Email del 29 de julio 2022

Hoy he recibido carta de mi hermana…
Querido Greg:
Las discusiones en torno a la conformación del rostro de Sindulfo Dulsinfo no variaban en absoluto pese al tiempo que le estábamos dedicando. Yo me mantenía en mis trece: la cara de Sindulfo era como una trama ilógica dentro de un contexto relativizado conceptualmente. Sin embargo, para mi compañero sentimental, el rostro de Sindulfo le recordaba a un mamparo de popa. A pesar de nuestras divergencias, tanto intelectuales como emocionales, y a pesar del dolor que a mi pareja le producía su recién implantada férula cerebral, decidimos llegar a un acuerdo: Sindulfo Dulsinfo era feo. Tan feo que era imposible calificarlo del cero al cinco. De modo que nos inventamos un número que estaba por debajo del numeral de valor nulo. ¡El «rujo»! Al principio nos pareció un número maravilloso, pero pronto llegamos a la conclusión que podía ser fácilmente confundido con rojo y lo cambiamos por «zros». Zros, cero, uno, dos, tres, cuatro y cinco. Estaba claro, Sindulfo era un tipo que encajaba perfectamente con el zros. No obstante nos pareció que si lo pronunciaba alguien con disartria la cosa se saldría de madre y las carcajadas nos aguarían la fiesta. Si es que alguna vez nuestro inventito fonético daba una fiesta. «¿Y por qué no «groar» en lugar de «zros»? Vale, sí lo sé, parece que me esté atragantando». «¡Ya lo tengo, «frusan»! Queda bien… frusan, cero, uno, dos, tres, cuatro y cinco. La faz de Sindulfo Dulsinfo es de frusan patatero» «¡No, me parece que no. Creo que debemos esforzarnos más».
Los planteamientos casi siempre son relativos. Poco importa que estos sean producto de un arrebato, un sinsentido o propulsados por la soledad. ¡A veces nos sentimos tan solos! Consideremos la soledad, pero no teorizemos demasiado sobre ella. Acerquémonos a su cuerpo y tratemos de acariciarlo con cuidado de no rozar sus quelíceros. ¿Qué es lo que vemos? ¿Qué es lo que sentimos? ¿Vacío, aflicción, desasosiego? ¿O quizá, como es mi caso, júbilo, placer y alborozo? ¿Por qué? Me refiero a por qué experimentamos sentimientos? Sería más fácil tantear otras opciones. ¡Pero sin permitirse demasiadas soluciones! Dios, me gustan tanto los vocablos terminados en «ones», como descristianizaciones, omisiones, rotaciones, premociones, o la mas perfecta e inútil de todas, malformaciones.
«Estoy pensando que deberíamos dejar los inventos de términos. Sería más sencillo otorgar valores negativos al cero». «¡Pero eso ya existe!» «Sindulfo pertenece a la categoría -0» «¡Menos cero es igual a cero! ¡No, es bajo cero! Mientras divagábamos como si fuéramos dos autores retirados, llamaron a la puerta. «¡Coño, creo que es Sindulfo!» «Déjate de creencias y abre la puerta». «No es Sindulfo Dulsinfo. Menos mal. Es el jodido cartero». «¿El de siempre?» «Sí, el de siempre. Le pongo un 2. Quizá un 2.5». «No estoy de acuerdo, se merece un 1.8». «Quizá tengas razón. Vale, lo bajo a 1.7». «1.7 es una nota infinitamente superior al -0 otorgado a Sindulfo». En un momento dado los rayos de luz que entraban por las rendijas de las persianas se transformaron en tiritas de esparadrapo. Como no encontraron dedos tajeados o cortes en ninguna parte de nuestros marchitos aunque bien vestidos cuerpos decidieron salir por donde habían entrado.
Las evidencias son inequívocas. Tal vez mis observaciones puedan resultar inválidas, pero yo estaba allí. En realidad siempre he estado allí, excepto ahora que estoy aquí. La distancia que separa cada uno de mis aquí y mis allí es intencionada. No necesito ni sus aquí ni sus allí, ni siquiera sus ahora o sus nunca o siempre. Todavía creo que mandarle al carajo fue lo mejor que he hecho en la vida. Aunque estoy segura de que jamás llegará a ese lugar por mucho que lo intente. Con él me siento mas yo: desde que amo a Sindulfo creo en la lógica. Claro que la noción de causa o de condición se ha trastocado. Ahora considero las diferencias y hasta soy capaz de ponerles nombres. Acepto los argumentos tal y como son, sin necesidad de disfrazarlos con interrogaciones, puntuaciones, o partirlos en porciones, para encontrar falsas soluciones. ¡Dios, me gustan tanto los vocablos terminados en «ones»!
Tú ya me entiendes…
Cariños,
Gaga
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