Email del 11 de diciembre 2019

Albert Bloch. Conference (XIX-XX century)

Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: El caso del asesino chef deprimido.

El churrero castañero ambulante y detective aficionado García Pérez se encontraba impartiendo una conferencia magistral en un aula vinculada al cuartel de la Guardia Civil situado en una localidad importante de Valencia, cuando uno de los 477 asistentes levantó el brazo.
—Señor Pérez García…
—Me llamo Gar-cía Pérez. ¡Continúe, por fa-vor!
—Perdóneme, se lo ruego. Quería preguntarle acerca del famoso criminal llamado «El asesino chef» o «El asesino chef deprimido». ¿Por qué tras 18 asesinatos y con una clara firma, todavía no ha sido ni identificado ni detenido?
—El a-se-si-no chef comenzó su «carrera», y permítanme lla-mar-lo de esa forma, su «carrera» criminal con el a-se-si-na-to de Facundo Rubio el 23 de septiembre de 1988. Como todos saben, este psi-có-pa-ta siempre deja una firma después de cometer cada crimen: una comida pre-pa-ra-da en la cocina de cada víctima, elaborada con los a-li-men-tos que encuentra en en los armarios o nevera, y una nota que siempre es igual y en la que lo ú-ni-co que cambia es el nombre del plato que ha preparado. En este primer a-se-si-na-to el asesino chef elaboró unos tacos de carne de cor-de-ro cocinados a baja temperatura en un adobo de chile ja-la-pe-ño, polvo de hoja de aguacate y puntos de e-mul-sión de anón. Y así lo comunicó en su nota, que sim-ple-me-nte decía, y cito textualmente, «He matado bien y he co-mi-do bien. En la mesa verán los restos de los tacos de carne de cordero co-ci-na-dos a baja temperatura en un adobo de chile jalapeño, polvo de hoja de a gua-ca-te y puntos de emulsión de anón. Cocinaré pronto otra vez, ca-ba-lle-ros.»
—¿Por qué pasaron de llamarle «El chef asesino» a «El chef asesino deprimido»?
—Hasta el asesinato nú-me-ro 11, acontecido en la calle Piñatas, nuestro cri-mi-nal gourmet confeccionaba comidas más o menos elaboradas, como he dicho antes, con los pro-duc-tos culinarios que encontrara en los do-mi-ci-lios y luego se las comía y nos dejaba la co-rres-pon-dien-te notita. Pero a partir de este crimen, sus con-du-mios pasaron a ser muy simples y relativamente mal con-di-men-ta-dos. ¡Me refiero a la sal, pimienta! ¡Ya saben ustedes lo que quiero decir! En este caso el homicida pre-pa-ró una tortilla de patata, sin ce-bo-lla con aceite de gi-ra-sol. ¡Y solo se comió la mitad! En el siguiente ho-mi-ci-dio compuso una es-pe-cie de bocadillo de jamón, sin ni siquiera añadirle un cho-rri-to de aceite virgen extra. Y desde entonces hasta el úl-ti-mo delito ocurrido hace un par de semanas, todas sus comidas han sido bo-ca-tas, de atún, de anchoas o de pimientos de lata, o en-sa-la-das muy, muy simples. Por ese motivo, y ya que en todos los do-mi-ci-lios había suficientes alimentos tanto en los fri-go-rí-fi-cos como en las alacenas, suponemos que por algún motivo, nuestro hombre está sumido en un estado de-pre-si-vo profundo, es decir, el tipo no puede con su al-ma.
—¿Y no podría tratarse de un imitador poco instruido en restauración gastronómica?
—Hemos a-ve-ri-gua-do por medio de los grafólogos de la Be-ne-mé-ri-ta que la caligrafía de todas sus notas, pre o post, de lo que nosotros creemos que es una clara postración me-lan-có-li-ca, es totalmente idéntica. ¿Alguna pregunta más o puedo proseguir con mi di-ser-ta-ción? A ver, usted, el que está detrás de esa se-ño-ra de azul marino.
—¿Cuántos años creen que puede tener y a qué puede deberse su depresión?
—Según los per-fi-la-do-res criminales de los picole… quiero decir, de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, se cree que este individuo puede encontrarse en un rango de edad com-pren-di-do entre 28 y 28 años y medio. En cuanto a la pre-gun-ta sobre qué o cuál es el motivo de su a-ba-ti-mien-to emocional, creemos que es porque, o bien se siente frus-tra-do porque nunca le toca ni una mísera de-vo-lu-ción cuando juega a la primitiva y al bonoloto o que se está di-vor-cian-do por tercera vez. Posiblemente ambas cosas al mismo tiempo. Ahora si me per-mi-ten, continuaré desde el punto donde lo había de-ja-do. Punto 3-C: Contexto de sos-te-ni-bi-li-dad y exhaustividad criminal nacional según los mo-de…
—¡Señor García! ¿Es posible que el asesino chef sea un verdadero chef?
—Por lo que a mí res-pec-ta, todo es posible, incluso que usted sea el a-se-si-no. Nunca cerramos ninguna puerta, ningún por-tón o portezuela. ¿Prosigo?  Punto 3-C…
—¡Churrero!, ¿alguna vez conoceremos…?
—Por favor, ya que soy un ex-chu-rre-ro, prefiero que se dirija a mí como señor García.
—¡Exchurrero! ¿Tambien excastañero?
—Señor, ¿qué tiene que ver mi an-te-rior pro-fe-sión con el te-ma de mi con-fe-ren-cia?
—¡No quise ponerlo nervioso, señor García Pérez!, exchurrero y castañero y transmutado como por arte de magia a investigador privado.
—Tuste, us, us us-ted no me po-ne-ne ner-vo-so. Y a-a-ho-ra con su be-ne-plá-ci-ci-to-to con-ti-nua-ré con-con-con…
—Señor García, usted no es más que un producto caduco de nuestra sociedad enferma. Lo mismo que sus muchísimos amigos tanto del Cuerpo de la Policía Nacional como de la Guardia Civil. No me extrañaría nada que este caso formara parte de un inmenso bluf para tenernos acongojados.
—¡Por favor, que se acerque se-gu-ri-dad y se lleven a este po-lli-no-no-no plo-mama-zo! ¿Es po-si-ble? Bien. En cuanto ter-mi-ne-ne esta bufonada con-ti-nua-ré, pro-se-gui-ré…
—¡Señor churrero, es usted un burro! ¡Un asno! ¡Un pollino!¡Yo soy el asesino! ¡Yo soy Dios! ¡Soy la Sagrada Familia! ¡Estoy en Barcelona! ¡Déjenme, cretinos! ¿Soy la Santa Comunión! ¡Soy la Sagrada Familia! ¡Soy la Sagrada Familia! ¡Coño, se me ha caído parte de la mampostería!
—Bueno, pa-re-ce ser que este pe-pe-noso suceso ha ter-mi-na-do, fi-na-li-za-do. Pro-pro-blablemente, quiero decir, pro-ba-ble-men-te lo llevarán al frenopático provincial más cercano. ¡Bien! Punto 3-C: Contexto de sos-te-ni-bi-li-dad y exhaustividad criminal nacional según los mo-de-los actuales…