Nombre del autor:El despotricador anhedónico

Email del 3 de Agosto 2011

Yacek Jerka. «Cupboard Sunset» (2008)

A veces pienso que mi vida es demasiado aburrida, predecible y tediosa como para llegar hasta los 108 años sin ganas de beber un buen trago de cianuro; pero otras veces, como hoy, me alegro de que suceda algo que me saque de esta especie de Limbo en que suelo residir.
Me encontraba asomado al balcón, un poco ensimismado y en medio de complicadas meditaciones cuando de repente un alarido infernal me ha devuelto a la realidad: el grito espeluznante era del afilador. Como lo lees; en pleno siglo XXI aún existen afiladores que gritan por las calles intentando atraer clientes para sus tijeras, cuchillos y demás instrumentos de corte. Este tipo con aspecto de chimpancé sacado directamente  del film «El planeta de los simios» era peculiar, y su voz todavía más singular; su timbre era parecido al de un diablo de Tasmania cuando se pelea por un trozo de carroña con un congénere, pero al mismo tiempo más musical; puedes hacerte una idea si mezclas en tu mente el gruñido del Sarcophilus Harrisii y el de un mirlo afeminado. Pero lo que verdaderamente me ha fascinado ha sido su discurso para hipnotizar a las marujas del barrio y que éstas, prácticamente enloquecidas, le lleven sus instrumentos romos para ser aguzados por unos pocos euros. Voy a tratar de recordar sus palabras lo más exactamente posible:

«El afiladooooor, Chiquillaaaaa, el afiladoooor ya está aquí para afilar tu cuchillo; el afiladoooor. Afilo toda clase de navajas, machetes, puñales, tijeras, cizallas, tenazas. El afiladoooooor. Nenas, ha llegado el afiladooooor.»

Estarás de acuerdo en que su prosa dista mucho de la de Shakespeare o Christopher Marlowe, pero era efectiva y cumplía su objetivo: tratar de que los supermercados no vendan demasiados cuchillos. Durante una hora este representante del eslabón perdido ha estado dándole a su rueda de amolar, instalada en una cochambrosa moto seguramente fabricada antes de que Jesucristo resucitara a Lázaro y no le cobrara ni un talento por el milagro. Incluso estoy pensando en estos momentos robar una bicicleta y dedicarme a ir por los barrios cantando canciones de los años cuarenta; podría hacerme llamar «el bardo de tiempos remotos» y con el dinero que les sacara a los papanatas que cayeran en la trampa, montar un circo de merluzas y besugos que bailaran al son de mi música e incluso atravesaran aros de fuego.

Amiga mía, creo que empiezo a divagar. Creo que lo más prudente es que me retire a mi habitación de orar y entone el salmo XXII, que aunque es realmente soporífero, me ayuda a matar el tiempo, ese injusto dueño de nuestras vidas.

Un besazo

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Email del 2 de Agosto 2011

Hieronymus Bosch. Fragmento de «El jardín de las delicias» (hacia 1460)

Hola:

Creo que ha llegado el momento de desarrollar en cuentos varios temas que me rondan la cabeza:

1 – Un hombre hastiado por las circunstancias decide dejar de respirar para invariablemente morir, pero no muere. Sin ese proceso fisiológico indispensable para la vida cualquier ser hubiera fallecido, pero no mi personaje, que continua viviendo y desarrollando su asco por la humanidad. Pasan los años hasta que cierto día, ese humano que no respira muere en un accidente de coche. De repente, en medio de la fría oscuridad del depósito de cadáveres y realmente muerto, ese humano con cierto «espíritu de contradicción» comienza a respirar.

2 – Una chica bastante joven y guapa desaparece mirándose al espejo. Realmente se descorpora y se convierte en invisible. Aterrada intenta gritar pero el sonido de su voz se transforma en un estertor. Sin cuerpo y sin apenas voz se tumba en el suelo y rememora su vida.

