octubre 2019

Email del 25 de octubre 2019

Giorgio de Chirico. The great metaphysician (1971)

Amiga:

El decimosexto volumen de mis Disputaciones benimacletanas ya está terminado. La característica fundamental que diferencia este tomo de los anteriores es que está escrito en el ambiente de lujo y exclusividad que proporcionan los aseos de El Corte Ingles. Sí, sé lo que me vas a decir: no hay ningún gran almacén de esa representativa corporación en mi barrio, pero te juro por Benito y Rachele Mussolini que mientras lo escribía no tuve más remedio que desplazarme al centro de la ciudad, pues ninguno de los váteres e inodoros de tiendas, cafeterías, restaurantes o fruterías paquistaníes de Benimaclet reunía la atmósfera ostentosa y única que necesitaba para concentrarme.

He llegado a un acuerdo con la triada editorial (ediciones, Padre, Hijo y Nieto S.L.L.) por el cual la primera tirada saldrá a la venta acompañada de un CD en el que están registrados los lamentos resultantes de lo que algunos llaman «la creación artística» y los sonidos de cada una de las ocasiones en que empujé los tiradores para que el agua de las cisternas fluyera de la misma manera que lo haría un torrente montano en la propia naturaleza.

Poco más te puedo adelantar, salvo que desde hace un par de semanas noto que de alguna extraña manera soy un par de semanas más viejo. Y eso nunca me había sucedido. Supongo que es una cuestión de síntesis numérica acrecentada por los espectros de mis propias estupideces pretéritas. Eso, o que necesito follar más a menudo y en cada ocasión con una mujer despampanante diferente. Sin embargo estoy convencido de que si fornicara al ritmo de Nacho Vidal, y con una variación extrema en cuanto a hembras, lo único que desearía sería ingresar en un monasterio a recitar el Kyrie eleison (AKA, Señor, ten piedad) completamente vestido. Pero, ¿qué más puedo hacer? He llegado a un punto en el que existir significa enfrentarme a mí mismo sin la mediación o peritaje de un árbitro auxiliar que me amoneste. ¡Me siento como el burro Baltasar de Bresson! Y aunque en realidad podría cambiar mi futuro, me conformo con distorsionar la realidad, esa puta objetiva, vil y perniciosa que intenta convencerme de que si salto desde el decimosexto volumen de mis Disputaciones benimacletanas, perdón, quería decir, desde un decimosexto piso, demostraré que soy consciente de mis propias limitaciones. Y a pesar de que parezca imposible, una limitación no es más que un amojonamiento. Y aunque el vocablo «amojonamiento» carezca por completo de esa belleza subyugante que se puede encontrar en sinónimos como «restricción», «obstáculo» o incluso «traba», ¡me siento amojonado! ¡Y acojonado! Pero también desilusionado, encabronado y luxado emocionalmente. Por esa razón asiento mientras me siento cuando en realidad disiento. ¡Y a Cuesta le cuesta subir la cuesta, y en medio de la cuesta, va y se acuesta! No sé, supongo que debería dejar de esnifar metamizol magnésico. ¿Pero qué otra cosa podría aspirar? Mis días y mis noches son demasiado complicadas como para ponerme a inspirar. ¡Pero podría expirar! ¡De eso se trata!

(Más tarde)
Acabo de leer los tres párrafos anteriores y me han parecido sosos, mal estructurados e inmoderadamente lloriqueantes. Si tuviera que puntuarlos del 0 al 5 quedarían más o menos…
-Primer párrafo: 1 punto. 1 point.
-Segundo párrafo: 0 puntos. 0 points
-Tercer párrafo: 1 punto. 1 point.
Sin embargo estoy convencido de que el encabezamiento (Amiga:) es francamente extraordinario y demuestra mi maestría desarrollando textos cortísimos. Hace algunos años escribí uno sin palabras, pero nadie lo comprendió y se me tachó de geniecillo de tres al cuarto, lo que me costó una enfermedad venérea porcina.

Greg

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Email del 20 de octubre 2019

Wassily Kandinsky. Arco y punta (1929)

1-Madre (o cuando número 1).
Cuando lo tuve perfectamente inmovilizado, le bajé los pantalones y los calzoncillos y le introduje el extremo del tubo de un enema compuesto por Vanish Oxi Action, Phoenix Oxy-Clean, QM Cleaner Puli-Oxi y Negro 10B de Amido, que yo mismo había preparado unas horas antes. Tras descargar en su interior los dos litros de líquido negruzcamente pringoso, su cara adquirió un bonito color azul índigo mientras su boca se abría como la de un hipopótamo casmódico que gritaba y suplicaba clemencia por su vida, o lo que quedaba de ella. Pero en aquellos momentos la compasión se me había terminado, así que al mismo tiempo que mi víctima dejaba escapar por el ano parte de la lavativa y por la boca y la nariz algunas porciones de su exenergía en forma semi-sólida y líquida, le aticé tres patadas fortísimas en el estómago con mi botas nuevas Thorogood Men’s adquiridas en Ulanka.

