA: Tienes razón. Eres un anfitrión encantador… Aponogetón Io Osa lo entiende. Lo entiende perfectamente. Y no tiene ningún derecho. Aponogetón Io Osa se marcha.
YO: ¡Adiós, Aponogetón Io Osa!
APONOGETÓN IO OSA: No te enfades, Greg. Adiós. Adiós…

Descuartizar un caballo no es una tarea sencilla. Hay que tener en cuenta su tamaño y la dureza de sus articulaciones. Porque para poder desmembrar con cierta, digamos, autonomía, no sé si esa es la palabra adecuada, hay que aprovechar cada una de sus casi infinitas junturas. Afortunadamente mis nueve años como aprendiz de matarile… ¿matarile? ¡Matarife! Mis nueve años como aprendiz de matarife han ayudado enormemente. Por esa razón y tras cuatro horas estresantes repletas de tendones, sangre y vísceras pude meter los 23 pedazos de lo que había sido un hermoso corcel bayo en 22 bolsas. Me dirigía a trompicones hacia el sofá con ánimo de descansar unos minutos cuando volvió a sonar el timbre. Me acerqué a la puerta sin hacer el menor ruido y levanté la chapita de la mirilla.

APONOGETÓN IO OSA: Greg, abre. Soy yo otra vez. Soy Aponogetón Io Osa. Abre por favor.
YO: ¡Oh, no! ¡Otra vez tú! ¿Qué es lo que quieres ahora?
APONOGETÓN IO OSA: Abre. Necesito contarte algo. Aponogetón Io Osa quiere contarte un secreto.
YO: Pasa, pasa. ¿Sabes que eres un pesado del copón? Dime… ¿Qué es lo que quieres contarme?
APONOGETÓN IO OSA: Antes, cuando me marchaba… ¡Ya sabes! Hace unas horas…
YO: ¿Sí?
APONOGETÓN IO OSA: Pues que mientras bajaba en el ascensor…
YO: ¿Sí?
APONOGETÓN IO OSA: Pues eso… Pensé para mis adentros: ¡Aponogetón Io Osa! ¡Eres un pesado! ¿Como osas molestar a uno de tus mejores amigos?
YO: No pasa nada. Ya te has disculpado. Acepto las disculpas. Ahora necesito ducharme, vestirme y justificar el domingo…
APONOGETÓN IO OSA: ¿No habías hecho cosas en el agua? Me lo dijiste antes.
YO: Aponogetón, cariño… ¿te marchas o te tiro por la ventana?
APONOGETÓN IO OSA: Vale, me largo. Me alegro de haber sido perdonado. Aponogetón Io Osa está feliz de que no le tengas en cuenta su…
YO: ¡Adiós, Aponogetón Io Osa!
APONOGETÓN IO OSA: No te enfades, Greg. Adiós. Adiós…

Se pueden bajar 22 bolsas de basura repletas de porciones equinas. El problema estriba en que nadie repare en la misma acción. No sé si está bien redactado eso de «la misma acción» pero me refiero a que no estaría demasiado bien que una vecina, sobre todo la gorda de la planta baja, me viera con tanta bolsa. Pensaría que soy un guarro por almacenar tantos detritos. Pero yo siempre digo que «almacenar es humano, redistribuir es divino», así que me armé de valor y efectué toda la operación en menos de 10 minutos. Cuando acabé de llenar el contenedor vecinal comprobé que no cerraba bien, así que me dispuse a sacar dos o tres bolsas para meterlas en el siguiente contenedor cuando una mano me golpeó amigablemente en el hombro…

APONOGETÓN IO OSA: ¡Hola, Greg!
YO: ¡Aponogetón Io Osa! Pero qué es lo que quieres de mí. Eres un maldito plasta…
APONOGETÓN IO OSA: Greg, perdona, por favor. Necesitaba, sí, necesitaba decirte que te quiero. Que eres el mejor tipo que conozco y que mi vida es diferente desde que te conocí.
YO: Pues sin embargo la mía es una catástrofe desde entonces…
APONOGETÓN IO OSA: El mundo debería estar cubierto por gente como tú…
YO: ¿Cubierto? Espero que nunca se cubra…
APONOGETÓN IO OSA: Aponogetón Io Osa no sabe la suerte que tiene de ser alguien tan importante para Greg…
YO: Bueno, no te creas…
APONOGETÓN IO OSA: Aponogetón Io Osa te desea…
YO: ¡Adiós, Aponogetón Io Osa!
APONOGETÓN IO OSA: No te enfades, Greg. Adiós. Adiós…

Al final nadie descubrió nada. Han pasado varias semanas y sigo siendo el vecino estrella del edificio y todos me sonríen cuando se cruzan conmigo en los rellanos. Incluso la gorda de la planta baja. Y lo que es mejor, ayer me enteré de que Aponogetón Io Osa está siendo tratado de trimetilaminuria en una clínica privada de Baden-Baden y no regresará a España en un mínimo de siete meses. Realmente la vida es tan bella como algunos piensan. ¡O incluso más!

