marzo 2020

Email del 31 de marzo 2020

Caspar David Friedrich- Wanderer above the sea of fog (1819)

Querida, este es un texto sencillito…

Entre los grandes desesperanzados de este tiempo, yo soy de los pocos que destacan por encima de la mayoría. Voltaire dijo, y creo que con mucho acierto, que un pesimista es un optimista con experiencia. Supongo que en otros tiempos yo creía en el ser humano, y juzgaba cada uno de sus movimientos, tanto en solitario como en sociedad, con una actitud favorable. Digo que lo supongo porque no lo tengo demasiado claro. En numerosas ocasiones he preguntado sobre esta cuestión a mis padres y al resto de mis familiares y sus respuestas no han sido nada concluyentes, ya que más de la mitad de ellos tienen la memoria peor que la mía y el resto está demasiado ocupado prejuzgando a los que les rodean como para sentirse libres de contestar a una pregunta tan inocente.

Siempre he dicho -y lo repetiré hasta la muerte, o incluso después de mi muerte- que el ser humano, o por lo menos la casi totalidad de los que se han puesto delante o detrás de mí en estos últimos 58 años, formaban parte de una inmensa manada. Por supuesto, no voy a especificar de qué clase de manada, pues todavía me quedan algunos días, puede que incluso años, de permanencia en el planeta y no quiero ser señalado con ningún dedo. No obstante puedo darte una pequeña pista: los que no rebuznaban, gruñían.

El cerebro de un desalentado es como el cajón donde se guarda cualquier cosa; desde las fotos de un sobrino hasta los calcetines agujereados que esperan un remiendo liberador. Afortunadamente, si exceptuamos el papel de periódico que protege a la base, mi cajón está absurdamente vacío. En ocasiones guardo algún jodido recuerdo, pero la mayor parte del tiempo lo utilizo como diana de tiro al blanco. A veces acierto en el centro, aunque casi nunca me acerco a comprobar los resultados. Sé que es mi cajón, y estoy convencido de que es diferente. Y eso suele ser suficiente… casi siempre.

Greg

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Email del 30 de marzo 2020

Autor desconocido. Coronavirus de los cojones (Siglo XXI)

Hola:

La presencia de ciertas justificaciones más o menos aprensivas o hipocondriacas añaden una enorme riqueza a mis continuas súplicas y perturbadores lloriqueos antiCOVID-19. Si quieres saber cuáles son esas excusas argumentales no dejes de comprar y leer mi próximo libro que saldrá a la venta la segunda quincena de septiembre con el título Creo que he visto un lindo coronaviruscito. Pero, supongamos que no quieres salir a la calle a comprar mi libro en septiembre. ¡Ni siquiera en octubre o noviembre! Quizá, porque hayas sucumbido al bichito o a la intubación, o simplemente porque te importan un comino mis textos. Si eso sucediese podría comprender que fallecieses en la oscura soledad de un hiperesterilizado hospital de campaña, pero no podría admitir bajo ningún concepto que ninguneases mi magistral y fabuloso uso del lenguaje.

Ñeg L. Pérez

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Email del 28 de marzo

Theodule Ribot. Le cuisinier comptable (1862)

Querida:

Esta mañana he estado escribiendo poesía con panceta ahumada. Bueno, en realidad la he escrito con el teclado, aunque escuchando completamente ensimismado el burbujeante chisporroteo que emitían las finas lonchas de beicon curado mientras se freían a fuego lento sobre la sartén de teflón. Los siguientes versos fueron pensados y redactados durante los dos minutos y medio que duró el proceso.

¡Al final no vendrá nadie! 
Todos a los que esperaba han dejado de ser, 
estar, 
parecer, 
aparentar, 
y lo que es más arriesgado, 
pensar. 

Una vez di cuenta del tocino y me limpié las comisuras de los labios con una servilleta de tela, llegué a la conclusión de que tanto el procedimiento creativo literario como mis técnicas culinarias necesitaban de un arrobamiento ontológico. Por esa razón decidí aprovechar el aceite del cerdo para freír dos huevos frescos a los que añadí un poco de sal yodada. La operación no duró más de tres minutos. Mientras esperaba que el huevo se enfriara un poco me senté y escribí la segunda estrofa.

