Email del 6 de mayo 2020

Desmond Morris. The attentive friend (1972)

Textos inconclusos sobre personajes de mi barrio (o la vagancia del escribidor inepto). Texto número 6: Pepe le Frit.

Pepe le Frit era un tipo grande de tamaño y bajo de entendimiento que presumía de su grave trastorno otorrinolaringológico: «No puedo entender por qué me lleva tanto tiempo meterme una jodida raya por la napia». En realidad su nariz había dejado de ser una nariz hacía bastante tiempo, y aunque a menudo le gustaba pensar que quizá con una operación quirúrgica en la cual le sustituyeran el pingajo en que se había convertido su tabique nasal por otro fabricado en Washington D. C. podría seguir disfrutando de la farlopa hasta que se le cayese otra porción de dicha protuberancia saliente del rostro humano, quizá el meato inferior o algún cartílago lateral. Recuerdo la última vez que me crucé con él en la calle. ¡Aunque no recuerdo el nombre de la calle! Supongo que fue en la avenida del Primado López Pérez o quizá en la plaza del Yuntero, que es donde suelo pasar la mayor parte de las tardes sentado en un banco público. ¡Me encanta contemplar a la gente!
PEPE LE FRIT: ¡Hola, Grego!
YO: Hola, Pepe. ¿Dónde vas?
PEPE LE FRIT: Mejor sería que me preguntases de dónde (con tilde en la «o») vengo.
YO: ¿De dónde vienes?
PEPE LE FRIT: Vengo de casa de mi mejor amigo.
YO: ¡Qué suerte tener un verdadero amigo en estos días!
PEPE LE FRIT: Bueno, también (con tilde en la «e»), además (con tilde en la «a») de mi mejor amigo es mi camello.

Charlar con Pepe era bastante complicado, pues le gustaba resaltar las vocales que se tildaban desde que unos años antes alguien le señalara como uno de los «idiotas de tercer grado» más atontados del barrio. Desde ese día, Pepe se había dedicado en cuerpo y alma a apuntarse en un rollo de papel de los que utilizaban las máquinas registradoras todas las palabras que existían en el idioma castellano que llevaran tilde. Cuando no estaba seguro de alguna palabra se sacaba el rollo del bolso y desplegaba varios kilómetros de papel hasta que encontraba lo que quería. Por supuesto, en esos casos una pequeña conversación podía demorarse horas o incluso días.
YO: Mejor que mejor, chico. Amigo y traficante. No se puede pedir más…
PEPE LE FRIT: También (con tilde en la «e») es el hermano de mi novía. ¿Es novía (con tilde en la «i») o simplemente novia, sin tilde?
YO: Es novia, sin tilde. Las palabras llanas acabadas en «n», «s» o vocal no llevan tilde.
PEPE LE FRIT: Gracias, Grego. Te lo he preguntado porque eres de confianza. No soporto que me cuestionen.
YO: Yo nunca te cuestionaría. Me conoces, Pepe. Siempre encantado de ayudarte. Bueno, chico… ¡me tengo que ir!
PEPE LE FRIT: ¡Pero si acabas de llegar!
YO: No he llegado, Pepe. Hemos coincidido mientras nos dirigíamos a nuestros lugares de destino respectivos.
PEPE LE FRIT: ¡Que rabia me das! ¡Espera! Ese «que» debe llevar tilde. Comenzaré otra vez. ¡Qué envidia me das!
YO: ¿Por qué te doy envidia?
PEPE LE FRIT: Porque todas tus frases llevan muchas palabras. Bueno… quiero decir… tus palabras casi siempre llevan tildes… ¡Odio tener que recurrir a la chuleta!
YO: ¿Por chuleta te refieres a ese rollo interminable que llevas en el bolso siempre? Me fascina. Por cierto, hoy no lo has consultado.
PEPE LE FRIT: No lo he utilizado porque intento que mis frases lleven palabras que no se tilden. Así (con tilde en la «i») es más (con tilde en la «a») sencillo y la gente no se cachondea de mí (con tilde en la «i»). Me tomo muy en serio el culturizarme, ¿sabes?
YO: De eso se trata, Pepe. ¡Me ha encantado saludarte! Espero verte muy pronto! ¡Adios, chico!
PEPE LE FRIT: ¡Espera! ¡Adiós lleva tilde! ¡Adiós lleva tilde!

Dos semanas después de nuestra conversación RAE, Pepe se tropezó con el rollo de papel que le servía de chuleta mientras mantenía una conversación caminando con varios amigos y se golpeó el guiñapo contra el suelo. Por supuesto, con guiñapo me refiero al pingajo. Y con pingajo a la nariz. El impacto fue tan fuerte y violento que asustó a todos los otorrinos que vivían en un radio de cuatro kilómetros de distancia. Tras pasar cinco semanas en la UCI, Pepe falleció rodeado de ventiladores mecánicos, bombas de infusión, desfibriladores, monitores (tanto cardiorespiratorios como de presión arterial), oxímetros, sondas, catéteres y un montón de artilugios, la mayor parte de ellos, y esto me parece muy importante, tildados.

G

IMPORTANTE:
El texto anterior está patrocinado por Cilicios Carbonell.