Nada más terminar de martirizarlo me pegué el mostacho nietzscheano, que compré unos meses antes en Amazon, con el adhesivo Mastix Extra Resistente y telefoneé a mi madre…
-¡Diga!
Mutter ich bin dumm. Mutter ich bin dumm.
-¿Quién es?
-Mami, soy yo. Ich bin dumm.
-Te he dicho mil veces que no me gusta que hables con la boca llena.
Mutter ich bin dumm. Mutter ich bin dumm.
-¡Yo tampoco te quiero, cariño!

2-Felicidad (o cuando número 2).
Cuando llamó el cartero no podía articular una jodida palabra debido a los nervios, pero por fin tenía en mis manos el corrector de perineo que llevaba tanto tiempo intentando conseguir. Mi culo está perfectamente estabilizado y mi aparato sexual y mis criadillas mantienen el contorno pese a que ya voy camino de los sesenta años. Sin embargo nunca me gustó mi periné. Y eso que solo podía acceder visualmente a él por medio de complicadas posiciones y con la ayuda de un gran espejo. Ahora me siento completamente realizado y mi existencia no puede más que enriquecerse.

3-Afusión. 
Me encontraba en la ducha entonando el hit de Karina «Tú serás mi baby»…

«Por eso túuuuu,
tú serás mi babyyyyy,
solo tú mi babyyyyy.
Baby de mi amooooor…
uoh uoh uoh uoh uoooooh».

De repente noté que yo no era yo. Bueno era yo exteriormente pero no por dentro. En mi interior yo era él. Y él no me gustaba nada. Desde luego me gustaba su novia y el dinero que ganaba vendiendo antigüedades por Internet, pero no me gustaba él, ni lo que representaba. Sin embargo, como nadie notaría que yo era él, decidí seguir siendo él y enterrar para siempre mi yo intrínseco, característico y, de alguna manera, esencial, y continuar mi existencia follándome en todas las posiciones posibles a su prometida y disfrutando de sus lujos. Pero… ¿y si él continuaba siendo él? Entonces habrían dos él y uno de ellos tendría un gran problema. Afortunadamente pronto, y con pronto me refiero a mucho antes de la segunda enjabonada, me di cuenta de que quizá todo el embrollo interno era debido a la canción, así que volví a interpretarla, pero esta vez al revés…

«Hooooou hou hou hou hou
roooooma im ed ybaaaaab.
ybaaaaab im út olos,
Ybaaaaab im sáres út,
uuuuú ose rop».

¡Y al momento yo dejé de ser él y me convertí en ella! ¡Pero ella, por fuera! Ahora, mientras escribo esto, trato de ajustarme el sujetador envolvente de encaje para evitar sentirme incómoda. Aunque no me siento del todo mal, no dejo de pensar que es lo que hubiera pasado si hubiera entonado una canción de Frank Zappa o The residents.

4-Adversidad (o cuando número 3).
Cuando comuniqué a los dueños de la gatita Raquel que nunca volvería a casa (la gatita, no yo) me respondieron que ellos nunca habían tenido ninguna gatita. Ni siquiera un perrito. Estaba claro que me había equivocado. Volví a marcar el número. Y en el instante en que estuve totalmente convencido de que la gatita Raquel había vivido allí les comuniqué que nunca la volverían a ver. Lloraron, berrearon, incluso patalearon. Unos minutos después, el cabeza de familia arrancó el auricular de las manos de su esposa y me preguntó qué es lo que le había pasado a la minina de sus amores. Le respondí que había sido atropellada por 15 vehículos pesados, 12 vehículos ligeros y 6 vehículos especiales clasificados de la siguiente manera:
A-Entre los vehículos pesados: 7 autobuses, 4 camiones y 4 furgonetas de más de 3500 kg.
B-Entre los vehículos ligeros: 3 ciclomotores, 2 bicicletas, 2 quads, 1 motocarro y 1 vehículo de tracción animal.
C-Entre los vehículos especiales:3 tractores, 2 motocultores y 2 máquinas agrícolas remolcadas.
Tras escuchar la lista de vehículos implicados, el cabeza de familia me dio las gracias y colgó sonándose la nariz.