Las circunstancias esqueletizadas
se aparecen ante mi puerta
como un resplandor iluminando una carretera oscura.

Por supuesto, después de quedarme plenamente satisfecho con los tres versos me zampé los huevos y rebañé el plato con los dedos, pues ya no me quedaba pan. Mientras me chupaba el índice y parte del pulgar recordé que aunque generalmente mi determinación es inquebrantable, inalterable, inexpugnable e inexorable, en ocasiones sentía la imperiosa necesidad de yacer y gemir. O reposar y llorar. O tenderme y suspirar. De repente llegué a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era tumbarme en el suelo, masturbarme y patalear. Pero antes debía finiquitar el maldito poema, así que volví a ponerme con él, no sin antes recoger los platos y cubiertos de la mesa y procurarme una servilleta de papel donde depositar mi semen.

¡Al final continuaré solo!
Todos a los que conocía han dejado de reconocerme,
quererme,
abastecerme,
conmoverme,
y lo que es mucho mejor,
joderme.

Y eso fue todo, amiga mía. La próxima vez que me haga otra paja iré directo al grano, así me evitaré tener que pasar por las putas poesías y los jodidos cursos de ancienne cuisine. Te lo jura o promete…

Greg

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Email del 27 de marzo 2020

Kazimir Malevich. Illogical figure of a man (1916)

Querida:

El primer ejemplo que se conoce de poesía incomprensible corresponde a «Sobshbrimeij», poemario escrito en el siglo XI por un autor anónimo. Aunque solo se conservan cuatro versos completos y tres incompletos y todavía nadie ha sido capaz de traducirlos o descifrarlos, se sabe a ciencia cierta que pertenecen a una autentica obra maestra. Trataré de copiarte dichos versos…

VERSOS COMPLETOS
Sufulo ef injata li ojn li frofaben
cahalab li potomo ino subt do frana
yj drosod li trash onja insunaken
rosantura il meseftu ohlo frusu barana

VERSOS INCOMPLETOS
Quiehe — — —- frutuflin —- porbo
—ahnjaniva basal —- il mordingia 
gursabodilik —– —— —- — —- 

Te cuento esto porque el próximo mes de mayo, si el coronavirus lo permite, van a ser publicados en una recopilación de textos incongruentes junto a algunos de los mejores autores de prosa o versos incoherentes, absurdos e ininteligibles como Morsl Pérez de LL, Carlos Slas Porropo o L. P. Mus Sus, también conocido por «el Morenillo de Artafernes». ¿Adivinas a quien han solicitado un pequeño prólogo? Efectivamente, a mí. Como eres mi amiga desde hace 45 años y solo mi enemiga durante  los últimos siete meses voy a copiarte los dos primeros párrafos de dicho preámbulo para que certifiques mi ingenio y originalidad.

«No podía negarme a hacer una escueta presentación de «Fosolafrias y estacolehenes», selección de escritos, relatos y tratados filosóficos escritos en idiomas inventados por algunos de los mejores y más obviados autores españoles. Supongo que algún avezado lector se preguntará a quién pertenece el título de la compilación y si en realidad quiere decir algo. La respuesta es tan simple como la respuesta del «rostreñero anlisma» al «buzucardo nofo» en la narración «Goliencia prismotida infonaca» del maravilloso L. P. Mus Sus. Pero había que inventar un epígrafe y se me pidió graciosamente a mí la tarea». 


«Cada edad tiene sus infinitas aproximaciones al universo y el género literario inconexo y enmarañado son parte de las aproximaciones del ayer y del hoy. Si he de ser sincero confieso que prefiero la literatura prefabricada con vocablos que todo el mundo comprende, pero no por esa misma razón, es decir, por ser capaz de asimilarla, sino porque es mucho más sencillo resumir una obra coherente, racional y sensata si se es un auténtico haragán negligente como lo es el que escribe este «nusfrutoso» prólogo».

