Nombre del autor:El despotricador anhedónico

Email del 14 de noviembre 2022

José Estrada. Moscas (2020)

El 17 de agosto de 2017 tres moscas comunes fueron brutalmente asesinadas mientras revoloteaban sobre la piel sudada de Patricia Fusca. El asesino confeso, Faustino Mera, protector de Patricia e instructor de surf para perros, confesó que lo había hecho porque los dipteros habían llegado a un punto sumamente desquiciante. Horas más tarde, cuando el comisario Sobreras le preguntó por qué razón se había comportado de una manera tan cruel e inhumana descuartizando en 17 pedazos los cuerpos de los infortunados insectos, la respuesta de Mera fue simple pero concluyente: ¡porque siempre le había gustado ese número!

Conozco la historia porque Faustino Mera me la contó muchos años después de que sucediera. Bueno, en realidad me la cantó. Lo que más le importaba en la vida a Faustino era, además del número 17, canturrear, tararear, salmodiar, en resumidas cuentas, interpretar. Y no lo hacía nada mal. Incluso llegó a componer un himno aprehensible a su cifra preferida. Creo, si no me falla la memoria, que lo tituló 4²+1². Podría llamarle y preguntarle si estoy en lo cierto, pero sé que me contestaría con su frase preferida, «¿A quién cojones puede importarle eso?». Y en realidad tendría toda la razón. Si he de ser repugnantemente sincero, me importan una mierda densa y viscosa Faustino y las tres jodidamente pesadas moscas. Todavía me importa menos Patricia Fusca, que aunque nunca llegué a conocerla, tenía fama de ilimitada e irrestricta. ¿Y qué puedo añadir acerca del comisario Sobreras? Ese maldito madero ergofóbico que estuvo convencido durante años de que con continuas hidroterapias de colon vencería al puto acortamiento de los telómeros.

Hoy es día 14. Podría haber esperado al día 17 para postear este texto. Pero ese día tengo que asistir a la presentación de mi último libro, Las aventuras del señor Gregorio Feldespatín Escorrentío en Cabezadechorlitandia.

G


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Email del 10 de noviembre 2022

Vladimir Tatlin. Meat (1947)

Hola:

Hace unas cuantas semanas la asociación cárnica del barrio que reúne a matarifes, destazadores, desolladores, carniceros, charcuteros, chacineros, consumidores carnívoros y un número indeterminado de asesinos psicópatas antropófagos, me pidió que creara un himno que los definiera y que fuera fácil de aprender para que pudieran cantarlo en todas las ocasiones en que se reunieran para debatir sus estatutos. Aunque acabé de componerlo hace varios días, fue ayer cuando se lo entregué al director de la congregación que pareció sentirse un poco disgustado, pues me lo arrojó a la cara antes de mandarme a la puta mierda. El cántico, más parecido a un epinicio que a una alabanza miríficamente zonza se titula El mondongo corrongo, pero mejor te copiaré el estribillo:

«El mondongo facilongo que presupongo (pongo, pongo, pongo),
no es bailongo ni se parece a los zorongos (rongos, rongos, rongos)
y si por algún motivo indefinido lo impongo (chu-chuaaaaa, chu-chuaaaaa),
obviamente es porque me sale de los cojonongos (yeah, yeah, yeah)».

Sí, ya sé que la letra está muy alejada de Dylan o Cohen y que el último verso es zafío, horrendo y produce vergüenza ajena, pero por un kilo de codillo y despieces porcinos que es lo que me querían pagar no iba a entregarles la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach, ¿no crees?

Greg

P.D.:
Acabo de provocar una erección brutal a un gato -que paseaba tranquilamente por la calle- por medio de la psicoquinesia. Bueno, no es que sea una noticia demasiado importante, pero quería hacerte partícipe de la extraordinaria intensidad emocional de mis actos.


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Email del 9 de noviembre 2022

Rene Magritte. Faraway looks (1927)(1781)

Una mirada delicada, de regusto luminosamente artificial, se escapó del bolsillo que retenía su destino para demostrar que todos los procesos lógicos, pero elementales, y quizá incluso fútiles, existen dentro del abstruso mundo de los entresijos sensitivos. Mientras huía de algo semejante a una porción pequeña de la nada, pues fue libre de permanecer o retirarse, sintió una punzada en el tercer costado, contando desde el cuarto lado derecho, que le recordó a un paradigma incompleto cuando intenta por todos los medios parecer menos defectivo y más usual a ojos de un profano desvinculado. Después de gritar sonidos inútiles para delatar su presencia, la mirada cruzó un abismo dibujado con carbón amorfo de origen vegetal y esperó que la mano que mueve las hojas calandradas dictara de una vez la sentencia.