5-Padre.
Aunque en el DNI de mi progenitor se podía leer que su profesión era sumiller sexual, en realidad siempre fue representante. Y debió ser uno de los mejores porque durante 18 años seguidos fue nombrado como GMRV (Gran Maestro Representante Viajante), y justo antes de fallecer le fueron entregadas las llaves del gremio de comisionistas, honor que jamás se había otorgado en vida. Aunque la verdad es que nunca lo quise, en ocasiones me siento orgulloso de él, sobre todo cuando asesino y descuartizo a alguien.

Recuerdo un día en que tras despellejar a un jodido mercero llamé por teléfono a casa de mis padres. Quería hablar con mi madre, pero se puso mi padre…
-¿Hola?
-¿Eres tú, papá?
-Supongo que sí, no creo que pueda existir otro tipo con tan mala suerte.
Vater,ich bin dumm.
Ich weiß, Sohn… Ich weiß.
-¿Cómo dices?
-Que sé que eres tonto. Lo he sabido desde siempre.
-¿Y por qué no me lo dijiste nunca?

Email del 20 de octubre 2019 Leer más »

Email del 18 de octubre

Augusto Ferrer-Dalmau. Cabo de la Guardia Civil. Escuadrón de Caballería. (1920) 

Los casos de El churrero castañero ambulante García Pérez: El apocamiento de García Pérez.

