Email del 9 de julio 2019

Leonardi Manuel. Purple panties (XXI century)

NOTA: Este es un texto europeo.

La primera vez que me encontré una braga perdida fue a bordo de un bateau mouche por el Sena. Desde entonces me he encontrado 39 bragas en distintas localizaciones:

-Cuatro bragas (incluyendo las del Sena) en Francia entre los años 1979 y 1982.
-Tres bragas en Ciudad del Vaticano, todas ellas la misma noche (14 de marzo de 1987).
-Ocho bragas y media en España, de ellas cuatro en Valencia, una en Madrid, dos en Valladolid, una en Huelva, y media dentro de la boca de un perro callejero que caminaba satisfecho por una callejuela de Pontevedra.
-Tres bragas y un calzoncillo dentro de una botella flotando en el Mediterráneo catalán. Por supuesto el gayumbo no me interesaba y lo tiré al mar. Además ni siquiera era de mi talla o marca preferida.
-Seis bragas en Varsovia y Torún (Polonia). De esas seis bragas, cuatro eran de talla descomunal y olían a nalewka, pero después de cinco convenientes lavados a mano pasaron a formar parte de mi colección privada.
-Trece bragas de varias tallas y calidades que alguien me envió por correo mientras estaba cumpliendo dos años de prisión por un allanamiento desigual. Una de ellas estaba firmada por una tal Sebastiana nosequé (o puede que Sebastian nosecuántos).
-Dos bragas en el asiento de un cine Porpor (porno portugués).

En 2017 la cajita donde guardaba las bragas ardió espontáneamente y solo pude salvar tres cuartas partes de la media braga masticada por el perro pontevedrés, un tercio de una de las bragas descomunales polacas y una de las solapas de la tapa de la caja, creo que la derecha. Desde entonces no he vuelto a encontrarme ninguna otra braga, aunque hace un par de años me encontré por casualidad la marca comercial de una braga de calidad descosida de lo que en su día fue una braga de calidad. Aún así la subasté en Ebay y un tirolés me pagó 2.45 euros que me sirvieron para pagar un cortado y dos mini-cruasanes en un bar asiático que casualmente estaba al lado de una mercería que había sido atracada en siete ocasiones (una al día) durante la última semana de noviembre.