junio 2022

Email del 28 de junio 2022

Winslow Homer, The gulf stream. 1899

Hola:

He encontrado una profesión con la que ganarme la vida honradamente y además muy bien: patatero. ¡Perdón! Quise decir patero o paterero o como diantres se llame. Voy a organizar pateras con destino a África. Tal y como está el panorama laboral en este país (si no se es camarero) me imagino que muchos españoles querrán cruzar el charco para poder establecerse en Marruecos, Argelia o, incluso un poco más abajo, Senegal, Guinea, Nigeria, Camerún o Somalia. Allí no tendrán problemas para encontrar buenos trabajos y con un poco de suerte al amor de su vida. Esta es la lista de profesiones con más futuro en los países subsaharianos:

1 – Cobrero: El cobrero es, como su nombre indica, el cazador de cobras. Para ser un buen cobrero son necesarias ciertas aptitudes como la constancia, la perseverancia y la locura. Existen tres maneras aceptadas por el gremio de cobreros somalíes de cazar vivas a las cobras ocasionándoles el mínimo estrés:

a) Método Cabdulle, por el cual, antes de atrapar al reptil, el cazador ha de invocar a los dioses ofreciendo su taparrabos en sagrada ofrenda. Una vez finalizada ésta, el taparrabos pertenece a los dioses y el cazador tiene que pagar para recuperarlo. Si no hace efectivo el pago antes de media hora, la divinidad que controla la caza le deniega el permiso, lo denuncia por fraude y lo condena a trabajos forzados en una cantera repleta de cobras, a las que, por supuesto, no puede cazar.

b) Método Crahmaal. También denominado método mete y saca o Hurahi horohhi. El cazador sólo puede enfrentarse al ofidio mediante una ramita de palmera seca, así que los cazadores optan por localizar la madriguera donde se esconde la serpiente e introducir dicho palito con ánimo de molestar a la inquilina y que ésta salga cabreada al exterior, momento en que los cazadores aprovechan para correr despavoridos hasta a unos 200 metros. Desde esa distancia suelen recapacitar y pensar en Aarum Crahmaal, inventor de esta modalidad de caza, y las sabias palabras que salieron de su boca mientras fallecía de inanición:  «no caza, no cena». Entonces se intentan armar de valor dándose golpecitos los unos a los otros durante un par de horas. Cuando al fin se sienten reconfortados y su valentía es similar a la de un polluelo de avestruz, vuelven a por el reptil, pero como para entonces éste ya ha desaparecido, su honra (la de los cazadores, no la del reptil) no queda en entredicho.

c) Método cuántico basado en la ondulación de las partículas o Quantum fotónico. Debido a la complicada infraestructura que se precisa para ponerlo en marcha, es el procedimiento menos usado pero el que mayor recompensa proporciona. Los cazadores que usan esta serie de técnicas se muestran muy reacios a comentarlas, por lo cual no se dispone de información suficiente.

2 – Quita-mierda o Ñamme: En algunos países de África existen dos castas tan dispares como la luna y el sol: la casta de los Miahin o diarréicos y la de los Muhana, también llamados «aguanta todo». Los Miahin son famosos desde el siglo XV por su afición a mascar las hojas del arbusto Duhalac y también por ser ricos. Al masticar las hojas de dicho arbusto, el sujeto entra en una especie de trance alucinatorio mediante el cual se contempla a sí mismo rodeado de cabras y ganado vacuno, lo que le proporciona un estatus increíble, aunque le obliga a pagar un alto precio. El arbusto Duhalac contiene una gran cantidad de diarresol, un componente extremadamente tóxico que produce diarreas temibles. Pero como son ricos y adoran sentirse por encima del resto, contratan a los Muhana para que limpien sus heces liquidas e insoportablemente hediondas. Como el trabajo, aunque excelentemente remunerado, es terrible, los Muhana caen como moscas y los nuevos trabajadores siempre son aceptados, sin importar a la casta, secta o país al que pertenezcan.

3 – Oleoducteros o Ulalummhas: Los países ricos explotan a los pobres de innumerables maneras. Enumerarlas todas ocuparía el espacio de 700 emails y me arrancaría varios años de vida, así que voy a abstenerme de hacerlo. Entre todas esas formas de explotación hay una que destaca por encima todos los viernes: los oleoductos. Para limpiar estos instrumentos de opresión y combustión, los holdings contratan mano de obra barata y servil. Y la contratación se hace todos los viernes del año por medio del infalible sistema del 25 +1. El sujeto (o víctima) que quiera trabajar ha de aguantar 25 latigazos sobre la espalda y una corriente eléctrica de 125 voltios en el escroto. Los infelices que superan la prueba son agasajados por medio de escupitajos y se les regala un bonito estropajo de lino con el cual deben limpiar de inmundicias los 175.000 km de oleoductos. Al trabajador del mes se le nombra capataz y se le permite orinar encima de sus compañeros.

4 – Espantabichos o Bihous: Profesión en expansión y que a su vez se subdivide en 75 categorías. Entre las más solicitadas por extranjeros y sodomizadores que huyen de la justicia se encuentran las de espantamoscas, espantacocodrilos y espantasuegras.

5 – Asesor de brujo de tribu o Manbuhtu: Los Manbuhtus viven mejor que los propios brujos ya que disponen de todas las ventajas de estos y sólo 138 inconvenientes. Actualmente existen 23 Manbuhtus y 12.459 brujos por lo que salen a un asesor por cada 541 hechiceros, pero como se da el caso de que uno de estos últimos es un redomado egoísta y necesita cuatro consejeros entre semana y 18 los días que va a visitar a sus 57 mujeres, el resto de brujos no tiene más remedio que aguantarse con lo que les toca. Y a veces no les toca nada, salvo a Babatunde Muranda, de la tribu N’guessan del norte, que el año pasado ganó 23 cabras (¿o fueron cobras?) en la bonoloto de la aldea.

6 – Orinalero o Banthamm: Algunos potentados blancos, ricos y totalitarios contratan a los más débiles mentales de los poblados colindantes a sus mansiones como Banthamms, es decir, orinales humanos. El trabajo es bastante cansado, el sueldo bastante corto y los aspirantes a desempeñarlo lo bastante estúpidos como para mostrar una amplia sonrisa cuando uno de sus amos le sulfata el rostro.