—Cabo primero Iglesias, ¿me per-mi-te hacerle un par de con-sul-ti-tas al señor forense?
—Por supuesto, García Pérez, usted es como uno de nosotros, ya lo sabe.
El churrero castañero ambulante y detective aficionado García Pérez se acercó a un lado del cadáver, que es donde se encontraba con aspecto de duende pensativo el doctor Jiménez (con jota), se agachó con cuidado para que no se le rajara el pantalón de tergal por la parte de atrás, y después de saludarlo casi afablemente le disparó la primera consulta.
—¿Cuánto tiem-po lleva muerto, doc-tor?
—Bueno, según la rigidez, el enfriamiento, la lividez y la palidez del cuerpo, o en otras palabras, conforme el rigor mortis, el algor mortis, el livor mortis y el pallor mortis, yo diría que de 10 a 18 horas.
—Entiendo. Doctor Jiménez. ¿Ha lle-ga-do a una con-clu-sión sobre…
—¿Sobre cuál ha sido la causa de la muerte? No se lo puedo decir, de momento. Es pronto, pero estoy casi seguro de que a este tipo lo ayudaron a morir.
—¿Entonces… entonces se tra-ta de un a-se-si-na-to.
—Señor Pérez García…
—Ejem, es García Pérez.
—Señor García Pérez, la respuesta es sí.
—¿Qué es esa especie de moho mu-ci-la-gi-no-so que observo sobre los zapatos y las perneras de los pan-ta-lo-nes del cadáver, doctor?
—Eso, señor García Pérez, es moho mucilaginoso…
—¿Y de dónde cree que ha sa-li-do?
—Señor García Pérez, en cuanto lo sepa, le juro por mi señora Josefina, que usted será, por supuesto después del sargento Sandemetrio y del cabo primero Iglesias, el cuarto en saberlo.
—¿El cuarto? ¿Y quién será el pri-me-ro?
—Yo…
—Desde luego, doctor. Dígame, ¿qué es ese lí-qui-do verdoso que rezuma por la boca y la na-riz?
—¡Liquido rezumante verdoso!
—Muchas gracias, doc-tor. ¡Ha sido usted de gran a-yu-da!
En cuanto el churrero castañero García Pérez se incorporó, se dirigió silenciosamente a la esquina donde se encontraba el cabo Iglesias.
—Cabo primero, muchas gracias por per-mi-tir-me hablar con ese imbécil. ¡Creo que to-da-vía me odia!
—Es natural, señor García, le quitó usted a su mujer, y años más tarde a su amante. ¡Y luego a su asistenta personal y a su vecina! Supongo que quizá por eso le guarda cierta inquina.
Mientras el cabo primero Iglesias terminaba su frase apareció por la puerta de la habitación el bigote tintado de negro ala de cuervo del sargento Sandemetrio dando berridos y parloteando como si fuera un kákapu al que acaban de sodomizar con una rama baja del Tane Mahuta.
—A ver… ¡Qué passssaaaa con un ustedes! ¡Quiero dinamismo en mis subordinados! ¡Usted, cabo Iglesias, a ver si se deja de chácharas! Y usted, señor García Pérez, ¡tráigame una docena de churros! ¡Movimiento! ¡Quiero movimiento! ¿Dónde está el matasanos Jimenez?
—Sargento, el doctor se fue hace unos pocos minutos…
—Está bien. ¡Póngame al corriente, cabo Iglesias!
—Hace aproximadamente dos horas la mujer que limpia la casa nos telefoneó para decirnos que creía que el señor Entrambasaguas estaba muerto. Nos acercamos dos dotaciones y…
—¿Y? A ver si es más rápido, muchacho. Cuando yo tenía su edad me explicaba mejor y con más velocidad. ¡Quiero rapidez! ¡Quiero eficacia! ¡Quiero intensidad, empuje y reciedumbre!
—Sí señor.
—¿Dónde está la señora de la limpieza? ¡Quiero interrogarla personalmente!
—Está en la cocina, mi sargento. Se encuentra muy afectada.
—¿Es guapa?
—¿Cómo? Quiero decir, mi sargento… yo… ¡no, no me parece atractiva!
—Pues entonces que la interrogue el churrero… ¡Me largo al cuartel. Estaré allí hasta las 14:00 horas. Sobre las 15:00 horas me encontraré en mi casa, comiendo. Desde las 16:35 hasta las 17:50 estaré donando sangre, semen y cabello en el ambulatorio, y a partir de las 18:00 horas volveré a mi oficina. ¿Está claro, cabo primero Iglesias?
—Sí, mi sargento.
—¡Quiero entereza! ¡Quiero vigor! ¡Quiero fuerza!
Cuando el sargento Sandemetrio salió de la casa todos respiraron aliviados. Incluso García Pérez, que se sintió ofendido con algunas de las palabras del oficial.
—Cabo Iglesias. ¿Por qué su sar-gen-to me odia tanto? Y que conste que jamás le he qui-ta-do la mujer, ni siquiera amantes o incluso nadie del servicio do-més-ti-co.
—Señor García, el sargento Sandemetrio es como su primer apellido, ya sabe, enrevesado y confuso. Pero está claro que tiene algo contra usted, si no, nunca le hubiera enviado a por una docena de porras.
—En rea-li-dad me envió a por chu-rros.
—¿Hay alguna diferencia?
—Las porras son mas grue-sas que los chu-rros.
—Le hago caso, García Pérez. Usted es una eminencia en la materia.
—Espere, García, el guardia Rojas me está haciendo señas. ¿Qué sucede, Rojas?
—Acaba de llamar por teléfono el sargento Sandemetrio, mi cabo primero.
—¿Y bien, qué quería?
—Mi cabo, el sargento me dijo que le recordara que quiere brío, vehemencia y gallardía.
—Está bien, Rojas. Siga con lo suyo. ¿Se da cuenta, García Pérez? Esto es lo que tengo que soportar todos los días, pero lo resisto porque tengo que pagar facturas, ya me entiende.
—Cabo pri-me-ro, le entiendo per-fec-ta-men-te. Creo que no voy a ayudarles en la in-ves-ti-ga-ción de este caso, pues me siento me-nos-pre-cia-do. No llevo aquí ni una hora y ya me han fal-ta-do al respeto tanto el doctor Ji-mé-nez como el sargento San-de-me-trio.
—Señor García Pérez, yo creía que usted, como exchurrero y castañero había tenido que aguantar a toda clase de clientes…
—Cabo primero Iglesias, fui churrero y castañero durante más de 20 años, pero jamás tuve que aguantar a nadie, pues de eso se encargaban mis asalariados. Le deseo un gran día. Se lo digo de corazón. ¡Y recuerde que su sargento quiere de usted y de sus hombres dinamismo, movimiento, eficacia, intensidad, empuje, reciedumbre, entereza, vigor, fuerza, brío, vehemencia y gallardía!

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Email del 12 de octubre 2019

Franz Stuck. Lucifer (1890)

Textos inconclusos sobre personajes de mi barrio (o la vagancia del escribidor inepto). Texto número 2: Isidoro

A pesar de que el universo es infinito, Benimaclet se empeñaba en permanecer como una simple zona de la urbe, aunque algunos de sus vecinos intentasen por todos los medios a su alcance mantenerse entre los dos mundos: el barrio limítrofe y la gran capital que vio morir al burgalés Rodrigo Díaz de Vivar. Y escribo en pasado porque actualmente las cosas son muy diferentes… Pero no quiero alejarme demasiado de la primera oración gramatical del texto, ya que si lo hiciera Isidoro ya no existiría.

Aunque su nombre era de origen heleno, su piel y sus ojos lo delataban como asiático, o por lo menos, medio oriental, pues su padre fue un conocido falangista español y su madre una apreciada kangofu, o enfermera japonesa, que terminó sus días malviviendo en Valencia. Voy a tratar de ceñirme a las circunstancias de Isi, que es como solíamos llamarlo, y dejar aparcadas las de su familia, que poco tienen que ver con el caso que nos ocupa, y que no son importantes para que la historia avance como es debido.

