Segundo email del 31 de mayo 2013
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| Louise Bourgeois-Tracey Emin. Just hanging |
Hola, otra vez:
Llevo algunos días con un terrible dolor de cabeza, que en ocasiones, incluso me impide concentrarme en mis quehaceres habituales, como por ejemplo, inventar insultos, mi pasatiempo preferido desde que descubrí que tenía un talento especial para ese menester. No me extrañaría nada padecer de encefalomalacia o un cáncer craneal metastasiado. De todas formas, y pese a la molestia, intento seguir con mi vida y, cuando me quejo, lo hago con la cabeza introducida en un cubo de agua para molestar lo mínimo posible a las moscas que alegres vuelan zumbando por mi hogar.
Lo más problemático de las cefaleas, aparte del suplicio, es no saber cuánto tiempo pasará hasta que el Ibuprofeno, el Paracetamol o el Dolalgial empiecen a hacer efecto. Por cierto, mis abuelos maternos tenían un remedio infalible para eliminarlas, pero desgraciadamente mi abuela tiene Alzheimer y no se acuerda de ningún componente y mi abuelo lleva muerto casi dos décadas.
Los amerindios de las tribus Cherokee y Alibamu sólo conseguían librarse de las jaquecas suicidándose, aunque la verdad, me parece un método bastante impredecible. No es tan fácil auto-eutanasiarse. Y si no que se lo digan a Wild Squirt, que era el nombre artístico de una bailarina de streptease que conocí en mi juventud, y que intentó acabar con su vida en 34 ocasiones a lo largo de tres años sin conseguirlo. Y todo porque su barra de hierro, en la que hacía complicados movimientos eróticos, se oxidó debido a la continua humededad. Claro que también se lo podían preguntar a Mamerto «Big» Mamerto que, completamente deprimido porque su nombre era capicúa y, sobre todo, porque su novia se comía los mocos -pero no los suyos, sino los de su amante- trató de inmolarse arrojándose desde una altura de 25 cm fracturándose sólo el antehélix de una oreja.
Ahora voy a tratar de hacer algo que casi siempre minimiza el dolor, pero para eso necesito utilizar una mano, así que voy a acabar apresuradamente este segundo email, no sin antes desear que tus padecimientos físicos sean más benignos que los míos.
Saludazos
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