7 – Yaak yaak sehuru: Nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste este empleo, aunque todos están seguros de que es el mejor al que se puede aspirar sin estudios. Según Tanaka Wamaba, cuidador del «Museo de la colonización», dicho trabajo estaría relacionado con los enterramientos de los restos humanos de indígenas con sífilis en paredes no perfectamente verticales o con las múltiples formas de cuajar la mantequilla de oveja, aunque no está del todo seguro.

Podría estar toda la mañana describiéndote con placer las mil y una maneras de forrarse en África, pero creo que no serviría para nada, pues tú tienes un trabajo del que te sientes orgullosa y yo tengo un terrible dolor alopécico. Por cierto, ¿sabes lo que dicen mis amigos cuando les digo que tengo una amiga que trabaja diseñando consoladores? Pues básicamente todos dicen lo mismo, que quieren conocerte, aunque las féminas prefieren que les consiga a buen precio un cacharrito de aluminio cromado con cinco velocidades. Lamentablemente en el continente negro no tienen consoladores, ni siquiera exprimidores de semen o enemas eléctricos. Pero se conforman con lo poco que poseen, que a veces, y eso en el mejor de los casos, es absolutamente nada. ¿Cómo van a tener algo, si se lo hemos robado todo?

Como casi siempre en estos casos, una triada de besitos.

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Email del 27 de junio 2022

Vincent van Gogh. Still Life with French Novels and a Rose (1887)
Amiga:

Estoy escribiendo una novelita titulada El señor de los ratoncillos. Ya sé que el título tiene cierta similitud fonética con uno de Tolkien, pero estoy en condiciones de asegurarte que en mi texto no salen elfos, orcos o ents, solo ratoncillos, ratoncillas y un señor con barba negra y cuidada, aunque rala, que se llama Gondolino. La trama es sencilla: los ratoncillos están eufóricos y el hombre con barba desesperado. Hasta el capítulo 32 no se sabe la razón por la cual los ratoncillos están eufóricos y hasta el 56 por qué Gondolino está tan desesperado. Como todavía estoy trabajando en el capítulo 11 ignoro la respuesta a ambas cuestiones. Supongo que todavía tengo tiempo de pensar una buena razón para llegar a algunas conclusiones aceptables. Si no soy capaz de llegar a algunas conclusiones, espero poder llegar a tiempo de sufrir un ataque cardiaco y así salir del paso de una forma creíble y con cierta gallardía. Claro que siempre podría derivar el texto hacia la propagación proporcional, es decir ¿existe un vínculo entre los ratoncillos y la expansión cuantitativa típica de los roedores miomorfos?

Mi idea inicial fue escribir sobre un asesino psicópata que coleccionaba los hígados de sus víctimas y cuando estaba hambriento se comía alguno encebollado, en salsa de pimientos de piquillos con bulgur o con patatas y tomate. El título de esa idea iba a ser El señor de los higadillos, pero después de un tiempo pensando un desarrollo que fuera al mismo tiempo novedoso y seductor decidí abandonar el propósito o la intención y pasar al plan B que era la historia de un secretario que padecía una severa fobia a las tablas, plantillas o incluso listas. El título, como no, era El señor de los estadillos, pero tuve que aparcarlo porque mientras escribía el prólogo sentía una extraña y terrible sensación en el cuerpo. Era como si mientras iba a alguna parte, no venía de algún lado. Ni siquiera volvía o regresaba, aunque en algunas contadas ocasiones acudía y hasta me trasladaba, pero nunca emigraba o me largaba. Y estaba comenzando a enloquecer, por lo que resolví dirigirme directamente al plan C. Ese plan, por supuesto, sufrió por algunos inconvenientes extemporáneos relacionados con lo que soy o parezco y lo que podría llegar a ser si me compraba una peineta flamenca, por lo que no me quedó otro remedio que aprobar a toda prisa el plan E, que era la historia de los ratoncillos y Gondolino.

Nada más puedo añadir. El proceso de creación de una novela no es más que dolor y castración. A veces pienso que estoy derrochando mi genialidad en repugnancias, asquerosidades y repelencias. ¿Acaso no son repugnantes, asquerosos y repelentes los ratones, las ratonas y los tipos con barba? ¡Y qué puedo decir del nombre Gondolino! ¡Manda huevos! ¿En qué estaría pensando el día en que se me ocurrió llamar de esa manera al protagonista y único humano que aparece en la obra? Creo que debería haber trabajado más en el plan D, que trataba sobre un campanero que padece de encondromatosis y que carecía por completo de ritmo. Hasta el título era grandioso: El señor de los cimbalillos.

P.D.: Ese ruido que ha asustado a los pájaros de tu barrio y de algunos distritos más esta mañana lo han producido mis huesos. Sí, para qué voy a mentirme, ya no estoy tan nuevo como el primer día, pero tú tampoco estás para saltar setos en ambas direcciones. Somos unos pre-abuelitos, y pronto no podremos levantarnos de nuestras respectivas camas sin la ayuda de nuestros nietos. El problema estriba en que ni tú ni yo tenemos nietos, seguramente porque tampoco tenemos hijos. Ni siquiera perros. Solo esa terrible sensación de que todo puede pasar. Ese inquietante desasosiego que antecede a cada inhalación de aire, a cada mirada al vacío sin las lentes progresivas o cada chasquido chirriante que emite el cerebro ralentizado al no ser capaz de instalar las actualizaciones correctamente. Somos carne encarrujada. Fragmentos de fortalezas derribadas. Somos lo que a veces pensábamos que llegaríamos a ser, si con un poco de suerte antes no explosionaba el planeta. Podríamos morirnos ahora mismo y de esa manera evitar la aflicción homicida que nos amenaza.
He descubierto que si me siento en una cerveza y espero a que pase la silla me duele menos el día.

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Email del 26 de junio 2022

Honore Daumier. Theater (XIX cent)

PLASTINUDOS (Pieza teatral en medio acto)

La representación se desarrolla en el dormitorio de un matrimonio cualquiera en alguna ciudad de algún país. La habitación está casi a oscuras. Una lamparita de latón que descansa sobre una mesita produce una débil refulgencia. Al fondo, en dos camas separadas por un biombo, se encuentran nuestros personajes. Se levanta el telón mientras un furioso scherzo en 3/4 adelanta al público la tragedia que se avecina.

