Email del 23 de mayo 2020

Rogier van der Weyden. Man holding book (1449)

Querida:

He estado releyendo el primer relato corto que escribí hace más de 40 años. De hecho he estado releyendo toda mi obra compuesta por 25 libros y 10 volúmenes con poesías, dibujitos y textos cortos e incoherentes. ¡En total cerca de 14000 páginas! Me ha costado casi cinco meses pero ha valido la pena. ¡Ahora sé que soy una puta mierda de escribidor de los cojones! ¡Joder! He vendido miles y miles de ejemplares y algunos de mis engendros han sido reeditados hasta en 17 ocasiones. No comprendo cómo he sido capaz de engañar a tantísima gente y en tantísimas ocasiones. Bueno, en realidad si que lo sé: las calles están repletas de imbéciles. A los imbéciles, también denominados botarates, es extremadamente fácil darles micho por lebrato. Tan sencillo como inventar -junto a un editor sin escrúpulos- unas pocas frases del tipo «Literatura para inteligentes! o «Puede no resultar sencillo leer a nuestro autor estrella». ¡Todavía recuerdo las risotadas caballunas del equipo de edición mientras se inventaban los prólogos, proemios y prefacios!

Voy a copiarte media página de una obrita que escribí hace 27 años. En aquella época nunca salía de casa sin haberme metido dos o tres chutes de una mezcla que inventé y patenté yo, y que además de caballo y farlopa contenía glicerina, polvos de talco y secreciones vaginales liofilizadas. El libro se titulaba Empiécese y afortunadamente está descatalogado, aunque todavía se puede conseguir por una pequeña fortuna en alguna librería de viejo.

Recuerdo que se acercó a mí con la nariz y la boca mojadas mientras se maldecía a sí misma por no haber sido capaz de olisorber…
—¡Espera! ¿Has dicho olisorber?
—¡Sí!
—¿De donde has sacado ese término?
—¿Tan importante es para ti saberlo? Creo que es el resultado de una mala traducción de algún libro de Joyce, pero no estoy segura.
—Bueno, supongo que es una combinación bastante mediocre de oler y sorber…
—He intentado olisorber y mira el resultado. Soy capaz de oler o sorber pero no de oler y sorber al mismo tiempo. Sin embargo puedo olisqueaspirar sin ningún problema.
—¿Olisqueaspirar? ¿También es de Joyce?
—No. Es de Marisa Garrigues.
—Marisa Garrigues eres tú.
—Marisa Garrigues soy yo en algunas ocasiones.
—No sabía que tuvieses otro nombre…
—Cuando me conociste solo era M.
—¿Ahora eres M o Marisa Garrigues?
—Ahora no soy ninguna de las dos. Intento… ¿sabes? intento olisorber, pero a ti te es indiferente si el resultado no es el correcto. Simplemente te pones delante de mí y me haces esas preguntas inútiles…
—Ninguna pregunta es inútil.
—Es posible, pero mis respuestas sí que lo son. Me gustaría que dejases de seguirme…
—¡Es difícil! ¡Vivimos juntos!
—Entonces enciérrate en otra habitación. O mejor, enciérrate en ti mismo. Es lo que mejor sabes hacer cuando no estás husmeaveriguando lo que hago.
—¿Husmeaveriguando lo que haces? Trataba de que comprendieses que olisorber u olisqueaspirar fallidamente no es el fin del mundo. Por mí puedes hasta saborrelamer cualquier objeto. Yo estoy aquí… siempre estaré aquí… ¡Incluso cuando vuelvas a ser M!
—¡Necesito intentarlo!
—¿Te refieres a volver a ser M?
—¡Necesito saborrelamer!