Email del 25 de marzo 2024

Querida:
Manuel Vázquez Montalbán lo repitió durante toda su vida: «Lo mejor es comer, beber, fumar y que no te pase nada”. Ese fue mi mantra preferido durante décadas, hasta que me pasó algo, o mejor, hasta que en un lapso reducidísimo se me fue prohibiendo todo… lo que es mejor. El martirio comenzó hace 18 años con el alcohol, continuó con el tabaco y concluyó con la comida que más me deleitaba. Actualmente sólo bebo agua, té verde y manzanilla, mi alimentación está compuesta por verduras y legumbres y sólo fumo lo que otros desechan por la boca.
¡Ese día había comido alubias! Cinco horas después me reunía con el resto de vecinos en el zaguán de la escalera para aprobar las cuentas y los presupuestos de la comunidad. Bueno, tú ya sabes que una jodida junta vecinal ordinaria no es más que la reproducción a escala menor de un frenopático. Cómo sólo está permitido que asista una persona por vivienda nos habíamos concentrado 10 residentes bastante diferentes los unos de los otros¹. La reunión, como siempre, comenzó divertida, ya que nuestro administrador, al que llamábamos Pijus Magníficus en homenaje al personaje del film de los Monty Python, cecea al hablar, pero poco a poco fue calentándose. Lo mismo le sucedió a mis intestinos, en esos instantes transformados en una hormigonera industrial marca Elkon o Altrad Lescha. ¡Malditas legumbres de los cojones! Solté la primera ventosidad carraspeando, pues no estaba demasiado seguro de que fuera a ser totalmente silenciosa. Efectivamente, fue totalmente silenciosa, pero todo lo que tenía de totalmente silenciosa lo tenía de totalmente pestilente. Al principio mis vecinos se miraban los unos a los otros mientras el administrador intentaba vocalizar correctamente las cifras de las futuras derramas². Como mi barriga estaba saturada de gas era primordial que la fuese vaciando poco a poco o terminaría en un hospital. Y eso es lo que hice disimulando durante la siguiente hora, hasta que llegó un momento en que el hedor se hizo insoportable y no hubo más remedio que aplazar la junta.
Al día siguiente coincidí en el rellano con un par de vecinas que despotricaban sobre lo sucedido el día anterior. Lo primero que me preguntaron fue si yo tenía un culpable. Cuando les respondí si con culpable se referían al pedorro me hice el tonto y les expuse mi opinión personal, es decir, le eché la culpa al administrador, ya que me caía fatal. Sorprendentemente ellas me contestaron que también creían que había sido él y que ya iba siendo hora de contratar a otro menos… zullenco. Mientras bajaba los cuatro tramos de escaleras tuve una visión en la que un desodorante íntimo de Cattier del tamaño de una mesa camilla (con tarima, cristal, faldilla y tapete), subido en una descomunal nube Kinton intentaba convencerme de que yo era un tipo abnegado y de corazón puro y que sólo los tipos abnegados y de corazón puro eran los verdaderos patricios de la creación y el resto, o sea, los organismos amorfos, zurumbáticos, abúlicos y sumisos no contaban para nada.
Cuando la visión desapareció yo me encontraba en una acera encima de una anciana que se quejaba dando alaridos. A escasos metros un montón de gente me increpaba. Al parecer, preso de la alucinación había derribado a la vieja. En la comisaría me enteré de que se llamaba Acindina Vera y era la abuela del cabo Frumencio de Rais y Bathory, uno de los policías más perversos y depravados de la Unidad Central de Protección. Afortunadamente, ese tipo se encontraba a 800 kilómetros de distancia protegiendo a alguien, por lo que tras una lenta y catártica leída de cartilla no tuvieron más remedio que soltarme sin cargos.
Ahora me encuentro en mi casa, languideciendo sentado sobre un puff incómodo aunque realmente decorativo. Intento escribir de una forma más o menos ucrónica lo que me ha sucedido en los dos últimos días. En realidad sigo siendo el mismo de siempre, pero sin azúcar añadido. En otras palabras, sigo siendo la persona que diseñó el higienizador testicular más vendido de Europa. Y todas las putas mañanas del mundo me veo a mí mismo como un redensificador al que por alguna razón no le permiten redensificar libremente. Sí, ya sé que soy un poco pinturero, un pedorro y un vacilón al estilo Garamendi, pero no me importa en absoluto.
Greg
NOTA 1)
-Puerta 1: Habitada por una pareja de unos treinta y pico años. Ella se llama Adela es alta y guapa, él, Cosme y es bajito y feo, ¡ah!, y suele hurgarse las narices cuando alguien le mira fijamente a los ojos. En general es un tipo zurumbático de pocas palabras. No tienen hijos ni mascotas y creo que ambos son empleados públicos. A la reunión acudió el hombre de la casa, embutido en una bata de guatiné de color rosado que, debido al tamaño y el estilo, seguramente pertenecería a su pareja.
-Puerta 2: Esta vivienda está alquilada por un murciano que viste su barbilla con un insignificante chin puff. Sólo he hablado una vez con él y me pareció un monomaniaco excesivo. A la reunión asistió el propietario, un tipo al que le brillan los zapatos de charol.
-Puerta 3: Poco puedo decir de los dos individuos que viven en esta vivienda. Deben rondar la treintena y creo que tienen un perrito, aunque ni yo ni nadie lo ha visto. Claro que también puede que ladren ellos. Desconozco sus orientaciones sexuales y a lo que se dedican.
-Puerta 4: Habitada por una mujer de unos cuarenta años que vive sola. Tampoco he hablado con ella nunca aunque me la he cruzado en la escalera en numerosas ocasiones. La vecina más anciana y alcahueta oficial del patio, doña Crescenciana, está convencida de que es monja, pero yo no acabo de creérmelo.