 

MUJER: (Apagando el televisor con el mando a distancia): Sin la televisión se está mejor. ¿Recuerdas cuando nos quedábamos hablando hasta altas horas de la madrugada? Tú, yo y dos copitas de vino. Era todo lo que necesitábamos…

MARIDO: Si los hombres no se masturbaran, las fábricas de rollos de papel de cocina entrarían en bancarrota, pues desde que a algún lunático se le ocurrió inventar las toallitas húmedas, el papel higiénico ya sólo se utiliza para matar cucarachas en el aseo o para cogerlas sin tocarlas y tirarlas por el inodoro.

MUJER: Nunca pensé que alguna vez nos instalaríamos en esta especie de vida muda, sin sorpresas ni empatía. Pero así ha sido. No somos muy diferentes de otras parejas. Parece que el tiempo no es más que otra prueba. Quizá la más inquietante de todas.

MARIDO: (Rascándose el trasero con aspecto muy seguro de sí mismo): Recuerdo aquella vez que me comí un huevo por la nariz. Quiero decir, aquella vez que me esnifé un huevo. Alguien dijo que no sería capaz. La verdad es que no consigo recordar si era un huevo frito, duro, escalfado o pasado por agua. Sin embargo recuerdo perfectamente que era un huevo.

MUJER: ¿Sabes? Cuando te conocí sí que valías la pena. Entonces eras todo lo contrario al bufón idiota y cretino en que te convertiste unos pocos años después. Sí, sí, sé que proclamar en voz alta lo que pienso no va a cambiar la situación, pero…

MARIDO: ¡Es curioso! Tu hermana es más fea que la mía. (Poniendo una cara extraña, como una mezcla de asco y pena.) Pienso a menudo en la desproporción física de los miembros de tu familia. El más horroroso fue tu padre. A veces me costaba distinguirlo de un bubón adventicio, pero el sonido a pato «tarro canelo» que salía de su boca acababa por delatarlo.

MUJER: Algunas noches, antes de rendirme a la dulzura de los sueños he pensado que quizá al día siguiente no despertarías. Pero en lugar de alegrarme, dicha ensoñación me perturbaba. Ya me he acostumbrado a tus memeces, a tus salidas de tono, en definitiva, a tus mamarrachadas. Algunas relaciones se convierten en tóxicas. La nuestra ha alcanzado una categoría específica, sin posibilidad de ser valorada o, en el mejor de los casos, analizada.

MARIDO: Los croissants de mantequilla son mucho mas sabrosos que los de hojaldre, pero no dejan de ser bollería para invertidos. Es igual que las camisetas de manga corta, que fueron diseñadas para los gais. Jamás me puse una que no tuviera las mangas hasta la muñeca o que incluso me ocultara las manos.

MUJER: ¿Nunca te cansas de hablar contigo? ¿Te has llegado a escuchar alguna vez? ¿Cómo se puede llegar a convertirse en algo, que no tiene nombre? Por lo menos yo no alcanzo a bautizarlo. Me da grima todo lo que sale de tu bocaza. Me produce arcadas ver cómo te crees imprescindible. No tengo ni idea por qué…

MARIDO: Me encanta pensar en pelotitas. (Moviendo los brazos de forma brusca, como si estuviera espantando moscas, o demonios.) No en balones o bolas, no. En pelotitas. ¡Una pelotita tiene tal poder de persuasión! La gente se ha domesticado. Ya no piensan en pelotitas. En vez de eso intentan acercarse a cualquier cosa que tenga una forma esférica. Pero una esfera no siempre puede ser una pelotita. No sé si me entiendes. A veces no puedo expresarme como pienso. Mis neuronas se adelantan a los impulsos nerviosos. ¿Es posible eso?

MUJER: Quizá debería volver a poner la tele. Por lo menos todas las idioteces que salen de la pantalla están diseñadas para lavarnos el cerebro. Cada uno es libre de dejar que le manipulen una o varias ondas hertzianas. Otra cosa es que el ser -y digo ser porque no se me ocurre otro vocablo- que prometió ser un compañero fiel y educado por siempre y para siempre, se comporte como si estuviera a punto de sufrir un derrame cerebral. Un accidente cerebrovascular que nunca llega, pero que continuamente avisa de su inminencia.

MARIDO: La última vez que chupé un coño sufrí lo indecible. Ya sabes, la barriga que molesta cuando se intentan ciertas posturas. Por cierto, fue el coño más jugoso que he comido en mi vida. Hubo un instante en que tenía la boca tan llena de fluidos que casi me ahogo. Ahora me arrepiento. Me arrepiento de no haberme ahogado con esos fluidos. Por lo menos hubiera pasado a la posteridad como la única persona en el planeta que murió a causa de los fluidos vaginales. Fluidos acuosos y en ningún caso viscosos o con colores extraños.

MUJER: (Mirando desde el catre a través de los cristales de la ventana.) No puedo ver a la gente que anda por la calle. Pero sé que hay gente caminado. Algunos tienen un destino establecido, pero la mayor parte se comportan como autómatas. Van de aquí para allá empujados por la misma fuerza motriz que a ti y a mí nos separa. Creo que voy a intentar dormir.

MARIDO: Estoy preparado para capturar a Dios. He diseñado una trampa con un pecador como cebo. La omnipotencia olerá los pecados del infractor y se acercará a explorar. Entonces, una tapa metálica compuesta por una rejilla electrosoldada y acero galvanizado se cerrará con fuerza y lo atrapará. Después me haré rico mostrándolo en ferias y circos.

MUJER: Buenas noches. ¡Ojalá todo fuera un sueño…!

MARIDO: Somos como esos pequeños alambres que se utilizan para cerrar las bolsas de pan de molde. ¡La parte más imprecisa de una manufacturación gloriosa! Porque cada una de esas partes son fragmentos de una totalidad comercial. Puede que algunas se parezcan a otras que existen desde hace décadas, pero las que nos interesan son nuevas, y lejos de querer innovar, se contentan con permanecer hasta que sean desalojadas. Para siempre.

