Email del 8 de julio 2019

Albrecht Durer. Skull (1521)

En el exterior la temperatura rondaba los 38 grados, por esa razón a ninguna de mis múltiples personalidades le importó demasiado que me comiera un polo de naranja. Después de zampármelo con el extraordinario placer que proporcionaba saber que en el congelador de la nevera todavía me quedaban siete cajas, y que cada una de esas cajas contenía diez polos de naranja o limón, decidí comerme otro. Y luego dos a la vez. Y más tarde, aunque no demasiado, uno seguido de otro, seguido de dos, seguido de uno más dos más uno, seguido de tres menos uno y de dos más dos más tres menos cinco. De repente todo se volvió de una bonita tonalidad negra pata de mosca.

El médico de urgencias me miró con ojos totalitarios. Después de pensárselo un poco y tras cerciorarse de que no había nadie cerca, me espetó a la cara que ojalá estuviéramos en la Alemania nazi, porque de buena gana experimentaría con la parte principal de mi encéfalo. Cuando le envié a la puta mierda me respondió cantando…

Die Fahne hoooooch!
Die Reihen fest geschlosseeeeen!
SA marschieeeeert
Mit ruhig und festem Schriiiiitt
Kam’raden, die Rotfront und Reaktion erschosseeeeen,
Marschier’n im Geiiiiist
In unser’n Reihen miiiiit

A lo que yo repliqué berreando…

Rastsvetali iabloni i grushiiiii,
Poplyli tumany nad rekoooooj.
Vykhodila na bereg Katyushaaaaa,
Na vysokij bereg na krutoooooj.

En ese mismo instante aparecieron dos enfermeras que se pusieron a bailar frenéticamente y dos minutos más tarde el director del hospital nos hizo callar a todos y entonó de una manera que solo se puede calificar como sublime el himno anarquista en su versión castellana…

Salud proletarios, llegó el gran díaaaaa;
dejemos los antros de la explotacióoooon,
no ser más esclavos de la burguesíaaaa,
dejemos suspensa la produccióoooon.

Me dieron el alta a mediodía y llegué a mi casa media hora más tarde. Todavía me dolía el estómago así que decidí tumbarme en el sofá y puse la tele: bla, bla, bla. Más bla, bla, bla. Pero entre el decimosexto bla, bla, bla y el decimoctavo una información poco destacada me llamó la atención…

«Esta mañana en el Hospital Provincial se ha habilitado la quinta planta durante tres horas para rodar una escena del film «Usurpadores toqueteantes», producido, dirigido e interpretado por Gregory Pez». 

En ese mismo instante me di cuenta de que yo no era uno de esos mierdecillas pobres que pululan por todas partes sino un artista respetado, con infinito talento e increíblemente rico. La gente me adoraba, algunos incluso se masturbaban con mis fotos en bañador. La casa y el sofá donde me encontraba pertenecían a la prostituta de alto standing que había contratado una semana antes y, en general, todo, todo, todo en my life era sensacional y apoteósico. Pero de repente, mi nariz se abrió hacía arriba como si tuviera una minúscula bisagra de epidermis irreal debajo de los ojos y de dentro de mi cabeza salió un pie.

Fue entonces cuando reparé en que estaba loco y necesitaba asistencia psiquiátrica urgente.