3 – Un caballero gentil, galán y bastante agraciado físicamente, de unos 50 años, pierde una oreja en medio de un violento estornudo. Sin inmutarse la recoge del suelo y la envuelve en una servilleta. No ha pasado ni media hora desde el suceso y en medio de cierta conmoción de mi protagonista, la oreja comienza a hablar, se hace amiga de su propietario y le dicta sus memorias (las de la oreja). El hombre las publica y se hace archimillonario, aunque unos años más tarde pierde toda su fortuna jugando al tute arrastrado.

4 – Una oreja, posiblemente la misma de la idea anterior, se presenta a las elecciones por la alcaldía de una ciudad, pero como no posee boca no la toman en serio y pierde los comicios. Frustrada, intenta suicidarse arrojándose a un gato callejero, pero este está muy ocupado descuartizando otra oreja y ni siquiera se da cuenta del mártir ofrecimiento. Extremadamente resuelta a poner fin a su vida, la oreja se inserta en una barra junto a un pollo pelado en un asador de aves.

5 – Una mujer de 60 años tiene un fortísimo orgasmo mientras plancha la ropa. Avergonzada de su líbido salvaje y desproporcionada, intenta rajarse las venas, pero mientras lo hace tiene, otro orgasmo mucho más fuerte que el anterior. Entonces siente deseos de vivir nuevamente y se venda la muñeca, pero otro orgasmo de la magnitud de un terremoto menor la deja inválida. Tres años más tarde, sentada en su flamante silla de ruedas eléctrica escribe una narración filosófica titulada «La crisis orgásmica» que se convierte en best seller mundial.

Como verás, estos pequeños argumentos pueden dar para un gran volumen que podría ser regalado a los compradores de elementos para el jardín en un gran centro comercial y con los royalties podría pagarme una liposucción. Mi vida en estos momentos se asemeja a una extraña mezcla de INFELICIDAD Y POBREZA y unas monedas no me vendrían nada mal, incluso estoy convencido de que me harían disfrutar de esta vida hasta cotas insospechadas, si tenemos en cuenta que el único momento de placer que me saca del aburrimiento es cuando orino en el felpudo de mi vecino de abajo.

No te molesto más, ahora voy a prepararme una infusión de menta mientras intento pasar al papel la primera de estas tramas.

Besos

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Email del 1 de Agosto 2011

Giorgio de Chirico, «El gran metafísico» (1917)

Hola:

La disertación sobre el Yo se me está atragantando, te explico: si trato el tema ontológicamente, que es lo que estoy tratando de hacer, acabo pareciéndome a un teólogo retrasado mental, si por el contario adquiero un punto de vista moral con ciertas connotaciones absurdas el resultado es una especie de chiste surrealista y algo extraterrestre. He escrito unas versiones cortas, casi unos apuntes de cada una de estas formas y ninguna me satisface. Estarás de acuerdo conmigo en que el tratamiento serio del Yo Soy implica hasta cierto punto un acercamiento a las circunstancias individuales; el problema es que como nihilista profesional, ese acercamiento me resulta inadmisible o por lo menos bastante irreal. Está claro que puedo hacer un tremendo esfuerzo mental, ayudado con algunas dosis de diazepam y alcohol y creer por un instante que el Yo Soy es una representación del Ser como entidad propia inalterable e independiente, pero entonces dejo de ser por un momento lo que se supone que Soy y me convierto en algo que No Soy, por lo tanto dejo de Existir. El problema estriba en que, aunque dejo de Existir, no dejo de pagar facturas, con lo cual Si Existo, pues éstas, desafortunadamente no se pagan solas. Entonces, entre el hecho de Existir y No existir, ciertamente tiendo a quedarme con Existir sin pagar las cuentas, con lo cual me arriesgo a un embargo.