TELÓN

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Email del 25 de junio 2022

George Stefanescu. Harlequin’s sadness (1978)
Cierto día, un cuervo se posó sobre el hombro de un campesino. Era el mensaje que esperaba. Lo que sucedió a partir de ese momento lo convirtió en alguien distinto. Se proclamó rey de todos los campos y terrenos baldíos que le pertenecían y rehusó seguir viviendo con el resto de su familia. Rodeó sus posesiones con cuerdas hechas con hierbas y bautizó a cada uno de sus súbditos, que no eran más que serpientes, lagartos e insectos, con nombres rimbombantes. Talló sobre un tocón podrido que yacía en el suelo un aviso que serviría, según él, para ahuyentar a cualquier ser bípedo que osará acercarse a sus dominios. Pero para que esa especie de broquel sirviera para algo, debería traspasar sus límites y depositarlo a unos cuantos cientos de metros más allá de su cercado. Eso le asustó. Primero, no tenía la fuerza suficiente como para arrastrar el tronco y trasladarlo. Segundo, le aterraba la idea de salir de su extraño paraíso. Así que no tuvo más remedio que reducir sus propiedades para que la advertencia pudiera ser interpretada debidamente. En unas cuantas horas su universo exclusivo mermó en la mitad aproximadamente, lo que no impidió que siguiera sintiéndose dichoso. Pasaron varios años. Las lluvias, el sol y los vientos del norte tejieron en su piel un indicio de lo que significa la edad. Una tarde de agosto murió mientras contaba piedrecillas en el lado sur. Ninguna de sus serpientes, lagartos o insectos derramaron una sola lágrima. Su cuerpo se pudrió en siete meses y los despojos resultantes fueron absorbidos por la tierra.

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Email del 24 de junio 2022

William Turner. Snow storm (1842)

Querida:

Para algunos la felicidad representa encontrar a alguien, sin embargo para otros significa deshacerse de todos. En mi opinión, yo creo que la felicidad consiste en sacar afuera todo lo que está dentro y de alguna u otra forma te oprime y esclaviza. ¡Y eso es lo que hizo en su día Heriberto Ferrontes Ferrontes! Por esa razón en su casa no había nada. Absolutamente nada. Todo estaba afuera, repartido entre en el rellano, la escalera y el patio. Y cuando digo todo me refiero a los electrodomésticos, los enseres domésticos, los muebles, entre ellos, su maravilloso sofá de piel de cinco plazas compuesto por un módulo izquierdo de tres plazas y otro rinconera y chaise longue a juego tapizados en piel de vacuno y con un exquisito diseño de líneas. Afortunadamente para Heriberto, el edificio, con excepción de su vivienda y la mía, estaba completamente deshabitado. El resto de inquilinos fueron dejando sus pisos poco a poco, sobre todo cuando la convivencia se tornó insoportable. Supongo que te preguntarás por qué no denunciaron a ese sujeto. Lo hicieron, pero no sirvió de nada. Además Ferrontes² era el propietario del edificio. Yo aguanté todo lo que pude, pues no es fácil subir y bajar la escalera saltando armarios, vadeando sillas, reptando por debajo de mesas y rodando por encima del sofá de piel de cinco plazas compuesto por un módulo izquierdo de tres plazas y otro rinconera y chaise longue. No olvides que ese inmueble, influenciado por el estilo Guastavino, fue construido a finales de los años treinta y carecía de ascensor.

Pero… la verdad, no sé por que te he hablado de Heriberto Ferrontes. Yo solo quería despotricar sobre esa ilusión emocional llamada felicidad. A Ferrontes² que le den por… En realidad le dieron por… Alguien, nunca se supo quién, le descerrajó un pedrusco de más de 15 kilos en la cabeza. Por supuesto murió en el acto. Durante un par de meses yo fui uno de los sospechosos de su asesinato.

Ser feliz implica deficiencia e imbecilidad, pero ser o parecer un desgraciado nunca trae nada bueno, sobre todo si intentas pasar desapercibido. ¡Recuerdo a Elisa Mufrina Surrabuca! Siempre que salía de su casa intentaba por todos los medios que no la reconociesen. Como casi nunca se dejaba ver, prácticamente nadie sabía que existía. Cuando quería pensar en sus cosas se sentaba en un banco solitario de un parque alejado y abandonado de la mano de esa entidad ficticia y adocenada llamada Dios. A veces incluso se imaginaba que era una mujer normal, pero pronto le entraban los temblores y regresaba a casa corriendo asustada, como si le persiguieran el hombre del saco, el cuélebre, la corrupia y el tragaldabas juntos. Ser su amigo durante año y medio me desgastó por completo. Todavía me siento ajado y deslucido, y eso que hace siete años que no la he vuelto a ver. Lo último que supe de ella es que pretendía convertirse en un anaquel convencional.

Cada día que pasa, siento que mi mundo se hace más y más pequeño. Si esta sensación sigue su curso natural, acabaré viviendo en el borde de un precipicio ficticio. Afortunadamente no existen las caídas imaginarias, por lo que todavía me siento algo seguro, pero ¿y sí ese margen irreal sólo es un indicio? A menudo me acomodo a contemplar la nada. Me encanta su absoluta inexistencia  y su función lógica. ¿Por qué no puedo vivir allí? Yo también me opongo a cualquier tipo de principio. ¡Y a cada uno de los posibles finales! Por esa razón el tiempo carece de valor intrínseco. Confirman mis sospechas un montón de hechos, acciones, incidentes. ¿Debería comerme las últimas palabras? Quizá sería útil que en lugar de dibujar trazados difusos me decantara por agujerear cada una de las notas, blancas y negras, que me transforman en un imbécil idealista. Joder, ¡me estoy convirtiendo en un jodido bufón!

Auxibio Badaloro Cantrabo, trabajaba de payaso los lunes, martes, miércoles y jueves. Los viernes y sábados escribía cada uno de los hechos extraños que se ocultaban en su cabeza. Pensaba, escrutinizaba y liberaba ese torbellino formado por casualidades, miedos inconscientes y tiempo desperdiciado. O tiempo masacrado. O tiempo liquidado, arrollado, trepanado, y en numerosas ocasiones, entregado, devuelto y archivado. Los domingos… los domingos y fiestas de guardar se tumbaba sobre la alfombra del salón y contaba cada una de las columnas de fuego que le cerraban el paso…

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Email del 23 de junio 2022

Philip Moss, Buntys’ Knickers (1994)

Querida:

Si a cada número le asignamos una letra, el resultado es un código. Supongamos que la «A» es el 1 y la «Z» el 27, algo extremadamente sencillo de entender a menos que uno sea un retrasado mental o un político. Ahora, tomemos un texto sencillo, por ejemplo, el siguiente:

«Cuando fumo me siento más sexual».