G

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Email del 25 de marzo 2020

Vasily Polenov. Right hand, keeping the staff (1885)

1-Pocilga.
Cuando una cucaracha camina sobre el suelo de mi vivienda me ofrece abundantes razones para pisotearla. Sin embargo jamás he reventado a ninguna. Supongo que el motivo es porque tanto el blatodeo como yo interpretamos unos roles predeterminados. ¡Y porque cada vez quedan menos isópteros! En realidad nunca he sido un tipo violento. Sí, he partido algunas narices humanas, no voy a ocultarlo, pero siempre ha sido porque, de alguna manera, sus propietarios me lo pedían con su comportamiento. No, no me siento especialmente orgulloso, tampoco me arrepiento. Aunque me hubiera emocionado mucho más partirles las jodidas napias a algunos dirigentes y gobernantes, pero por culpa de mi condición de paria emocional y desarraigado social nunca pude acercarme a menos de 350 kilómetros de ellos. Y aunque de vez en cuando desaparece alguno, todavía quedan un montón en el planeta. Ellos son los que desde sus mansiones palladianas toman las decisiones que nos acercan a la aniquilación total.

2-Jitanjáfora.
Ocurrió hace bastantes años. De repente tomé conciencia y dejé de obedecer. Seguí comprando y consumiendo porque no me quedaba otra opción. ¡O estás dentro o estás fuera! Si estás fuera nada te pertenece. Ni siquiera tu nombre o las ramificaciones de tu árbol genealógico. Si estás dentro el precio es el infinito. Pero el infinito es finito. ¡A menos que uno sea un estólido esquizoide! La idiotez y la esquizofrenia no conocen límites, en consecuencia son capaces de atravesar el espacio y el tiempo.

3-Factótum.
A menudo pienso en mi ex. ¡En mi exapego a cualquier clase de certeza! Por lo tanto se supone que trato de considerar, valorar y hasta quizá juzgar mi ambiguo desapego. Sin embargo, o mejor dicho, de vez en cuando, alguna dimensión moral o acontecimiento reflexivo abusa de mi voluntad violable. En esos instantes, intento desarticular los acontecimientos de la única forma que sé que no implica un cambio profundo, objetivo y permanente. 

4-Cendrillon ou La petite pantoufle de verre.
Mi vinculación con el zapato de cristal de Cenicienta dio un giro a mi vida. Y eso que yo solo limpié el vidrio. Desde entonces ya nunca limpio los cristales de las ventanas. Ni siquiera los espejos. Es extraño cómo un vínculo pudo llegar a cambiar mi carácter. Si en lugar de adecentar el jodido zapato hubiese degollado a Cenicienta y hubiese puesto el cuchillo en las manos del príncipe azul… Bueno, supongo que mis ventanas y mis espejos estarían tan lustrosos y brillantes como los del antiguo anuncio de Cristasol. Sin embargo todo salió al revés. Me despidieron de Cristasol y mi cuento continuación del de Perrault fue ignorado por completo por todas las editoriales ibéricas. Cuando un pequeño librero francés decidió traducir y publicar mi obra, sus tres hijas de 12, 19 y 24 años aparecieron asesinadas y todos los cristales de su apartamento destrozados. Todos menos el que hacía de tapa de una caja de madera, posiblemente fabricada a finales del siglo XVI en algún departamento francés. Supongo que dentro debería haber descansado un zapato de cristal oculto bajo varios trozos maravillosamente cortados de papel de seda blancos, pero los albaceas del impresor huérfilo solo encontraron un vacío muerto.

5-Triunvirato o tetrarquía.
López se acerca a Pérez en su aspiración a la imparcialidad. García se acerca a López en un sentido, digamos, autoritario y poco reflexivo. Pérez se acerca a García en ciertos aspectos inherentes al pasado de cada uno. García se acerca a García y no cree lo que ve. López se acerca al segundo García, que en realidad es el único García y le descerraja cuatro tiros en la cabeza. Pérez se arroja sobre el suelo mientras grita que no se va a comer el marrón y el verdadero García salta por la ventana.