Supongamos por un momento que el Ser no existe, luego el Yo Soy es una utopía, una forma de justificar el medrado intelecto. Si esta última frase resulta verdadera, filosofar es una demencia. Yo intento filosofar y a veces estoy seguro que no soy un loco furioso, entonces sí que puedo llegar a la terrible conclusión de que No Existo. No sé si me entiendes. Te pondré un ejemplo: imagínate un tallo de rosal cortado y tirado en el suelo, paso por encima con los pies descalzos y me clavo una espina, sangro y me cabreo por mi estupidez. Existen los zapatos. Pero si hubiera caminado con los pies protegidos por una sandalia o unos botines de piel de camello, aunque hubiera pisado ese mismo tallo, no habría reparado en él, luego a mis ojos no existiría.

Desde luego nadie puede dejar de apreciar las ventajas de No Existir: no aguantas conversaciones estúpidas, no cotizas a Hacienda, no tienes que pensar en un entierro mientras haces el amor para aguantar unos minutos más, tus células no se vuelven esquizofrénicas y te regalan un bonito cáncer, etc. Si no fuera porque en estos momentos oigo a todo volumen la televisión del vecino, pensaría que No Existo, luego No Soy; es más, si no tuviese mañana que desplazarme a insultar al director de mi banco, estaría convencido de que Nada existe y Nada Es.

Creo que después de que leas mis torpes explicaciones me aconsejarás que cambie de tema; quizás un discurso escrito sobre las consecuencias de la muerte en un paso de cebra o un tratamiento ético y puro sobre el acto de la constricción del pene bajo coyunturas adversas. No sé… es posible que realmente no exista y estas palabras desunidas sean el resultado del sueño de una bacteria primitiva escapada a toda velocidad de la sopa primigenia.

Besos

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Email del 31 de Julio 2011

John Henri Füssli, «The nightmare» (1781)

Te voy a relatar mi sueño de hoy:

Me encuentro sentado en un banco del parque cuando de repente 22 chicas se ponen a bailar y cantar la canción de Tampax justo detrás de mí. El baile me violenta y decido trasladarme al Fnac a comprar un libro. Una vez allí, dos policías que salen de la nada me transportan corriendo y de los brazos rápidamente al wc, mientras uno de ellos me susurra al oído: «con micralax esto no te hubiera pasado». Una vez dentro del excusado aprovecho para mirarme al espejo, pero sólo se refleja la imagen de una maruja con rulos en el pelo que me dice medio cantando: «Wiiiiipp expreeeeeess». A estas alturas del sueño me despierto sudoroso y con dolor de tronco linfático y no puedo seguir pegando ojo.

Cualquier psiquiatra que se precie me diagnosticaría un exceso de anuncios televisivos, el problema es que no veo la tv, por lo menos conscientemente, pero sí suelo tenerla encendida a veces mientras hago cosas por la casa. Es increíble el poder de nuestro cerebro, que absorbe información inútil incluso en estado de reposo vegetativo, que es el estado en que mi cortex se sume cuando limpio, barro y adecento mi sweet home. Por lo menos debería dar gracias a ese Dios inexistente por no haber soñado con pérdidas de orina o pegamento para dentaduras postizas; aunque a veces he soñado cosas peores. Una noche soñé que me casaba de penalti con una mosca ninfómana que escuchaba a todas horas a Julio Iglesias.

A veces me pregunto si detrás de los sueños existe verdaderamente un significado aplicable a la conducta individual. Según Freud, la respuesta es un simple pero directo adverbio afirmativo, pero yo difiero con esta eminencia. Los sueños sólo son el resultado de una digestión; no es lo mismo soñar con amazonas desnudas con sus cuerpos cubiertos de aceites corporales que hacen brillar sus perfectas y bronceadas dermis que soñar con María dolores de Cospedal en posición de decúbito supino mientras Esteban González Pons oficia una misa negra con una daga en la mano derecha. El primero sería el fruto de una frugal pero sabrosa ingesta de tortilla, ensalada, kiwis y agua mineral ferruginosa, mientras el segundo seguramente estaría inducido por comer a horas intempestivas dos platos de cocido madrileño, 3 filetes de ternera casi crudos, 4 naranjas de la China y 3 vasos de vino rosado de brik marca Don Simón.