El resultado de traducir estas palabras al código anterior sería algo así:

3 22 1 14 4 16  6 23 13 16  13 5  20 9 5 14 20 16  13 1 19  20 5 25 22 1 12

Ahora vayamos más lejos. A cada número par de un dígito le asignaremos la palabra «braga» o su equivalente en plural. Lo mismo haremos con los impares, aunque cambiando la braga por «calzoncillo». Si lo hacemos correctamente, la frase quedaría de esta manera:

3 calzoncillos 22 bragas 1 calzoncillo 14 bragas 4 bragas 16 bragas
6 bragas 23 calzoncillos 13 calzoncillos 16 bragas
13 calzoncillos 5 calzoncillos
20 bragas 9 calzoncillos 5 calzoncillos 14 bragas 20 bragas 16 bragas
13 calzoncillos 1 calzoncillo 19 calzoncillos
20 bragas 5 calzoncillos 25 calzoncillos 22 bragas 1 calzoncillo 12 bragas

Si analizamos concienzudamente el resultado, podemos llegar a una conclusión arrolladora:

Hay más bragas que calzoncillos. Para ser exactos 52 más, por lo que se deduce que el número de usuarias de prendas íntimas es superior, o que varios usuarios se han puesto por error dos calzoncillos cada uno.

Pero compliquémoslo todavía más. A cada número de calzoncillos con un dígito le añadiremos otra palabra: «limpio-a» o «limpios-as» y a los de 2 dígitos «sucio-a» o «sucios-as». Lo mismo haremos con la palabra «bragas» y su número correspondiente:

3 calzoncillos limpios 22 bragas sucias 1 calzoncillo limpio 14 bragas sucias 4 bragas limpias 16 bragas sucias
6 bragas limpias 23 calzoncillos sucios 13 calzoncillos sucios 16 bragas sucias
13 calzoncillos sucios  5 calzoncillos limpios
20 bragas sucias 9 calzoncillos limpios 5 calzoncillos limpios 14 bragas sucias 20 bragas 16 bragas sucias
13 calzoncillos sucios 1 calzoncillo limpio 19 calzoncillos sucios
20 bragas sucias 5 calzoncillos limpios 25 calzoncillos sucios 22 bragas sucias 1 calzoncillo limpio 12 bragas sucias

El resultado es avasallador: la mayor parte de usuarios de ambos sexos son unos guarros. Sólo 36 sujetos han pasado la prueba de limpieza presentando sus prendas inmaculadamente higiénicas. Por lo que se deduce que:

a) Las lavadoras resultan caras. Los fabricantes de las mismas deberían replantearse una bajada sustancial de los precios de venta al público.
b) No vale la pena perder el tiempo lavando la ropa interior. Es preferible usarla hasta que se caiga a pedazos y ahorrar dinero.

Llegados a este punto me gustaría dejar claro que este estudio completo sobre la higiene, y que empezó como un mero ejercicio de codificación, sólo representa a individuos menores de 95 años, por lo que no se puede generalizar la conclusión de que toda la población europea es marrana. En próximas entregas, analizaré exhaustivamente otras posibilidades. Pero hasta entonces, creo que deberíamos meditar los resultados y llegar a una conclusión que nos satisfaga a todos.

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Email del 22 de junio 2022

Dieter Roth. Rabbit-shit-rabbit (1972)

Amiga:

Cada vez que entro en mi banco, lo hago por mi propio pie, pero al salir siempre tienen que ayudarme entre varios empleados. Mientras dos o tres de ellos me sacan en volandas, uno me aplica compresas frías en la cara y otro me masajea el pecho, a la altura del corazón, con movimientos rítmicos bien estudiados. Una vez me vieron tan mal que incluso la directora del banco se ofreció a acostarse conmigo si en lugar de desmayarme en la sucursal lo hacía en la calle. Por supuesto no acepté, ya que tengo cierta tirria al vello facial femenino y sufro serios problemas de erección al ver desnudo a cualquier subalterno que trapichee con dinero. Pero esta mañana ha sido diferente…

DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, espero que hoy no irá a montar un numerito.
YO: No se preocupe. Le doy mi palabra de honor.
DIRECTORA SUCURSAL: Bueno, vamos a ver. Hum, veo que sigue en números rojos.
YO: Sí, es mi color preferido.
DIRECTORA SUCURSAL: A día de hoy usted nos debe 84.284,50 euros. Como cobra una mierd…Quiero decir, como su sueldo es bastante bajo, calculo que habrá liquidado su deuda en febrero del año 3027.
YO: Necesito un nuevo crédito para tapar el resto de préstamos.
DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, si de mí dependiera le concedería uno ahora mismo, pero no está en mis manos. Yo sólo soy una empleada sin poder de decisión.
YO: ¿Le puedo hacer una pregunta?
DIRECTORA SUCURSAL: Por supuesto.
YO: Si me niego a pagar de ahora en adelante…
DIRECTORA SUCURSAL: Si se niega a cumplir sus responsabilidades nos veríamos obligados a tomar medidas severas contra usted y su familia.
YO: ¿Qué quiere decir?
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Sabe dónde se encuentra Colombia?
YO: Creo que entre Venezuela y Ecuador.
DIRECTORA SUCURSAL: ¡Bravo! Así es. ¿Y sabe qué abunda en ese país?
YO: ¿Colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Efectivamente. Y la mayoría de ellos trabajan duro para llegar a fin de mes. Algunos incluso demasiado duro, diría yo.
YO: No entiendo dónde quiere ir a parar.
DIRECTORA SUCURSAL: Le seré franca. Si usted no cumple, nosotros nos enfadamos.
YO: Cabrearse no es bueno para la salud.
DIRECTORA SUCURSAL: Por eso detestamos enfadarnos. Si usted se niega a liquidar su compromiso, nosotros le enviamos uno o varios de esos colombianos que trabajan duro para que le convenzan.
YO: ¿Y si no me dejo convencer?
DIRECTORA SUCURSAL: Le aseguro que esos tipos tienen un poder de persuasión espeluznante.
YO: A ver si le entiendo. ¿Me está diciendo que si no pago, cobro?
DIRECTORA SUCURSAL: Le estoy diciendo que usted tiene un compromiso y que debe satisfacerlo.
YO: Supongamos que me niego. Supongamos que me cambio de residencia. ¿Cómo iban a encontrarme sus amigos colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Quizá no le encontraran a usted, pero seguro que darían con alguien de su familia.
YO: No tengo familia.
DIRECTORA SUCURSAL: Vaya, veo en mi ordenador que usted tiene padres, hermanos, tíos…
YO: ¿Le parezco atractivo?
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Cómo?
YO: ¿Sabe? Yo fui actor porno. Se me da muy bien satisfacer a las mujeres.
DIRECTORA SUCURSAL: ¡Gregorio! ¡Por favor! Está perdiendo los papeles. ¿Qué le hace suponer que usted es mi tipo?
YO: ¡Necesito un crédito! Soy capaz de cualquier cosa por conseguirlo.
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Cualquier cosa?
YO: Cualquier cosa.
DIRECTORA SUCURSAL: Verá. Yo no necesito sexo, y menos de un tipo como usted. Conozco a varias personas que me…
YO: ¿Colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Colombianas
YO: ¡Entiendo! Dicen que hago el cunnilingus como una mujer…
DIRECTORA SUCURSAL: ¿En serio?
YO: No le defraudaré.
DIRECTORA SUCURSAL: Supongamos que acepto su proposición. ¿Sabe a cuánto está un cunnilingus en el mercado?
YO: No tengo ni idea.
DIRECTORA SUCURSAL: A 50 euros, aunque en Colombia te lo hacen por 3 pesos.
YO: Estamos en España.
DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, a 50 Euros por, ejem, servicio, usted liquidaría su deuda en el año 46.025. Y eso si me hiciera uno diario.
YO: ¡No puedo creerlo! ¡Debe existir una solución!
DIRECTORA SUCURSAL: La solución es que usted satisfaga sus compromisos.
YO: Me voy a suicidar. Me voy a suicidar aquí mismo. En su oficina. Delante de todos los clientes.
DIRECTORA SUCURSAL: Tenemos otros amigos colombianos que harían desaparecer su cadáver y el de los testigos en un periquete.
YO: Me estoy empezando a hartar de Colombia.
DIRECTORA SUCURSAL: Pues no debería. Es un país precioso.
YO: Me estoy poniendo enfermo. Quiero irme a casa.
DIRECTORA SUCURSAL: Enseguida ordeno a tres compañeros que le ayuden a llegar a la puerta. No se preocupe. Nosotros vivimos para complacer…
YO: Son unos santos.
DIRECTORA SUCURSAL: Recuerde nuestra conversación.

Después de pensar seriamente en mis posibilidades de supervivencia he llegado a la conclusión de que debo largarme lo más rápidamente posible a Colombia, hacerme miembro de una mara y trabajar directamente para el banco. Podría ser su enlace o intermediario. Claro que antes tendría que convencer a esa especie de dóberman bancaria para que me concediese un mini crédito para pagar el pasaje. Y eso no lo veo factible. Tengo que ser sensato. Necesito mantener el cerebro ocupado o acabaré viniéndome abajo. ¿Y si atracara a un ancianita en la calle? Creo que definitivamente he perdido el rumbo.

Email del 22 de junio 2022 Leer más »

Email del 21 de junio 2022

Odd Nerdrum. Shit rock (2001)

Hola:

Como no me ha sucedido nada que pueda considerarse interesante desde que te envié el último email, voy a tratar de contarte lo poco que conozco sobre un tipo irrepetible dotado de una mente privilegiada que, aunque trabajó toda su vida para tratar de facilitarnos el futuro, prácticamente nadie conoce. En resumidas cuentas, este texto no es mas que otro capítulo de esa serie de mini-biografías que de vez en cuando escribo para demostrarte la abundancia de conocimientos que he adquirido desde que decidí afeitarme la cabeza.

A finales de la década de 1830, el gran escatólogo armenio Anoushavan Gasparián (1767-1849) realizó un descubrimiento sorprendente: la materia fecal huele. Hasta ese momento se pensaba que las heces sólo atufaban, por lo que dicha teoría causó un gran revuelo. Para acallar el escándalo, el rector del Colegio Nacional de Escatología Armenia se vio obligado a publicar un desmentido oficial que tranquilizó hasta cierto punto el ánimo del sector más reaccionario de la corporación oficial, constituida por el resto de colegiados y sus ex amantes. En dicho texto se intentaba demostrar la nulidad del verbo «oler» con respecto a cada una de las funciones corporales excrementales y, si bien se aceptaban los sinónimos «apestar» y «heder», se resaltaba con especial énfasis que la palabra correcta era «atufar», y que cualquier signo de cambio sería tomado como una intromisión inmoral y ultrajante. Ante esta disyuntiva Anoushavan decidió realizar un experimento que demostrara de una vez por todas que él tenía razón y el resto de vetustos colegas nadaban en la inopia del conocimiento. Lamentablemente su examen práctico fracasó y se vio obligado a admitir que su teoría era errónea.

A partir de este punto, la biografía de Anoushavan se vuelve confusa. Se sabe que solicitó el divorcio de su mujer pero que le fue denegado porque no estaba casado y que poco antes de morir se tatuó un epitelio intestinal en la espalda, pero ni siquiera se conoce el lugar ni la fecha exacta de su defunción, aunque se sitúa en la ciudad de Yeranos, en el verano de 1849. El resto son conjeturas.

Me gustaría que este minúsculo texto sirviera de reconocimiento a esa mente extraordinaria, ese heterodoxo incomprendido que intentó luchar con todas sus fuerzas contra la maquinaria establecida, corrompida por los designios de la estrechez racional más retrógrada y tradicionalista, apegada como una lapa a un inmovilismo pervertido repleto de contradicciones e incoherencia que, lejos de impulsar la inteligencia como prodigio meramente humano y casi divino, la arrastró hasta unas cotas de vileza decadente de la que tardaría décadas recuperarse.