El primer día que Isi vio a Luzbel fue el 23 de febrero de 1989. Por lo menos es lo que el escribió antes de (ojo: spoiler) arrojarse delante del tren de cercanías y convertirse en un hitodama escrupuloso. Y según el mismo diario, este, es decir, Luzbel o Lucifer, se le apareció en calzoncillos y gritando órdenes absurdas, como que debía lavarse las orejas con jabón Atkinsons, y que después de lavárselas a conciencia era necesario que limpiase el jabón Atkinsons con sus orejas incontaminadas y pulcras. Sin embargo la segunda vez que Isi invocó al que un día fue «el iluminado», el resultado fue totalmente diferente, pues al final acabaron los dos recorriendo las tabernas del barrio de El Carme borrachos y abrazados como colegas de toda la vida.

Pasaron cinco años. Algunos de esos cinco años se negaron en redondo a pasar, pero no tuvieron otra alternativa. Mientras Isi se hacía un poco más viejo cada día, su amistad con el diablo se interrumpió bruscamente. Sé que debería narrar los sucesos que hicieron que esa amistad se quebrara, pues eso daría consistencia al final que se avecinó, pero como dice el título que da nombre a esta serie, soy un vago redomado que no hace daño a nadie y que lo único que quiere es seguir siendo un vago redomado. Porque solo siendo un vago redomado me siento realizado. Y si me siento realizado, mi anhedonia se siente de la misma manera, o sea, realizada. Y si ambos nos sentimos realizados, el resto nos importa un comino (nota: Iba a escribir que el resto nos importa una mierda, pero soy consciente de que repito el término con demasiada ligereza).

Greg «Sensei to sakka» López (también conocido como Greg «Christi tu scis me esse diabolum» López)

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Email del 11 de octubre 2019

Ossip Zadkine. The dream (1955)

Amiga:

Esta noche he soñado que me llamaba Obdulio y era el compositor de un hit mundial titulado, ¿lo adivinas?, sí, efectivamente, titulado La vida es una inmensa mierda. Todavía recuerdo unos cuantos párrafos:

La vida es una inmensa mierda,
incluso para todos aquellos que como yo,
se duchan con gel de avena kinesia
que alivia y repara la sequedad, 
la aspereza, el enrojecimiento y el picor.
¿Y las duricias no?
No, las duricias no, no, no, no, no…

No se si habrá sido por la lírica de la canción, pero nada más levantarme lo primero que he hecho ha sido tirar mi botella de gel de baño de avena por la ventana del aseo, con tan mala suerte, que ha rebotado en el toldo de la vecina de abajo y ha vuelto a entrar y ha aterrizado sobre mi cabeza, produciéndome una especie de osicono y una fortísima jaqueca que todavía perdura.

Ahora, y ahora casi siempre quiere decir en estos mismos instantes, me encuentro sentado sobre el techo. En esta posición el mundo se ve de otra manera. Claro que en esta posición, el mundo se reduce al suelo, bastante sucio por cierto, y parte de las paredes, a las que les falta una mano de pintura de esmalte acrílico o alguna clase de estuco, aunque esté bastante pasado de moda. Yo también estoy bastante pasado de moda, incluso desde esta posición tan poco natural, y jamás me quejo o lloriqueo. Todo lo más gimoteo tan suavemente como la guitarra de Harrison, el Beatle guapo y místico.

Supongo que cuando leas este email pensarás que la naturaleza es sabia y que la muerte natural y repentina a los 57 años es necesaria, por lo menos en mi caso, pero te equivocas: no es necesaria, ni siquiera imprescindible o indispensable. Tampoco es una putada, simplemente es algo que sucede y que te pilla desprevenido, como las (malditas y jodidas) duricias. No, las duricias no, no, no, no, no…

Greg

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Email del 10 de octubre 2019

Jenny Saville. Branded (1992) 

Textos inconclusos sobre personajes de mi barrio (o la vagancia del escribidor inepto). Texto número 1: Facunda

Su rostro me recordaba a la aspereza anal y su cuerpo no difería demasiado del de la señora Gōda, pero sin embargo tenía algo que encadilaba a los hombres enjutos hasta llevarles a cometer un montón de tonterías. Se decía que incluso era la responsable indirecta de un suicidio y varias rupturas de parejas totalmente estables, aunque yo tenía mis dudas, sobre todo cuando la veía hurgarse las narices con inmutable delectación. Pero creo que voy demasiado deprisa…

Se llamaba Facunda, y al igual que el Volksgeist hegeliano asigna cierta conciencia colectiva a una nación, ella prefería sobreponerse al hecho de que, aunque no lo pareciese, pertenecía a la raza humana. Y eso implicaba la necesidad imperante de usar fajas reforzadas y reductoras las 24 horas del día. Pero desgraciadamente el Volksgeist benimacletaceo se alimenta de su propia desesperación y no atendía a las consideraciones esenciales de los seres autoreprimidos, por lo que ese espíritu nacional, en este caso, el espíritu arrabalero o barrial se manifestaba por medio de conversaciones sorprendentes a horas intempestivas.

