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| Vincent van Gogh. Boomwortels (1890) |
Hola:
-Aleph
Desde hace 250 días, cada vez que salgo a la calle me gasto 250 euros, por lo que mi cuenta bancaria se ha reducido considerablemente y mi saldo actual es de 250 euros. Es decir, el equivalente o la posibilidad de una única salida a la calle. Y creo que aprovecharé esa última salida para unirme a una seta. Perdón, quería decir secta. Se llama El dicasterio de los 450 milagros de Anselmita, la oveja consagrada de Yahveh y aunque creo que no admiten a nadie por encima de esa cantidad, tengo grandes posibilidades de ser aceptado porque a día de hoy solo quedan 249 adeptos. Uno de ellos se largó hace un mes por desavenencias con la mujer de la limpieza. Yo me he enterado gracias al corredor de faltriqueras de mi corredor de faltriqueras que tiene una sobrina que casualmente es esa señora. ¡Es maravilloso poder obtener información privilegiada! Me siento como si perteneciera al HaMosad leModi’in ulTafkidim Meyuhadim.
-Beth
Mercadona, Carrefour y DIA, son unos tontoooos, los treeees…
Lidl, Eroski y Alcampo, son unos tontoooos, los treeeees…
Consum, Cash fresh y Supeco, son unos tontoooos, los treeees…
Maxidía, Upper y Maskom, son unos tontoooos, los treeees…
Gadis, Vidal y Charter, son unos tontoooos, los treeees…
Hiperdino, Ulabox y Ahorramás, son unos tontoooos, los treeees…
(Canción de los clientes semitas unificados cabreados)
-Gimel
Al principio no le dí demasiada importancia, sobre todo porque aparte de mí, no creo que nada en este planeta tenga la más mínima significación. Pero cuando a un vecino de la finca de enfrente le desapareció el bote de supositorios de glicerina, me di cuenta de que el aviso de la Policía Nacional con el que estaba empapelado medio barrio no era una maldita broma.
«Les rogamos desconfíen de un supuesto técnico que llama a su puerta declarando ser de cualquier servicio oficial. Lo único que este facineroso pretende es robarle sus botes de supositorios de glicerina y para ello no dudará en dejar fuera de circulación a cualquier persona que se encuentre frente a él.»
Al enterarme de ese y otros sucesos obrados pretendidamente por el mismo malhechor, decidí introducirme los ocho que quedaban en el tarro. En ese instante llegué a la conclusión de que era mejor usarlos, aunque no fuera estreñido, que dejar que me los robasen. Lo que sucedió al cabo de media hora solo puedo definirlo como una intoxicación o inficionamiento y los efectos secundarios como una especie de alienación y esquizofrenia, pues estuve cerca de ocho horas cagando sin parar. Pero mientras cagaba veía una especie de flashes de color hez oscura pertenecientes a un cuerpo muy enfermo revoloteando alrededor de mi cabeza mientras una de ellas cantaba algo así como » Mierda eres y en mierda te convertirás» al mismo tiempo que las restantes le contestaban con una especie de «Chuchua, chuchua, ah, ah».
Cuando desperté todo era marrón verdoso.
-Daleth
A primera vista mi determinación es inquebrantable, pero si te acercas un poco notarás que mi determinación es claramente vulnerable. Sin embargo, si me miras desde 500 metros de distancia ni siquiera me verás a mí, y mucho menos a mi determinación. Por el contrario, mi indeterminación es vulnerable a cualquier distancia. Incluso si me miras mientras practicas posturitas raras o poco femeninas. Es increíble esto de las demostraciones. Por eso siempre estoy demostrando algo. Me gusta demostrar. Y mostrar. Hace algunos años me detuvieron por mostrar algo. No te voy a decir qué. Pero me quedé muy satisfecho de mostrar lo que mostré. Algunos de mis amigos siguen intentando convencerme de que no debí mostrar lo que mostré, pero yo estoy totalmente convencido de que cada uno de mis actos son necesarios para que el mundo ruede y no se produzcan incendios. Cada vez que no muestro ni demuestro se quema un edificio. Es absolutamente demostrable, aunque también inexplicable.
-Heh
Según el mapa ya falta poco para llegar a alguna parte. El problema es que esa alguna parte se llama Jaracecimunci y dicen que sus habitantes son bastante hostiles. Me han dicho que para comunicarse con ellos hay que hacerlo en la posición de descanso del pelícano, es decir, sobre una pierna. Los jaracecimuncianos consideran una afrenta que alguien se sostenga con ambas extremidades y no dudan en meterse los dedos en el ano y agarrar pedazos de heces para arrojarlos sobre los que les hayan insultado desobedeciendo sus reglas. Por lo tanto, este quinto párrafo debería ir debajo del tercero, ya sabes, el de los supositorios de glicerina, ya que ambos tratan temas relacionados con las funciones corporales excrementales y sus bienaventurados misterios, pero me ha parecido que como mi determinación es inquebrantable debería quebrantarla en algún momento y he decidido quebrantar y destrozar el orden lógico de las cosas (y de los párrafos).
-Vav
Estoy totalmente convencido de que la oscuridad es el requisito esencial para pegarse un trompazo. Y nadie puede impedir que llegue a otra conclusión. Ni siquiera sobornándome con trinero. El trinero es semejante al dinero pero solo se utiliza en el país de los tres tristes tigres que traviesos triscan sobre el trigal. Y no creo que ningún ser bípedo sea capaz de convertirse en trípedo para llegar a ser admitido por los tres grandes jueces -que hacen y deshacen- de los tres tristes tigres que traviesos triscan sobre el trigal. Yo sí soy uno de esos afortunados, por esa razón trisco, aunque no en un trigal, ya que en mi barrio solo hay maizales. Bueno también hay imbéciles, pero esa clase de gente abunda en todos los barrios. Por desgracia.
-Zayin
La armonía sube, la armonía baja. Y cuando tiene tiempo se jacta de su propia capacidad para reponerse de los mareos. Porque subir y bajar sin interrupción, además de ser una auténtica gilipollez, agobia y produce ciertos malestares. Quizá por esa razón, la armonía debería dejar de subir y de bajar y contentarse con ir de un lado a otro. Mientras ella se lo piensa, yo mastico la brisa, que es tan fría como la elegancia de una gran duquesa.
-Heth
Recuerdo cuando inicié la deconstrucción de la construcción. De la misma forma soy capaz de recordar de qué manera deconstruí la deconstrucción inicial. Lo que no recuerdo es la razón que me impulsó a acometer semejantes proezas. Mañana o quizá pasado mañana intentaré construir lo que pueda quedar de lo que fue una bonita construcción antes de ser avasallada por las dos deconstrucciones. No es que esté en contra de deconstruir, sino que creo que es más sencillo dejar que la construcción sea deconstruida de forma natural. Sin embargo, todo lo que pueda pensar en estos instantes seguramente será rebatido por mí mismo en cualquier otro instante. ¡Creo que necesito que uno o varios periquetes me deconstruyan siguiendo las normas y los razonamientos de todos y cada uno de los brevísimos espacios temporales!
G