Saludos

Email del 21 de junio 2022 Leer más »

Email del 20 de junio 2022

Paul Klee. Cosmic composition (1919)

Hola:

De las 37 personas que vivían en esa pequeña aldea, 36 soñaron lo mismo una noche. El único individuo que rompió la excepcional regla, un varón de 87 años, analfabeto y con serios problemas de afección, se dedicó a dibujar icosaedros convexos en las dos paredes opuestas de su pequeña y destartalada cocina de leña. Cuando acabó de dibujar los cientos de triángulos equiláteros conformados en poliedros de veinte caras, se sintió satisfecho y se dirigió al acantilado. Si alguna vez vas a ese pueblucho y te acercas a su precipicio, deberías mirar hacia las rocas cortadas que salpican el fondo. Una de ellas, no sabría decirte ahora cuál, desmembró el cuerpo de aquel hombre. Por esa razón los 36 habitantes de la zona llaman a esa escarpadura «El salto del viejo».

Un pequeño animal de compañía se escapó de la casa que le cobijaba. Mientras recorría los cientos de metros que separaban lo habitual de lo extraño, experimentó una sensación angustiosa, imposible de describir para un humano. Se limpió los bigotes con las zarpas, miró al cielo y enseguida comprendió cuál era su destino. No tardó ni media hora en encontrar a una alimaña rabiosa y desesperada que lo mató y lo engulló por completo. Al día siguiente, su dueña lo buscó en cada una de las estancias de la casa, pero como no pudo encontrarlo creyó que nunca lo había tenido y que sólo era un sueño. Un sueño más. Un sueño engendrado por la desesperación y el abatimiento. Cuando se lo contó a su vecino, éste se asustó, pues era el mismo sueño que él había tenido. Y era el mismo sueño que su yerno, que residía a escasos metros, le había contado. ¿Los tres soñaron lo mismo? ¿Los tres soñaron lo mismo, la misma noche? ¿La misma noche en que el más viejo del lugar dibujó icosaedros?

Aunque estaba impedido le encantaba descansar al lado de la ventana. El sol que entraba y se filtraba por el cristal sucio le calentaba la parte anterior del cuerpo. Era una sensación placentera que le sumía en una especie de maravilloso amodorramiento. Mientras su cabeza se ladeaba y la baba mojaba los primeros botones de la camisa, sus recuerdos se dirigían en todas las direcciones. Lamentaba que las noches no tuvieran sol, pues sin el calor del astro rey los sueños solían transformarse en pesadillas desconcertantes. Si tú fueses una diosa, una hada o simplemente una ninfa y aparecieses en su destartalada habitación, seguramente te imploraría que borrases el capítulo de aquella noche. ¿Por qué no fue ella la que se precipitó sobre las rocas? Si hubiera sido ella, por lo menos algún lugar de la comarca, algún día, llevaría su nombre. Sin embargo, mientras el viejo acababa con sus demonios interiores, ella soñaba algo que ni siquiera era concreto u original.

Las nubes descargaban agua sin compasión sobre la cabeza de una estatua. El cuerpo de esa escultura descansaba semienterrado en la tierra arcillosa, pero la testa se beneficiaba de las inclemencias meteorológicas mientras sus ojos inertes jugaban con cada una de esas pequeñas sensaciones que discurren cuando el tiempo, ese secuestrador invisible e insobornable, se petrifica. La anciana que vivía en la cabaña estaba convencida de que era la cabeza de la Gorgona y jamás la miraba. Cuando fue joven -y no olvides que todos y cada uno de ellos o de nosotros ha sido joven en algún momento de su vida- leyó muchos libros y aprendió a discernir un secreto de un falso rumor difundido a medianoche. Ahora, mientras esperaba algo que no llegaba pero que ansiaba por encima de cualquier deseo, notó como sus fuerzas para soportar una nueva jornada escapaban despavoridas, retrocediendo y cambiando de dirección sin lógica aparente. ¡Sí, ella también soñó esa noche! Y después de ese sueño de sueños, ya nada parecería lo que realmente era. Pues esa representación onírica y cruel, semejante al viento del este que parte los tallos de los girasoles, no era más que una fracción del conocimiento infinito que establecía las distancias y multiplicaba las imágenes fractales codificadas en su memoria.

Continuamente se hacía preguntas. Y aunque parezca inusual, siempre se las contestaba todas. «¿Si sabemos de qué color es la carne de las manzanas, por qué razón seguimos pelándolas?» «¿Podría contar los guijarros de menos de medio centímetro que descansan en el viejo camino que sale de mi casa y conduce hasta el pequeño torrente donde una vez vi a Dios?» «¿Debería esconder las sombras que producen las amapolas en la cajita de estaño?» Cuando no se estaba preguntando algo, solía jugar con dos palitos de madera. Le encantaba el ruidito que hacían al ser golpeados el uno contra el otro, o ambos contra su cabeza. Por las noches solía soñar con esos mismos palitos y con su cabeza. Pero esa noche, esa noche en la que todos los vecinos comulgaron una misma pesadilla, sus palitos, su cabeza y sus preguntas se ocultaron para siempre entre la espesura de veleidades eternas, mientras que el protagonismo se lo quedaron los ejes de simetría, los vértices opuestos, las rectas y las aristas del anciano suicida.

¿Sabes por qué te cuento esto? Yo viví en aquel pueblecito por aquellos días. Yo era un número más entre los soñadores, es posible que el 27, o el 28. ¿Qué más da? Yo soñé lo mismo y puedo certificar que las imágenes que mi prosencéfalo fabricó fueron exactamente las mismas que hirieron y desconcertaron al resto. Durante semanas las comparamos y yo me dediqué a analizarlas. El viejo que no pudo soñar dibujó icosaedros. Un icosaedro no es más que un antiprisma pentagonal rematado en sus bases por dos pirámides (también) pentagonales, con 12 vértices y 30 aristas. El resto de vecinos, los que tuvimos el privilegio o desventaja de dormir, soñamos que esbozábamos dodecaedros en las paredes opuestas de nuestras cocinas; algunas de leña, otras no. Un dodecaedro es una figura geométrica configurada por 12 pentágonos, 20 vértices y 30 aristas. Podríamos haber soñado con tetraedros, hexaedros u octaedros o podríamos haber soñado que nos perseguían, o que volábamos, con agua, con arañas, que nos caíamos, o se caían nuestros dientes, con perdernos, con ser atacados y heridos, con la muerte…

Email del 20 de junio 2022 Leer más »

Email del 19 de junio 2022

Anónimo, Vlad Tepes. 1560

Hola ricura:

Lo han vuelto a hacer. Los mosquitos me han chupado casi toda la sangre. Me imagino que en estos momentos estarán descojonándose ahítos y complacidos mientras yo me encuentro dolorido, rabiando y enfurecido. Acabo de contar 12 ronchas y aún son las cuatro de la madrugada, es decir, tienen tiempo suficiente para desangrarme por completo. ¡Y pensar que gracias a mi flujo carmesí un montón de nuevos chupadores vendrán a esta vida a vaciar a otros desgraciados! Mientras me rasco incesantemente no puedo dejar de pensar para qué diantres servirán esos hijos de puta, es decir, cuál es la función para la que han sido diseñados por la madre naturaleza, si es que han sido creados por ésta y no por un maniaco psicótico llamado Dios. Ya sabes que soy ateo hasta la médula, pero a la hora de lamentar algunas de las creaciones naturales prefiero cambiar de chaqueta y mutar a creyente aborregado para poder echar la culpa a alguien; es lo bueno de ser un cabrón cínico sin decencia ni seriedad, y por supuesto, sin el más mínimo vestigio de principios, moralidad ni ética.

¿Sabías que sólo es la hembra la que se alimenta de sangre?  Mientras esta especie de Lilith díptera hace de las suyas, el pobre macho prefiere nutrirse de néctar o savia, aunque según otras fuentes no hace ascos a un buen potaje de garbanzos tipo Gulabibi, ya sabes, esos que son medianitos, lisos y con forma redondeada y que a veces, sobre todo si no han estado en remojo varias horas, pueden hacer saltar un empaste de amalgama de plata en un periquete.

Hasta donde llegan mis vastos conocimientos, existen varias formas naturales de evitar ser mordido por una de estas Carmilla en potencia:

Ajos: El olor a ajo les repele y les hace sentirse vulnerables, transformando su seguridad en vacilación e incertidumbre y creando una especie de desequilibrio psíquico que trastorna sus irrefrenables deseos de hincar la probóscide en carne humana o animal.

Limón: Según el remedio número 56 del best seller de Dámasa Estalrich titulado Los 7000 remedios de mi abuela Emerenciana recopilados por mi madre Antolina, poner medio limón en la mesita de noche impide ser masacrado por las «chupadoras nocturnas», aunque desgraciadamente no especifica a qué clase de chupadoras se refiere.Amoniaco: Untarse las ronchas con amoniaco calma el dolor y hace ricos a los drogueros del barrio. Además, después de frotar la piel uno siempre puede ponerse a frotar el inodoro y dejarlo tan limpio como los que salen en los anuncios de la tele.

Clavos: Hace un par de años puse tres clavos oxidados debajo de mi almohada y los mosquitos  organizaron una orgía sangrienta en mi cuerpo. Al día siguiente averigüé que lo que debía haber puesto no eran clavos como los que se utilizaron para remachar a Jesús a la cruz, sino clavos de especia. Esa misma noche sustituí las tachuelas y los tornillos por algunos botones florales secos de Syzygium aromaticum y el resultado fue espectacular: amanecí mordido, picoteado, rejoneado, trinchado y deshonrado, pero con un agradable olorcillo a gabinete de aromaterapia que invadía mi habitación.

Existen un sinfín de remedios caseros, algunos probados con éxito y otros bastante discutibles, pero no voy a pasar revista a cada uno de ellos. Tengo un amigo que está convencido de que el mejor de todos es cerrar la habitación media hora antes de ir a dormir mientras dentro, y a un volumen considerable, suenan algunas canciones de Manolo Escobar. Y si lo piensas, tiene sentido. Exceptuando a algunos camioneros malolientes y a los hijos y nietos de Manolo, no creo que exista en el mundo ningún ser viviente que pueda aguantar más de tres minutos de coplas de este señor sin sentir deseos irrefrenables de colgarse de una viga o saltar al vacío desde un acantilado.

Mi abuelo siempre decía que el mejor remedio para no ser picado era estar muerto. Y lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Huelga decir que, después de incinerado, jamás volvió a ser molestado por ningún mosquito ni cualquier otra clase de insecto succionador, a decir verdad no fue molestado por nadie, si exceptuamos a mi abuela, que cuando sufría un ataque de pánico, y los sufría a menudo, agarraba con sus fuertes manos huesudas la urna de las cenizas y le leía la cartilla.

Pero creo que estoy siendo injusto con estos insectos, al fin y al cabo la culpa de sus ataques siempre es nuestra por no seguir algunas sencillas recomendaciones:

1 – No caminar descalzo. Los pies descalzos son muy vulnerables a las picaduras de los mosquitos. Sobre todo a las de los mosquitos tullidos que no pueden volar.

2 – No vestir ropas llamativas. A los insectos, sobre todo los mosquitos, les atraen los vestiditos holgados y las batas de guatiné, pero sin embargo les repelen hasta lo indecible los chándales de la marca Adidas y la ropa sport yonki style en general (a mí también).

3 – No tomar bebidas directamente del vaso o la lata sin ver con claridad el contenido. Un insecto puede haber entrada en la lata o vaso para calmar la sed o tomarse un baño reconfortante sin que el incauto se dé cuenta y luego le puede picar en las encías, la lengua o el tumor incurable de la garganta.

Pero si no hemos sido capaces de escapar de su mordedura o picadura, existen algunos remedios infalibles que pueden aliviarnos:

a) Restregar la zona de la picadura con tortilla de patata envasada de la marca blanca de Alcampo. Aplacado el picor, se recomienda regalar el resto de la tortilla a un vecino ingenuo y retrasado, o en su ausencia, a un indigente o a una víctima de la AEB (Asociación Española de Banca).

b) Poner ácido sulfúrico sobre la picadura, para que no se extienda el veneno.

c) Es de dominio público que robar un botijo y salir corriendo calma los picores de las mordeduras de varias clases de insectos.

Bueno, espero que después de leer esta pequeña disertación en forma de email conturbado y desequilibrado a partes iguales, no cometas el error de dejarte avasallar por alguno de esos malditos y sanguinarios culícidos. Y si por algún motivo eres ultrajada, magreada y chupeteada pero has estado atenta a esta clase magistral, ya estás en disposición de contrarrestar sus nocivas e insoportables consecuencias.

Un semiachuchón.

Email del 19 de junio 2022 Leer más »