Como tu CI es altísimo, casi rozando el cenit celeste, estoy seguro de que comprenderás este pequeño razonamiento acerca de los sueños y sus consecuencias, el papel que en ellos desempeña el hipotálamo y sobre todo el poco valor testimonial que representan.

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Email del 30 de Julio 2011

Autor: René Magritte. Título de la obra: Ceci n’est pas une pomme

Querida amiga:

Mi desayuno de hoy ha sido similar en forma y cantidad al de todos los días: vaso de leche de soja y tostada con mermelada, aunque hoy le he añadido un nuevo producto, eso sí, sin desearlo. En principio era una manzana fuji muy lustrosa de apariencia, comprada junto con sus hermanas ayer por la tarde en una frutería de esas que abren los domingos; digo era, porque si bien visualmente era una fruta pomácea, en sabor era algo totalmente diferente. Trataré de explicártelo. ¿Te has comido alguna vez una caligaes, ya sabes, unas sandalias romanas? Pues yo sí, o por lo menos así sabían las pobres fujis, es más, su sabor era similar al de una caliga sudada de un legionario de la época de Plinio el Joven. Incluso me atrevería a decir que estas sabrían mejor. Lo que yo me he comido esta mañana no tiene descripción, te lo aseguro. Hace algunos años y por error me comí un gorgojo de la patata, pues bien, ese humilde coleóptero dejo mi viejo paladar más extasiado de placer y frenesí que la carne envenenada de dicha manzana. Ignoro donde fue cultivada, me imagino que en un pozo de petróleo iraní o en un campo de minas de Somalia, desconozco el nombre de los productos con que fue tratada para engañar al personal; incluso no puedo asegurar si el árbol que la produjo procedía de otros mundos o dimensiones desconocidas, sólo sé que lo que esta mañana me he comido puede producir en mí efectos perniciosos y duraderos.

Seguramente pensarás que soy un exagerado, pero no se trata de hinchar un hecho para producir hilaridad. Mira….no pensaba hacerlo pero te voy a contar qué ha sucedido después de vomitar los pedazos medio triturados de dicho fruto: como no sabía si todo el kilo restante estaría en las mismas condiciones «gustativas»-por llamarlo de alguna forma- cogí otra manzana, eso sí, esta vez la corté con un cuchillo para tratar de observar cómo era por dentro y lo que vi me dejó aterrado. Un gusano de aspecto refulgente y de color negro con algunos pelos repugnantes dormitaba gustoso cerca de la pulpa. Me imagino que al sentir rota su intimidad se enfureció, pues soltó un liquidito de color amarillo colitis que me remitió nuevamente a vomitar, esta vez en el cubo de la papelera pues estoy seguro de que no me hubiera dado tiempo de llegar al wc. Mientras me secaba la bilis de la boca pensé que lo mejor que podía hacer con esa perversa fruta era mandarla a un centro de investigación especializado en guerra bacteriológica, pero como no quise correr riesgos inútiles acabé por tirarlas todas a la basura.

En estos momentos me siento deprimido y con ganas de quemar la tienda del comerciante que me las despachó. Me imagino que aún le dolerá la barriga de tanto reírse por haberme endiñado tal ponzoña. Estoy pensando seriamente en sustituir la fruta por cajas de cd en mis próximas comidas.

