Email del 9 de mayo 2020

L’Homme à la seringue (Anónimo)



SÉRIE NOIRE

La palabra fifijumbra, en argot benimacletero-alborayense, significa «clister». Los clisteres, también denominados enemas o lavativas son… Bueno, todo el mundo sabe lo que son y para qué sirven. Lo que desconoce casi todo este mundo y parte de los mundos restantes es que una empresa benifaionense fabricaba algunos modelos de fifijumbras… diferentes. Hace unos pocos meses entrevisté a uno de los nueve socios capitalistas de Fifijumbra SA con motivo de su salida a bolsa y me contó algunas cosas interesantes sobre su nuera. Sin embargo rehusó hablarme de sus productos. Al día siguiente entrevisté a su nuera, la cual no tuvo ningún reparo en describirme con todo detalle las cosas sucias que le gustaría hacerle a un chico de 18 años, si tuviera al lado a un chico de 18 años cuando su marido se encuentra lejos, muy lejos. Cuando le pregunté por los nuevos modelos de enemas dotados con tres salidas de USB 3.0 se abalanzó sobre mí, me tapó la boca con la mano y, claramente asustada, me dijo que si quería seguir viviendo me olvidase de ese tema. Luego estuvo tres horas hablándome sobre la sexualidad sagrada y el camino hacia la conciencia por medio de la autopenetración superior excelsa. Como no entendía nada de lo que salía de su arrugadísima boca decidí marcharme a casa, donde me tomé varios comprimidos de Ketorol y me metí en la cama. Mientras esperaba que me asaltase el sueño en forma de pesadilla estupradora llegué a la conclusión de que si quería sacar alguna información importante sobre Fifijumbra SA sería conveniente que comenzara por abajo, es decir, por los trabajadores y repartidores.

El lunes cayó como un tío gordo. Después de levantarme oriné y desayuné. Luego volví a orinar, me afeité y me vestí. Antes de salir de casa me lavé las manos, pues de repente recordé que había meado dos veces y ni siquiera las había puesto debajo del grifo. Mientras conducía con destino hacia el polígono industrial donde se levantaban tanto las oficinas como la factoría Fifijumbra SA 3 y Fifijumbra SA 7, reescribía para mis adentros las preguntas que iba a disparar a la parte más corruptible de su personal. Lamentablemente nunca llegué ni a las oficinas ni a Fifijumbra SA 3 o Fifijumbra SA 7. Ni siquiera al polígono industrial, pues sin comerlo ni beberlo me vi involucrado en la repentina segunda venida de Cristo y con ella algo semejante a otro jodido apocalipsis repleto de cuerpos de pecadores cercenados y sangre por doquier.

Yo me salvé por los pelos, pero la tercera parte de la población mundial sucumbió ante la fuerza devastadora vengativa. Entre ellos los nueve socios capitalistas de Fifijumbra SA, las nueras de todos ellos y la casi totalidad de empleados de los pabellones Fifijumbra SA 1, Fifijumbra SA 2, Fifijumbra SA 3, Fifijumbra SA 4, Fifijumbra SA 5, Fifijumbra SA 6, Fifijumbra SA 7 y Fifijumbra SA 8, también llamado «el ocho de Fifijumbra».