Email del 31 de noviembre 2020
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| Daniel Richter. Delirium tremens (1996) |
Amiga:
Cada vez que bebo despierto más alejado de la realidad…
Arrostré enormes dificultades para que mi amante, Paquita «la Ita», pudiera ser incardinada en el grupito que iba a salir en la instantánea. Mientras todos posaban con sus sonrisas más desquiciadas y el fotógrafo se lamentaba mirando al cielo con rostro lastimero, yo me alejé hacia la lontananza. Una vez distanciado lo suficiente me senté junto a un muro y me dispuse a hacer una de las pocas cosas que detestaba, es decir, esperar. Desde esa distancia podía contemplar al grupo y al retratista convertidos en puntitos poco enfocados, así que decidí contar los vanos exteriores del edificio de enfrente para no aburrirme demasiado. Sin embargo pronto reparé en algo que parecía un texto garabateado torpemente. Me acerqué con un par de graciosas zancadas y después de limpiar mis lentes con la parte inferior de la camisa leí el grafito:
«Quien lo desee, podrá denunciar a la persona que viva o fije su morada en una tumba».
Todavía estaba intentando descifrar qué diantres querría decir la jodida frase cuando escuché algo semejante al gruñido de un úrsido. Como sabía que en ese barrio -y en cualquier otro barrio de la ciudad- no habitaban osos me pareció un sonido engañoso y me giré para contemplar quién cojones lo producía.
El tipo parecía un zombi de película de serie z, sin embargo acertó de lleno al morderme el cuello. Mi sangre comenzó a salir como un chorro de vino tinto cuando se agujerea un tonel con una piocha. Procuré zafarme del muerto viviente o bestia infrahumana y al final pude romperle el cuello con mis poderosas manos. Mientras intentaba pedir ayuda a los puntitos desenfocados agitando ambos brazos reparé en que mi pene se retorcía como si fuera un ratoncillo atrapado en una jaula diseñada para albergar un zunzuncito. Al cabo de unos pocos segundos tuve lo que solo se podría calificar como una erección zómbica que desgarró mi pantalón de Shein y mi calzoncillo de Alcampo.
Lo que sucedió a continuación es confuso. Recuerdo al fotógrafo devorando las vísceras de Paquita «la Ita» y poco más…
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