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Email del 23 de marzo 2010

Pierre Alechinsky. Tireur de langue profilé (1964)

Querida:

Hace un rato me he sentado en uno de los taburetes de mi barra de bar casera y me he preparado una copita de absenta con limón y jengibre. Después de darle algunos sorbitos dispersos me he dedicado a lo que verdaderamente era importante para mí: procesar con ovante panema los dos octavos de onza -con valor aproximado de cuatro maravedís- de semillas de ricino hasta convertirlos en veneno citotóxico y mortal. En principio la ponzoña estaba destinada a servir de auto-eutanasia en tiempos de SARS-CoV-2, sin embargo en un momento dado me he preguntado si quizá añadiendo dos o tres gotitas al ajenjo lograría reforzar su potencial dipsomaniaco. El resultado ha sido desesperanzador. Y pienso publicar mi experiencia en el primer número que salga a la venta de la revista Genética regresiva autodestructiva  tras la debacle COVID.

Porque el (o la) COVID-19, junto a la oligofrenia realmente avanzada de una parte muy numerosa de nuestros dirigentes mundiales nos va a llevar a lo que mi prima Tomasina denomina «lo a rouno de la a ierabe iera», es decir, «lo más profundo de la más miserable mierda». Tomasina es incapaz de pronunciar las emes, las eses, las pes, las efes, las des y las eles desde que hace 10 años -mientras hacía una fellatio verdaderamente pasional y sincera a un congelador- se le pegó el labio superior a uno de los lados internos del compartimento. Aunque la operaron en siete ocasiones nunca volvió a ser capaz de utilizar correctamente dicha parte carnosa de la boca.

G

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Email del 21 de marzo 2020

Adriaen van de Venne. A man carrying a sack (1626)

EL SEXO EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Consultorio de la neumóloga Casilda Panderrana.

Señora Panderrana:

Me llamo Arsenio Jacaranda, tengo 56 años y soy fabricante de sacos de arpillera. Vivo en Valencia, estoy casado y no tengo hijos. Quizá por esa razón los niveles de mi testosterona son francamente desproporcionados. Desde hace unas cuantas semanas, y sobre todo, debido al peligro que representa el coronavirus, tanto mi señora como yo hemos decidido dormir en habitaciones diferentes, comer en cocinas diferentes y asearnos o hacer nuestras necesidades en váteres diferentes. Afortunadamente nuestra casa tiene nueve habitaciones, tres cocinas y cuatro aseos. Mi pregunta es: ¿si le pongo a mi señora un saco en la cabeza para que no me contagie y le hago uno o varios cunnilingus seguidos, podría trasmitirme el maldito bicho? Por supuesto el saco no tiene por qué ser de arpillera, podría ser de lino que es mucho más suave. Mi hermano Lino, precisamente, fabrica sacos de lino. Podría pedirle que me cambiara uno de sus sacos por uno de los míos sin ocasionar demasiados problemas al gremio de los fardos, sacas y costales.

Finalmente, si me lo permite, me gustaría darle las gracias por su consultorio. Hace tres meses le envié una pregunta relacionada con el yoga y las flatulencias que nunca me contestó. Espero tener más suerte en esta funesta ocasión.
Suyo:

Arsenio Jacaranda

Señor Jacaranda. Le ruego que acepte mis disculpas acerca de su cuestión sobre el yoga y las flatulencias, pero nunca contesto a preguntas que ya han sido formuladas con anterioridad. Si es tan amable de utilizar el buscador que encontrará en la parte de arriba, justo a la izquierda, y escribe entre comillas «yoga» o «flatulencias» o incluso «yoga sin flatulencias», encontrará la respuesta que en su día ofrecí, con el máximo de rigor y empatía, a otros usuarios que se hicieron la misma pregunta.

En cuanto a la respuesta a su pregunta sobre el cunnilingus, los sacos -ya sean de arpillera o de lino- y el coronavirus, mi respuesta es muy simple. Puede ponerle un saco a su señora, siempre que ella lo autorice por escrito y el saco esté completamente higienizado. También le recomiendo que después de terminar con el acto usted mismo preste su cabeza, o lo que pueda quedar de ella, para ser ensacada en igualdad de condiciones, mientras su mujer se carcajea del ínfimo tamaño de su miembro al mismo tiempo que le aprieta el cuello hasta la asfixia total.