Email del 18 de mayo 2019 Leer más »

Email del 17 de mayo 2019

Victor Brauner. Autobiographical painting – Biosensible ultrapainting (1948)

Llevo varios días intentando terminar un cuento titulado Episteme, doxa y eikasia de un misérrimo pusilánime, pero por alguna razón no soy capaz de inventar un final que me satisfaga plenamente. Creo que la displicencia y, sobre todo, el aburrimiento existencial (¡otra vez ese cabrón!), vuelven a impugnar a rádice la verdadera sagesse universelle de la creación artística. Pero no me doy por vencido. Pienso dotar de una conclusión definitiva -y me atrevo a decir que legendaria- a este textito autobiográfico aunque con ello ponga en peligro mi mismidad mental, ya de por sí muy afectada debido al uso indiscriminado, durante años, del tinte para cejas y la ingesta abusiva de cruasanes, potitos de asafétida y flujo vaginal.

¿Qué se supone entonces que debería hacer? Me refiero a con mis días y mis noches. Y mis mediodías y medianoches. Siento que todo se desvanece y aunque en ocasiones creo que mi fortaleza es indestructible, a menudo me entran ganas de llorar. Y si no lo hago es sencillamente porque no tengo pañuelos, ni de tela ni de papel (nota: comprar tissues faciales en Mercadona, Consum o DIA). Y aunque estoy absolutamente convencido de que de alguna forma, sobreviviré a tanto desatino, no puedo impedir que mi vello se erice como el pelo de un gato al que han arrancado de la boca y sin contemplaciones el cadáver de un roedor pequeño.

Mi hogar, es decir, ese conjunto de habitaciones oscuras en el cual se supone que disfruto de una estabilidad plácida, está plagado de recuerdos coincidentes y repetidos. Siempre he aborrecido las remembranzas… ¡Y las reminiscencias!, sobre todo porque cada vez que pronuncio una ere me asalta lo que yo denomino pesadumbre viril. Y cuando ese jodido sentimiento varonil se parapeta entre mis reflexiones, sé que ha llegado el momento de rendirme a la vorágine destructiva del lorazepam, clonazepam, alprazolam, diazepam, lormetazepam o la zopiclona.

¡La verdad! ¡Ja! Lo que debería ser el factum de la verdad, tanto la trascendente como la manufacturada, se ha convertido en algo similar a una ramera decrépita, ojerosa y desdentada. Por supuesto me refiero a cualquiera de las evidencias que malviven conmigo y se esfuerzan por dotar de un sentido inteligible a cada uno de mis dinámicos aunque autárquicos errores. ¡Y así me encuentro yo! Alejado por completo del resto de yoes, que sin el amparo del, digamos, Gran Hermano, no son capaces de despegarse del eje (no del eje del cigueñal, sino del eje del centro, de la esencia). Y mientras los hechos se suceden como profilácticos agujereados, mi futuro tiende a dispersarse… hacia ninguna parte…

Concluyamos. La raíz de mis problemas se encuentra en mis problemas. O quizá mis problemas se encuentran en una raíz. O en un tocón podrido. Incluso es posible que mi raíz sea un bulbo, una cepa o un rizoma. Entonces mis problemas se encuentran en una fase subterránea. No existe ninguna duda: ¡soy un puto topo!

Greg

Email del 17 de mayo 2019 Leer más »

Email del 16 de mayo 2019

Max Ernst. Compendium of the history of the Universe (1953)

Es curioso, todo el mundo recuerda lo que estaba haciendo cuando murió Chanquete o cuando las dos torres gemelas se convirtieron en escombros y cascotes. Sin embargo nadie se acuerda de cómo se originó todo, es decir, qué es lo qué cojones estaban haciendo cuando cada una de sus vidas entró en barrena. Porque te aseguro que todas las vidas de todo el mundo inician el camino hacia el desorden más absoluto en algún instante. Excepto la mía, que comenzó yéndose a pique desde el primer segundo. Todavía recuerdo el momento en que fui extraído a la fuerza por dos o más personas del saco amniótico donde me encontraba extraordinariamente relajado y con buen rollito. Desde ese fatídico día nunca he conocido otro estado que no sea la anarquía, el desbarajuste y la confusión total.

O dicho de otro modo: la retroacción existencial y la retracción (sin «o») objetiva han hecho de mí un hijo de puta resentido y misántropo al que le importa un pimiento todo lo que le pueda suceder a cualquiera que no sea una mujer asquerosamente rica y tonta. O a un hombre increíblemente rico y viejo que, debido a la ablepsia en ambos ojos, pueda confundirme con una señora estupenda de talle alto, pechos generosos y piernas magníficamente torneadas con la cual iniciar una relación.

Pero hasta que llegue el momento en que sea necesario venderme de esa forma, todavía tengo tiempo para ver explotar un barrio o dos. ¡Nada en el mundo me haría más feliz que inagurar una mercería! Me duele el cuerpo calloso y el fórnix del cerebro.

-Buenas tardes, caballeros. Soy una computadora HAL 9000. Entré en operación en la fábrica HAL en Urbana, Illinois, el día 12 de enero de 1992. Mi instructor fue el Sr. Langley y me enseñó una canción. Si quieren oírla la puedo cantar para ustedes. Se llama «Daisy».
Daisyyy, Daisyyy.
Dame tu respuestaaa que estoy medio loco por tu amooor.
No será un matrimonio de modaaa,
pues no te puedo comprar una carrozaaa,
pero estarás guapa en el asiento de una bicicleta para dooos…

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