Y aunque en realidad la existencia de Facunda terminó de una forma proporcionadamente neutra, yo todavía intento creer que su sustancia pervive en cada ángulo, cada vértice, o incluso en cada arista.

Greg «el Flaco» López

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Email del 8 de octubre 2019

Bo Joseph. Semen and milk (1997)

Querida:

Me encontraba centonizando mi propia versión de «SDSS1416+13B (Zercon, a flagpole sitter)» de Scott Walker, cuando algo parecido a una llama espectral se posó al revés, es decir, como si fuese un quiróptero de tamaño mediano, bajo una de las ramas más tortuosas del Ficus lyrata que me regaló unos años atrás la famosa homicida y embalsamadora Casilda Cienfuegos. Al principio creí que se trataba de un claro caso de rayo globular o incluso de un fuego fatuo, pero cuando me acerqué lo suficiente pude comprobar que en realidad esa llama fantasmal no era más que una gota de semen de considerable tamaño que brillaba gracias a la luz del sol. Seguramente esa gota provenía de mi última automanipulación sexual, efectuada con demasiada pasión unas pocas horas antes. Así que me armé con una gamuza de microfibra que previamente había humedecido con colonia Jacq’s pour homme, limpié a fondo la rama, casi de forma psicopática, y me senté sobre el sofá a contemplar la nada.

Estuve unas cuatro horas contemplando la ausencia incondicional y definitiva hasta que me entraron ganas de continuar con la centonización de  «SDSS1416+13B (Zercon, a flagpole sitter)». Te juro por Linda Blair que centonicé y centonicé hasta que me fue imposible continuar centonizando, así que decidí deshiperqueratosizar mis talones. Para ello usé una cuchilla especial que no necesita que la dureza epidérmica esté en remojo. Cuando me libré de todos esos endurecimientos volví a la contemplación de la inexistencia durante otras cuatro horas hasta que al fin reparé en que entre unas y otras cosas había despilfarrado 18 horas de mi vida. Horas que jamás volvería a recuperar.

Te escribo todo esto porque he intentado contárselo a mi vecino Remigio, a su mujer Remigia y a su hijo Remigín y me han enviado a la jodida puta mierda.

G

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Email del 7 de octubre 2019

Juan Gris. The book (1913)

Querida:

Mi opúsculo sobre el rebosamiento emocional, perteneciente a la serie Desbordamientos y titulado Riada embornal, ha causado sensación entre las principales editoriales nacionales. Sin embargo ninguna ha aceptado publicarlo y el único editor que se ha dignado a explicarme la razón me ha dejado patidifuso:

«Señor López:

Su ensayo me ha desbordado de la misma manera que lo hicieron los anteriores, Desbordamiento vaginal, Anegación endrinal, Inundación isoclinal y Aluvión pleistocenal. El problema es que tanto mis socios como un número muy elevado de lectores comienzan a mostrar signos de agotamiento tanto físico como mental debido a tantos y tantos desbordamientos y, sobre todo, y si graciosamente me lo permite, a tanto vocablo terminado en «al». Pero por favor, no haga lo mismo que hizo cuando le rechazamos Tromba peritoneal y usted nos volvió a enviar el mismo texto con el título cambiado a Vello escrotal en las narinas. Le aseguro que no nos chupamos el dedo. Puede que otras partes del cuerpo sí, pero de momento ninguno de los apéndices en que terminan las manos o los pies.