Con cariño

Casilda Panderrana

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Email del 20 de marzo 2010

Paul Fürst. Der doctor Schnabel von Rom (1656)

Querida:

Nos encontramos en unos momentos sin precedentes cuyo futuro se antoja lamentable. La culpa, por supuesto, la tenemos todos. ¡Es tan maravilloso vivir en una sociedad capitalista! ¡Yupiiii! ¡Yupiiii! ¡Viva la globalización descontrolada! ¡Tú produces, yo vendo y él me compra!. Y cuando llega el viernes o el sábado y nuestros cerebros se disponen al reseteo semanal de tanta mentira y tanta estulticia, nos encontramos seguros en nuestros castillos porque sabemos que ha llegado la hora de repantigarse en nuestros sofás chaise longue para contemplar el último programa en nuestras televisiones de ultimísima generación de tropecientas pulgadas.

Mientras escribo esto estoy descojonándome, porque sé que de alguna extraña manera…
¡el sueño ha terminado!  

Greg

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Email del 19 de marzo 2020

Henri de Toulouse-Lautrec. The dog (Sketch of touc) (1880)

Todavía recuerdo el día en que Mambrú se fue a la guerra. En realidad, cuando llegó al campo de batalla ya hacía cerca de dos semanas que había acabado lo que comenzó como un proficuo cambullón y se transformó en una inverecunda contienda. Estaba claro que Mam, como le llamaban casi todos, nunca llegaba a tiempo. Pero por favor, permíteme que describa a ese obsecuente tipejo: su cuerpo era delgado como una gramínea y su forma de andar me recordaba la de un periquito con exceso de cornezuelo en la sangre. Algunos de los que le conocían se referían a él como «el Tratra», ya que además de trasijado su aspecto era realmente trasojado. El color de sus ojos era de un rojizo-amarillento parecido al litargirio y cuando hablaba tendía a ladear la cabeza hacia el lado izquierdo.

Aunque en aquella época yo solo era su perro, las circunstancias de esos convulsos días me hicieron el relator perfecto. Si no conté antes esta pequeña historia es porque fallecí a los 14 años, una edad verdaderamente respetable para un cánido. Y aunque en realidad sigo muerto y mis huesos pronto serán la raíz de unos bonitos fósiles, he decidido recordar a quien quiera o pueda leer este texto que yo existí, ladré, me espulgué, me yunté y comí las sobras de cada una de las colaciones y refacciones de Mam, antes y después de ir a la jodida guerra.

Desde hace unos días, no recuerdo el número exacto, puede que cuatro o cinco, estoy dentro del cuerpo de uno de sus descendientes. Sé que antes o después tendré que abandonarlo y volver a ser parte de la nada más absoluta, definitiva y, por qué no, universal. Por esa razón trato de imaginar en movimiento el eviterno y sempiterno cúmulo de fotografías que nunca existieron por medio de tres crónicas históricas a las que llamaré Los informes Mambrú-Fifo.

El primero de ellos, que será publicado mañana, abarcará el periodo comprendido entre su operación de fimosis que casi lo lleva a la tumba y su primera epistaxis (o quizá su primera anexitis), es decir, desde febrero de 1931 hasta noviembre de 1937. El segundo texto, que publicaré 48 horas después, comprenderá desde diciembre de 1937 hasta el 1 de abril de 1939, día del final de la guerra. La tercera y última exposición finalizará la víspera de la jornada en que me atropelló una camioneta Ford 8HP.

Fifo Arf Arf

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Email del 17 de marzo 2020

Adriaen Brouwer. The bitter drunk (1630)