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Email del 29 de Julio 2011

Edvard Munch: «El grito»

Amiga mía:

Acabo de salir de un dialogo demencial con un conocido; intenté esquivarlo pero al final me vio y no pude encontrar ninguna excusa. Es fácil adivinar sobre qué trataba su tema favorito: mujeres. Voy a hacer un esfuerzo y tratar de recordar dicho dialogo:

CONOCIDO: Tío ayer estuve con una piba que alucinas, tío. Tenía un culo que daban ganas de restregar el careto y arrancarle las bragas con la boca.
YO: Existencia….
CONOCIDO: Ultimamente follo cantidad, se me está secando el nabo. En serio tío.
YO: Existencia…..
CONOCIDO: ¿Qué coño dices tío?, estás colgado. ¿Sabes que me follé a Rosi? Menuda guarra….
YO: Existencia
CONOCIDO: ¿Te estás quedando conmigo, tío?
YO: Existencia irreal, la realidad influye en el conocimiento.
CONOCIDO: ¿Como te va ti, tío? ¿Sigues con los bichos?
YO: La inherencia de la irrealidad proclive a lo anatema.
CONOCIDO: Bueno, ejem, me voy a por el pan para la vieja. Ya nos vemos, tío
YO: Sí, a mí se me hace tarde, me esperan en Júpiter. Hasta otra.

Después de dejar a semejante filósofo me entraron ganas de subirme a un árbol, hacer allí mi vivienda y no bajar en toda mi vida; ya sabes, convertirme en una especie de barón rampante mediterráneo, pues según se dice, la estulticia no trepa a los arboles. Pero ahí no acabó mi regreso a casa. Cuando estaba a 100 metros escasos me asaltó un vecino que, por la forma en que salían las palabras de su bocaza, daba la sensación de que acababa de sufrir una embolia, o quizás solo iba mamado:

VECINO: ¿Te has enterado?
YO: ¿De qué?
VECINO: La derrama por la cuba de los desagües por el puto problema de los bajos.
YO: Ah, sí, no me amargues el día….
VECINO: ¿Te has enterado?
YO: ¿De lo de la derrama? sí, ya te lo he dicho…
VECINO: ¿Te has enterado?
YO: Existencia, irrealidad, entropía….
VECINO: ¿Pero tú te has enterado?
YO: La subjetividad influye en el alma….
VECINO: Nos están sangrando, colega… ¿Pero te has enterado?
YO: Tengo que irme, me he dejado el gas encendido y me apetece tragarme una bocanada, adiós.
VECINO: Pero qué fuerte, ¿te has enterado?

Mientras subía las escaleras hacia mi casa, no podía dejar de sentir náuseas y una sensación de irrealidad que me calentaba el rostro. Cuando abrí la puerta y entré en mis dominios, esos donde yo soy Dios y regento a mi antojo, comprendí ciertas cosas: la idiotez es congénita, no adquirida, por lo menos en un gran porcentaje de elementos. Es muy fácil filosofar sobre ese manido tema que dice que los idiotas se hacen a sí mismos. Ya no comulgo con esa teoría. Estoy seguro de que nacen desquiciados, para más tarde y debido a una educación deficiente, caótica y disparatada transformarse en cenutrios de primera categoría; esa clase de acémilas que uno quiere ver ahogadas en un río.

Antes de acabar este imperfecto mail, quiero recomendarte que comas fibra, porque yo comeré curaré o estricnina.

Un beso

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Email del 28 de Julio 2011

Artemisia Gentileschi: «Judith y Holofernes»

Querida:

Si Lucio Sergio Catilina viviese todavía, aparte de tener la respetable edad de 2100 años, seguiría participando en conjuraciones, debido sobre todo a su carácter agrio, depravado y pérfido. Ser maligno es un don humano que implica triunfo, respeto y poder, pero también fuertes dolores de abdomen y sinusitis.