Atentamente

Luis Bayer Yerba»

Supongo que debería volver a la carpintería de mi padre y ayudarle a hacer armarios de cocina y baño, o quizá a la peluquería de mi madre a barrer el suelo y limpiar los cachibaches. No sacaba demasiada pasta pero por lo menos no tenía que sufrir tantos disfemismos. ¡Me siento como un mugrón decumbente! Creo que voy a acodarme…

Greg

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Email del 5 de octubre 2019

Raphael Kirchner. Legendes (1903)

CUENTOS, FÁBULAS, LEYENDAS Y OMEPRAZOL. (Primera parte)
La leyenda de la Butona.
Yo no nací en Bejís por una serie de circunstancias adversas. Sin embargo toda la rama materna de mi familia vino al mundo en ese pueblecito perteneciente a la comarca del Alto Palancia. Según una antiquísima leyenda bejisera, la Butona, que es un ente monstruoso con aspecto femenino, se alimenta de las mujeres que no usan enaguas enteras o medias enaguas y de los hombres que no llevan sobre la cabeza una boina, ya sea con rabito o sin él. 
La Butona vive en una grieta minúscula denominada «el resquicio de la sibila Huch Huch Arevalum Huch Huch», y se cepilla el cabello con los dientes o las prótesis dentales de sus víctimas. Los aldeanos como medio de protección -pues se sabe que este espectro nunca ataca a los forasteros- rezan 37 veces la oración Huch Huch Arevalum Huch Huch cada vez que salen de sus casas sin enaguas, con otro tipo de sombrero que no lleve colita o con la mónada leibniziana atocinada.
Oración Huch Huch Arevalum Huch Huch (Traducción: Gregorio López).
Maga venerable y pura, maga venerable y pura, tú que nos has enseñado a esconder el atrevimiento, Huch Huch Arevalum Huch Huch, recuérdanos que la satisfacción de tus acciones piadosas nos puede salvar de la maldad y el vicio, Huch Huch Arevalum Huch Huch. Con permiso de Mach Mach, Joanamonleonium Mach Mach, hechicera y madre de todas las acciones u omisiones, y con el beneplácito de los espíritus eternos del día y de la noche, Huch Huch Arevalum Huch Huch. ¡La Tierra y sus moradores te pertenecen! Huch Huch. Huch Huch Arevalum Huch Huch. Huch Huch

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Email del 3 de octubre 2019

Mark Tansey. Pleasure of the text (1986)

1-Todestriebe.
La monstruosidad existencial se intensifica, se reproduce. No se trata de una especie de revelación eventual, sino algo que lleva décadas gestándose. Noto cómo esa intensidad imprecisa se desarrolla en mi interior, respira mi aire, me induce a comportarme de una manera heterodoxamente malsana y me obliga a cantar «Madrecita María del Carmen» de Manolo Escobar más de 50 veces cada día. Por esa razón he decidido volver a intentar autoeutanasiarme. Y digo volver a intentar porque ya he tratado de quitarme de en medio en tres ocasiones en los últimos seis o siete meses. Mi primer intento, metiendo la cabeza en un cubo repleto de pirañas hambrientas, no dio resultado, pues el tipo que me las vendió y me aseguró que me desgarrarían la carne, los ojos y hasta el cerebro, me engañó y me despachó un par de kilos de carpas rojas que lo único que hicieron en mi rostro fue llenarlo de defecaciones y escamas. La segunda tentativa, que por cierto estaba extraordinariamente diseñada, salió incluso peor, pues los dos tipos a los que prometí pagarles 30000 euros si me liquidaban sin dolor se asesinaron mutuamente media hora antes de llevar a cabo el encargo. La tercera intentona estaba destinada al fracaso desde el primer instante, por esa razón me vi obligado a suspenderla cuando todavía no había pasado de un mero bosquejo deficientemente estructurado.

Hay quien está convencido de que el suicidio es un acto ruin y cobarde. Los hay también que piensan que quitarse la vida desprende honorabilidad por los cuatro costados. Yo, yo creo que la privación voluntaria de la vida es como hacerse un tatuaje de un glande ajeno en el glande propio, es decir, una extravagancia tan sobresaliente que, debido a su propia descomunalidad y la dificultad intrínseca que conlleva medir algo casi infinito o ilimitado, se transforma en un suceso donde lo que realmente impera es la libertad personal y el amor (o la fe) hacía eso que alguien denominó como «la oquedad subyugante», que no es más que otra manera de llamar al vacío, ya sea absoluto y definitivo o simplemente relativo y circunstancial.

2-In nemese ne fidem habeatis.
El más grande de los maestros psicópatas nacionales fue Atenógenes Ortuño (1823-1877), que hizo de la aldea castellonense, Arteas de la Sal, su territorio de caza durante 17 años. Ortuño había nacido en un pueblecito sito a unos cinco kilómetros de distancia, por lo que pensó que sería un buen lugar para poner en marcha su obsesión persistente. Lo que no meditó demasiado a fondo es en el índice demográfico de la aldea que en aquella época era de 38 habitantes. Por esa razón, cuando detuvieron a Ortuño en 1876 solo quedaban tres residentes en Arteas de la Sal, que desde entonces pasó a llamarse Arteas sin la Sal. Atenógenes Ortuño fue acusado de 35 asesinatos y ajusticiado en el garrote vil por el verdugo valenciano Estanislao Calatañazor. Desde entonces casi nadie se acerca a dicha comarca, y es una lástima, pues me consta que en el único bar de la aldea se sirve uno de los mejores guisados de conejo de monte que se pueden degustar en toda la comunidad; y que de la fuente de sor Teresita brota un agua ferruginosa bicarbonatada cálcica nitrogenada que cura la sífilis y la disentería porcina con solo un par tragos.