Mis años de serpentígero jacarandoso finalizaron hace casi una década. Desde entonces he intentado por todos los medios posibles llegar a esa especie de, llamémosla, teofanía estrapalúcica, en la cual uno intenta adormecer sus instintos más protérvicos. Sin embargo, y a pesar de mi recurrente estado iatrogénico, típico de un señoritingo cacaseno, lucíbrico y pirquinero, todavía siento que debería dar una oportunidad a mi corrector de juanetes y a algunas de sus sabias estrategias psicológicas.
CORRECTOR DE JUANETES: ¿Pero qué diantres te sucede? ¿Vas a seguir bebiendo hasta el final de tus días?
YO: Necesito vino. Necesito ginebra. Si no hay vino ni ginebra puedo contentarme con cuatro cuartillos de alcohol etílico.
CORRECTOR DE JUANETES: Eres… eres una pena de tío. Supongo que he estado haciendo el imbécil todos estos años.
YO: Tú has sido la salvación de mis pies. El problema es que ahora quieres salvar mi cuerpo y mi cuerpo quiere vino. Mi cuerpo quiere ginebra. Si no hay vin…
CORRECTOR DE JUANETES: Sí, lo sé. Si no hay vino ni ginebra podrías aguantar el mono existencial con un poco de etanol. Llevas diciéndome lo mismo desde hace años.
YO: ¿Sabes? Mi padre era el vicenosequé del CEAARCI. ¿Te das cuenta de mi cruz? ¡Del CEAARCI! Nada más y nada menos que del puto CEAARCI. Noto por la expresión de tu férula que desconoces lo que significa CEAARCI. Te lo diré, así aprendes algo. C de colegio, E de español, A de anestesia, A de analgesia, R de resucitación y CI de cuidados…
CORRECTOR DE JUANETES: ¿Intensivos?
YO: Intensivos, sí. Y yo ya hace mucho tiempo que no soy nada. Por eso necesito cuatro cuartillos de alcohol etílico. ¿Te enteras? Claro que si en algún lugar de la casa hubiese vino o ginebra…
CORRECTOR DE JUANETES: Mi madre era protectora de juanetes. Mi padre corrector de juanetes. Mi hermano, es decir tu tío, era separador de dedos. Toda mi vida me la he pasado pegado a callos y durezas. ¡Hasta que te conocí a ti. ¿Lo recuerdas? Entonces no lloriqueabas tanto. Claro que ha pasado mucho tiempo. Y el tiempo es…

El tiempo es un alcahuete delitiscente. En ocasiones tan suputante como un ejército de catacaldos. Mientras vacilo con mi lenguaje afectado siento como todo lo que no es, de alguna manera, pretende seguir no siendo. O no siéndolo. Y eso, se mire como se mire es un acto mezquino y miserable.
CORRECTOR DE JUANETES: El tiempo es un alcahuete delitiscente. En realidad no tengo ni idea de lo que estoy diciendo, pero algo me empuja a decirlo.
YO: Sería tan feliz con un vasito de vino o de ginebra en estos momentos.
CORRECTOR DE JUANETES: Delitiscente, sí. En ocasiones tan suputante como un ejército de catacaldos.
YO: Si no pudiera conseguir vino o ginebra me encantaría que alguien, quizá Dios o alguno de sus jodidos esclavos recaderos me sirvieran un cuartillo de alcohol etílico.
CORRECTOR DE JUANETES: ¿Por qué digo esas tonterías? ¿Delitiscente? ¿Suputante? ¿Catacaldos?
YO: ¿El vino? ¿La ginebra? ¿El cuartillo de alcohol etílico?
CORRECTOR DE JUANETES: Yo prefiero llamarlo etanol.

No estoy en Yerushaláyim, aunque cada una de mis írritas porciones corporales siguen arrojadas en el gazofilacio. Mientras intento arrejuntarlas escucho los sonidos de los zarembeques, los mitotes y las albórbolas que entran por las ventanas como pelotas de goma. Si no fuera tan circadianamente insustancial…
YO: Quiero etanol. Quiero metanol. El etanol, efectivamente es alcohol etílico y el metanol alcohol metílico. ¡Nunca he probado el propanol!
CORRECTOR DE JUANETES: No estoy en Yerushaláyim, aunque cada una de mis írritas porciones corporales siguen arrojadas en el gazofilacio.
YO: ¿A qué sabrá el alcohol isoprolítico?
CORRECTOR DE JUANETES: Mientras intento arrejuntarlas escucho los sonidos de los zarembeques…
YO: ¿De los qué?
CORRECTOR DE JUANETES: De los zarembeques. Y de los mitotes y las arbórbolas que entran por las ventanas.

La corruscancia… el barboteo… la palatibilidad…
CORRECTOR DE JUANETES: No, no estoy en Jerusalén, pero me disgusta tanta pretenciosidad.
YO: Necesito vino. Necesito ginebra. Si no hay vino ni ginebra puedo contentarme con cuatro cuartillos de alcohol etílico.
CORRECTOR DE JUANETES: ¿Pero qué diantres te sucede? ¿Vas a seguir bebiendo hasta el final de tus días?

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