Aún recuerdo la primera vez que me comporté de un modo malvado: tendría yo unos 12 años y había una chica dentona aunque guapa y engreída hasta límites insospechados que cada vez que me veía hacía como que se metía la mano en la nariz y me pasaba el dedo por la ropa; esto prácticamente todos los días que coincidíamos, como una especie de ritual demente pre-adolescente. Desconozco la razón, es posible que para ella yo fuera repugnante, o simplemente que esa fuera su manera de decir: «chico, que guapo eres, por la virgen de Loreto». No importa. La venganza fue terrible. Por aquellos tiempos, uno de mis pasatiempos favoritos era ir a las acequias a recolectar entre los juncos Araneus Diadematus (vulgo araña de jardín); me encantaba el fascinante colorido del abdomen y los cuatro pares de patas, así como su elaborada telaraña en forma de espiral. Cuando tenía seis o siete las metía en sendas cajitas y las escondía debajo de la cama. Cierto día que esa niña repelente ensayó conmigo su saludo viscoso y repugnante en una camisa semi-nueva de la que me sentía muy orgulloso, se me ocurrió una idea maléfica, perversa y canalla; lo recuerdo como si fuera ayer. Recuerdo una chiquilla danzando contenta y venturosa con su bolsito verde en una mano y la lechera llena de leche en la otra; recuerdo un montón de arañas saliendo del bolso y trepando por sus bracitos hasta el cuello y la cara; recuerdo un grito terrorífico saliendo de su gaznate y la recuerdo desmayada sobre la acera. Este acto de maldad infantil, el primero de una larga lista, me llenó de gozo pero me supuso un fuerte castigo por parte de mis padres. Aunque negué hasta la extenuación que fuera obra mía, nadie quiso creerme; supongo que en esos años de juventud idiota no era tan buen actor como soy ahora. Incluso grité durante días que todo era una vil confabulación arácnida, para desprestigiarme, pero ninguna de las mentiras que salían de mi boca sirvió para que me rebajaran la sanción.

Te cuento esto porque hoy he soñado con esa repulsiva chiquilla y, sobre todo porque muchas veces me siento como Catilina: culpable pero feliz; con esa extraña sensación del que aún sabiendo que ha obrado mal, tiene un sentimiento de bienestar y dicha porque cree, en el fondo de su corazón, que toda clase de estulticia debe tener su castigo, independientemente de la edad, sexo, circunstancias y particularidades de dicha imbecilidad y sin tener en cuenta los perjuicios que puedan derivarse de tal acto de maldad.

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Email del 26 de julio 2011

Claude Monet, «Nympheas» (1915)

Oasis

Cuanto más oigo mentir y fingir a los políticos más radiante me siento en mi jardín de 3 metros de largo por 1 de ancho. Cuando abro la puerta y me deslizo al interior de la maraña verde y a veces pinchosa de hojas perfectamente retorcidas y completamente empapadas de sol; cuando deslizo muy suavemente los dedos entre cuadros de pétalos, sépalos, pistilos, antenas, pedúnculos, ovarios y estigmas; cuando después de alimentar la tierra mojada de agua sin cloro me defiendo asustado del ataque a traición de un himenóptero receloso……

Sempervivums, Zebrinas, tradescantias, y sedums. Kalanchoes, zygocactus, lithops y Haworthias. ¿Por qué solamente experimento verdadera felicidad cuando estoy rodeado de vegetación y espesura? ¿Por qué siento esas terribles y sinceras ganas de llorar cuando abrazo a un árbol añejo y gastado pero sabio y versado?
Ficus, Dracaenas, filodendros y calateas. Nenúfares, salvinias, elodeas y cyperus. ¿Alguien ha sentido miedo o asco descansando sobre la hierba húmeda por el rocío en una fría mañana de otoño? ¿Puede un bosque dominado por gimnospermas causar la desdicha o el infortunio a sus moradores bípedos?

En mi oasis de verdor y pétalos de colores no existe la ficción, incluso las begonias tuberosas, objetivas hasta el paroxismo, no pueden dejar de hacerse notar cuando sus raíces asoman por debajo del tiesto.