-Puerta 5: En esta puerta, o mejor dicho, tras esa puerta convive una familia formada por una viuda muy circunspecta y sus cuatro hijos de ambos sexos. También tienen varios loros y un perro que todas las noches aúlla a la luna. A la reunión acudió una de las hijas… creo que la mayor.
-Puerta 6: Aquí vive una joven que no llegará a la treintena, bastante atractiva y extraordinariamente creída. Desconozco si es feliz, claro que en realidad su dicha, como la del resto de vecinos y humanos que pululan por la Tierra, me la refanfinfla.
-Puerta 7: Tras una puerta de madera de pino barnizada vivo yo, junto con un par de cientos de plantas y una treintena de guitarras. A menudo me fotografío acariciando a las plantas y regando las guitarras, o puede que sea al revés. ¡Pero siempre con una bolsa de basura cubriéndome la cabeza!
-Puerta 8: Mariano. El propietario de este inmueble se llama Mariano, tiene setenta y pico años y es jitanjafórico profesional. Nadie es capaz de entenderle. Lo mejor es asentir a todo lo que sale de su bocaza ya sean palabras sin sentido o espumarajos churretosos.
-Puerta 9: ¡Ah! Doña Crescenciana. Esta es la morada de doña Crescenciana, nuestra Securitas Direct particular y cotorra autorizada. Tiene 92 años y baja y sube la escalera dando brincos. Todo el mundo la odia, aunque ella está convencida de que «la envidia no tiene edad».
-Puerta 10: Habitada por un cristiano mesiánico que reza incluso cuando habla. Yo estoy convencido de que es ventrílocuo o por lo menos un soprano que canta difónicamente al estilo de Tuva.
NOTA 2)
VECINA DE LA PUERTA CINCO: ¿No huele mal?
VECINO DE LA PUERTA DOS: ¿Mal? Llevo un rato aguantando sin decir nada por cortesía, pero es inaguantable.
ADMINISTRADOR: ¿Tienen algún problema con las bajantez?
VECINO DE LA PUERTA DOS: Esto no es un problema de tuberías. Alguien, algún guarro o guarra está tirándose pedos silenciosos y brutales…
ADMINISTRADOR: ¿Quiere decir que ezte olor inzoportable ez debido a un pedo?
VECINA DE LA PUERTA CINCO: Insoportable es poco. No sé si será un solo pedo o una serie de ellos ¿Cómo se puede estar tan podrido? Que tenga cojones el guarro o guarra y de la cara.
VECINA DE LA PUERTA NUEVE: Creo que me voy a desmayar…
VECINO DE LA PUERTA TRES: La verdad es que es un olor insoportable…
VECINA DE LA PUERTA NUEVE: De verdad, me voy a desmayar…
ADMINISTRADOR: Por favor que doz de uztedez acompañen a la zeñora Crezcenciana a la calle para que rezpire aire puro…
VECINO DE LA PUERTA SIETE (O SEA, YO): Pues yo no huelo nada…
VECINO DE LA PUERTA UNO: ¿Qué no huele a nada? Amigo, debe pedir cita con el otorrino lo más pronto posible…
VECINA DE LA PUERTA CINCO: Vamos a abrir las ventanas de los dos primeros rellanos y la puerta de salida o pereceremos todos.
ADMINISTRADOR: Parece que ya no huele tanto. ¡Esperen! ¡Vuelve el maldito olor!
VECINA DE LA PUERTA CINCO: Ya he abierto las ventanas de los dos primeros rellanos.
VECINO DE LA PUERTA TRES: ¡Por Dios! ¡Es vomitivo! El autor de estas… de estos pe… de estas flatulencias debe estar cerca de la muerte. Una persona sana no se tira ped… ventosidades tan nauseabundas. Es un olor como de inodoro repleto de mierda de cientos de personas, que no se ha limpiado en dos o tres lustros.
VECINA DE LA PUERTA CINCO: ¡Pero que chorradas dice! ¿No será usted el guarro?
VECINO DE LA PUERTA TRES: ¡Aquí la única guarra es usted! Todos sabemos lo que hace con esos adolescentes que la visitan
VECINA DE LA PUERTA CINCO: ¡Es usted un hijo de puta integral! ¡Le voy a mat…!
ADMINISTRADOR: A ver. Dejemoz de pelear entre nozotroz. De lo que ze trata ez de dezcubrir quien ez el puerco.
VECINA DE LA PUERTA NUEVE: Creo que voy a vomitar… ¡Mi tensión! Ya soy mayor para soportar…
VECINO DE LA PUERTA TRES: Es curioso. Los vecinos de las puertas cuatro, seis, ocho y diez no han dicho ni una sola palabra. ¿No serán ellos los cochinos?
VECINO DE LA PUERTA TRES: ¿Quiere decir que los cuatro a la vez se están tirando los pedos?
VECINA DE LA PUERTA SEIS: Yo nunca me tiro pedos en público. Tengo eso que algunos de ustedes nunca POSEERÁN y que se llama «clase».
VECINO DE LA PUERTA OCHO: Como sigan los corruncios, las falsas melaciones y este olor brigodante me largaré a casa.
VECINO DE LA PUERTA SIETE (O SEA, YO): Creo que lo mejor sería aplazar sine die esta reunión. Los ánimos se están caldeando.
VECINO DE LA PUERTA TRES: Pues yo creo que deberíamos oler los traseros de todos los presentes aquí para saber quién es el autor de esta repugnancia sin nombre…
VECINA DE LA PUERTA CINCO: ¡Yo no pienso meter mi nariz en ningún trasero!
VECINO DE LA PUERTA TRES: No se preocupen. Yo lo haré.
ADMINISTRADOR: ¡Pero zeñor Frumencio!
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