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| Francisco de Zurbarán. Virgin of the Misericordia (1634) |
Amiga, compañera y camarada:
Últimamente solo salgo a la calle enclaustrado en una vitrina. Soy consciente de que en cualquier esquina puede haber un bichito de Wuhan dispuesto para saltarme a la nariz o a la boca. Aunque la verdad es que salir de esa guisa tiene sus inconvenientes, pues tengo que contratar y pagar a cuatro tipos para que me lleven en andas y a otros dos para que alejen a la gente que quiere besar el cristal que me aísla. Según mi secretario procesional, en algunos barrios se me conoce como Mandagurrín que en argot barriobajero valenciano quiere decir «el santísimo pelón inmaculado, virtuoso y puro, que se pasea portado y sin manto de flores». Ayer, sin ir más lejos, un grupo de unos 30 o 40 ciudadanos siguieron mi recorrido durante varias calles mientras canturreaban…
Hosanna hey, sana sana sana oh
sanna hey, sana oh, sannaaaaaa.
Oh Mandagurrín, Mandagurrín, alejate del sanedrín
Sanna oh, sanna hey, superstaaaaaar.
La verdad es que como ateo militante -y apóstata desde hace más de una década- me siento bastante sorprendido cuando la chusma intenta santificarme. Aunque por otra parte, y como profundo conocedor del vulgo y de sus más recónditos misterios, no me extraña demasiado que sigan líderes por el único hecho de seguir a cualquier cosa que se desplace, y de esa manera otorgarle otro sentido a sus vidas, vacías, disponibles y repletas de estulticia, penitencia, mortificacion y santos mártires. A menudo he pensado en hacerme gurú. Podría llamarme Mandagurrín de los pastorcillos del cornezuelo o incluso Mandagurrín Sri-Krishnaia y hacer una pasta con la imbecilidad ajena. Y cuando tuviera llena la bolsa me dedicaría a acabar mis días encerrado en el Hogar del Lenocinio, la mancebía que yo ayudé a crear hace cinco años y de la que fui destituido por mis dos socias maritornes.
Pero creo que estoy divagando. En realidad lo único que verdaderamente deseo es que ciertos caudillos de extrema derecha sean abducidos por los extraterrestres. ¡Solo de pensarlo se me solidifica el semen! ¡Aunque también me valdría que muriesen pisoteados por una vacada de reses bravas o asesinados por cualquier descerebrado que pertenezca a otra facción, clan, partido, secta o como quiera denominarse a cualquier organización, asociación o grupo cuya ideología se sostenga gracias al desprecio, la desconsideración o la calumnia.
Palabra del redentor y gracia divina, Mandagurrín de las tejas cetrinas