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Email del 20 de Julio 2011

Van Gogh: «Autorretrato»

Hola:

Hace días que he vuelto a fumar, ya sabes, la estupidez no tiene límites y menos si el cenutrio -en este caso yo- es mentalmente inconsciente e inestable. En estos momentos mientras aspiro el humo de mi cigarrillo, repleto de alquitrán y otros 4000 productos igual o más nocivos, me hago varias preguntas verdaderamente interesantes: ¿por qué he retomado este funesto vicio? ¿es qué con un cigarrillo en la boca me encuentro más sexy? ¿estoy lo suficientemente nervioso como para tener que recurrir al viejo subterfugio de la nicotina? ¿he llegado a un punto donde realmente me importa todo un carajo y me da absolutamente igual que mi rencorosa garganta me castigue con afonía, sangre y dolor?

Si tuviera que responder a mis propias preguntas, ingenuamente me respondería con el simple pero directo morfema de la negación, pero el verdadero problema estriba en que no quiero auto-contestarme, pues si lo hago dejaré de visitar mi estanco favorito el próximo lunes, que es el día que he decidido acaba mi furtiva y breve incursión al mundo de las enfermedades pulmonares y faríngeas; pero ¡ojo! no quiero equivocarme ni que tú te lleves una impresión equivocada sobre mi gran fuerza de voluntad; si dejo de fumar, solamente lo hago porque el precio de las cajetillas de tabaco está imposible, yo diría que vergonzoso. Hemos llegado a un punto donde no se nos permite matarnos lentamente si no es exprimiéndonos el bolsillo y la dignidad.

Acabo de apagar la colilla y la he apurado al máximo pues creo que al final está la sustancia; esa concentración de veneno sintetizado a la máxima potencia. Ahora voy a arrepentirme y sollozar arrodillado en mi rincón de los lamentos. Todos tenemos uno en nuestras casas, algunos incluso varios; el mío es oscuro y húmedo, pues está bastante alejado de la ventana, lo suficiente para que la gente que camina por la calle no escuche los ruidos que mi cilicio hace al tocar suavemente mi espalda.

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Email del 16 de Julio 2011

Goya: «Riña de gatos»

Voy a tratar de contarte todo lo que me ha sucedido esta mañana:

Me desperté sobre las seis, satisfecho y con ansias de comerme el mundo así que me desperecé con verdaderas ganas, tantas que sufrí un horrorosa rampa en el gemelo derecho que hizo que en vez de caminar hacia la ducha, tuviera que pegar saltitos tipo pájaro, uno de ellos con tan mala fortuna que en lugar de descansar el pie sano en el suelo de gres lo descansé sobre una hoja de periódico que yacía inerte -nunca he visto hojas de papel con vida- en el suelo. Resultado: batacazo y aterrizaje anal que retumbó hasta en Madagascar. Mientras trataba de levantarme apoyado en el respaldo de una silla, ésta cedió y me volvió a tirar de bruces. Esta vez, para no volver a castigarme el trasero, caí de morros y supongo que el jaleo que armé despertó a un mosquito diurno que amablemente me picó en un párpado.

No sé cómo, pero al final me trasladé al baño e intenté ducharme. Digo «intenté» porque cuando giraba la llave del agua, en lugar del líquido elemento sólo salía aire (luego me enteré de que debido a unas obras, los amables esclavos del ayuntamiento habían quitado el agua sin avisar a nadie, seguramente para hacerse los interesantes). Hastiado de mi magnífica suerte me dirigí a la cocina a prepararme un suculento desayuno a base de tostadas, mermelada y leche de soja chocolateada; mientras se me hacía la boca agua pensando en la opípara comida que me esperaba y, no lo olvides, a pata coja, mi rampa, que en estos momentos se sentía infravalorada, empezó a hacerse notar otra vez pero de una forma descontrolada que me hizo proferir un espantoso grito de angustia que haría palidecer de envidia a Tarzán de los monos. Total, opté por sentarme en un taburete de madera bastante desvencijado y me puse a rezar; como soy ateo convencido y a falta de dioses que se dignaran escucharme, intenté un rezo a Manitú mientras trataba de asumir mi mala suerte.

Te cuento esto, más que nada, porque necesito contárselo a alguien que sepa escuchar sin bostezar.

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