3-La solución 298.
Nunca he necesitado hacer movimientos raros con el trasero para sentir que poseo uno. Como le sucede a casi todo el mundo, este culo me sirve para sentarme y evacuar. Pero no siempre que me siento depongo. En ocasiones la función natural de excretar se desvirtúa, y es entonces cuando todo lo que una vez significó algo, de repente, carece de sentido. ¡Todos los dioses y todos los demonios! ¡Todas las sonrisas y algunas caras más que dignas! Todo lo que un día esperamos que no llegase nunca: el estreñimiento.

Pero desde que tomo Farmi-Patil 298 en pastillas, una cada ocho horas, me siento otro hombre. Farmi-Patil 298 es un complejo laxante diseñado por un elefante indio. No estoy de broma. Todo sucedió hace unos 15 años, cuando un mahout de 32 años llamado Nimai Chowdhury que tenía serios problemas para defecar se comió por error, o quizá porque no tenía otra cosa que llevarse a la boca, las hojas del arbusto preferido de su paquidermo Kalu. Esa misma noche, cuando llegó a su hogar, que no era más que una mugrienta choza, Nimai evacuó tres veces en menos de cinco minutos. Y lo que le pareció más importante en ese instante: sin dolor, sudor o sangre. Al día siguiente mientras se dirigía al Ghat relacionó la ingesta de la planta con su magnífica descarga de la noche anterior y volvió a masticar algunas matas. Por la noche cagó como nunca había cagado y en su mente surgió una idea: la solución 298. Nadie sabe qué representa dicho número, pero actualmente, Nimai Chowdhury, es el quinto hombre más rico del planeta según la revista Forbes.

4-Gracias por la información.
Es evidente que cada vez que intento sonreír en público muere un cocodrilo poroso en alguna parte de Sri Lanka, Nueva Guinea o el norte de Australia. Actualmente la población de este reptil peligroso y gigantesco no está en peligro de extinción, por lo que puedo seguir intentando esa sonrisa que ilumine a los que estén presentes durante algún tiempo. La próxima vez que lo intente será el 19 de octubre a las 17:00 horas en la confluencia de las calles Mistral y Murta. Todo el que quiera presenciar el suceso está graciosa y cordialmente invitado.

5-Anomia.
Creo que todo lo que… no sé… es como si… Martín se me acercó y… bueno no estoy seguro de que fuera Martín… ni de que se me acercase. Es posible que fuera su hermano… aunque creo que Martín no tiene hermanos… solo gatos… seguramente se me acercó un gato y yo le atosigué un poco. Antes me gustaba atosigar a las mascotas… ahora ya no… ahora solo… solo atosigo a los insectos… sobre todo a los mosquitos que me chupan la sangre. ¡Ahora lo recuerdo! No fue ni Martín ni el jodido gato de Martín quien se me acercó. Fue… fue un mosquito con ánimo de dejarme seco… lo recuerdo perfectamente lejano… pero lo recuerdo… yo… yo le pegué un puñetazo mientras chupaba de mi vena del brazo… y me rompí el brazo. ¡Claro! Eso fue lo que sucedió. ¡Por eso lo llevo en cabestrillo! Luego el mosquito… sí, el mosquito que salió indemne de mi maniobra de ataque se largó… sí… y regresó con algunos colegas y se me posaron en varias partes de mi… de mi cuerpo… y me chupaban… me chupaban… y yo me defendía… a puñetazos… claro… ¡Por eso estoy en cuidados intensivos! ¡Qué bien lo he resuelto! ¡He solucionado mi propio caso! Me siento… me siento bien… sí. Creo que todo lo que… no sé… es como si… Martín se me acercó y… bueno no estoy seguro de que fuera Martín… ni de que se me acercase. Es posible que fuera su hermano… aunque creo que Martín no tiene hermanos… solo gatos… seguramente se me acercó un gato y yo le atosigué un poco. Antes me gustaba atosigar a las mascotas… ahora ya no… ahora solo… solo atosigo a los insectos… sobre todo a los mosquitos que me chupan la sangre.

Email del 3 de octubre 2019 Leer más »