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| Bo Joseph. Semen and milk (1997) |
Querida:
Me encontraba centonizando mi propia versión de «SDSS1416+13B (Zercon, a flagpole sitter)» de Scott Walker, cuando algo parecido a una llama espectral se posó al revés, es decir, como si fuese un quiróptero de tamaño mediano, bajo una de las ramas más tortuosas del Ficus lyrata que me regaló unos años atrás la famosa homicida y embalsamadora Casilda Cienfuegos. Al principio creí que se trataba de un claro caso de rayo globular o incluso de un fuego fatuo, pero cuando me acerqué lo suficiente pude comprobar que en realidad esa llama fantasmal no era más que una gota de semen de considerable tamaño que brillaba gracias a la luz del sol. Seguramente esa gota provenía de mi última automanipulación sexual, efectuada con demasiada pasión unas pocas horas antes. Así que me armé con una gamuza de microfibra que previamente había humedecido con colonia Jacq’s pour homme, limpié a fondo la rama, casi de forma psicopática, y me senté sobre el sofá a contemplar la nada.
Estuve unas cuatro horas contemplando la ausencia incondicional y definitiva hasta que me entraron ganas de continuar con la centonización de «SDSS1416+13B (Zercon, a flagpole sitter)». Te juro por Linda Blair que centonicé y centonicé hasta que me fue imposible continuar centonizando, así que decidí deshiperqueratosizar mis talones. Para ello usé una cuchilla especial que no necesita que la dureza epidérmica esté en remojo. Cuando me libré de todos esos endurecimientos volví a la contemplación de la inexistencia durante otras cuatro horas hasta que al fin reparé en que entre unas y otras cosas había despilfarrado 18 horas de mi vida. Horas que jamás volvería a recuperar.
Te escribo todo esto porque he intentado contárselo a mi vecino Remigio, a su mujer Remigia y a su hijo Remigín y me han enviado a la jodida puta mierda.
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