-¿Safra zuc donestena fu ahga? -preguntó utilizando un lenguaje inventado.
-Ahga vulema insa. Ahga introestes fu ziniar rhi -respondió la mano mientras arrancaba un verbo intransitivo y lo arrojaba lejos.

De repente, la mirada delicada se deslizó a lo largo del ancho demarcado y se ocultó tras una coma que descansaba plácidamente en el enunciado. La mano, que no era estúpida, aunque tampoco demasiado perspicaz, arrugó con fuerza cada una de las pausas y las transformó en ilusiones comprobadas científicamente. Cuando la mirada comprendió que todo había terminado, me instó a que yo hiciera lo mismo.

FIN


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Email del 7 de noviembre 2022

Jan Toorop. The desire and the satisfaction (1893)

Hola:

Este es un texto sobre la satisfacción, o en otras palabras, sobre la alegría, el placer o el resultado de cumplir una necesidad o deseo. Pero antes de entrar de lleno en la materia, me gustaría resaltar que sigo siendo el paradigma del perfecto despotricador anhedónico, y que si doy un vuelco de 360 grados a mis percepciones, no es debido a un posible (e improbable) aletargamiento neuronal, sino a una especie de experimento sensitivo cuyo objetivo es demostrar al ofidio que llevo dentro que es aceptable un cambio programado; o con otras palabras, que me resulta totalmente permisible un intento de prostitución emocional sin sufrir una alteración neuronal o apoplejía cerebral fulminante.

Además de los cinco sentidos que ya clasificó Aristóteles, poseemos algunos más. El problema no radica en el número, sino en nuestra incapacidad para sacarles partido. Quizá la dependienta de El Corte Inglés que te suministra la ropa interior lo desconozca, pero es un hecho que gracias a la propiocepción, la termocepción, la nocicepción y algunas otras «ciones» que en estos momentos no recuerdo, el ser humano ha alcanzado la culminación en ese proceso involutivo que más tarde o temprano nos va a llevar al principio mismo del merecido final.

Si pudiéramos cambiar…
Si pudiéramos cambiar…

Si pudiéramos cambiar, seguramente decidiríamos ser lo que somos siempre que no intentamos ser lo que podríamos o deberíamos ser. Supongo que no comprenderás lo que intento expresar. No te preocupes, a mí me sucede lo mismo. Pero pensar que algunos de nosotros, o lo que los positivistas denominan «raza humana», pudiéramos ser capaces de transformar la bajeza moral y convertirla en altruismo, dignidad, o incluso queso de Gruyère, se me antoja tan alejado de la realidad que lo único que consigo en el intento es que el trígono vesical de mi próstata se irrite. De todas formas, estoy completamente convencido de que el 99.9 % de la población no cambiaría aunque apareciera un hada madrina y les otorgara la oportunidad a golpe de varita mágica. Están demasiado orgullosos de la mierda que se esconde en sus lindas cabecitas. Esa mierda que les impulsa a creerse únicos y especiales. Esa mierda que se propaga por el resto de sus infectos cuerpos hasta salirles por la boca.

Existe un modelo de tienda en Japón (Burusera) donde las mujeres pueden vender sus bragas. Te aseguro que no es broma. Las chicas se las quitan en la misma tienda y se las entregan al dependiente que a su vez las pone a la venta. Tengo un amigo que viajó una vez al país del sol naciente, entró en una de esas boutiques del desgastamiento y adquirió cuatro kilos. Con ellas se fabricó un edredón y se lo regaló a su novia. Ésta lo usó durante un mes y lo guardó en una caja junto a varias bolitas de naftalina. Así veo yo a Gaia, como una gran tienda del tipo Burusera. Las bragas usadas y sin lavar somos nosotros, los humanos. La naftalina son las enfermedades, los virus, los gérmenes, los bacilos…

Si pudiéramos cambiar…
Si pudiéramos cambiar…

Yo puedo cambiar. Tengo la cualidad de reinventarme cuando quiero. Pero cada reinvención es un plagio. Una perfecta imitación de una personificación anterior. Por lo tanto soy un estafador, un charlatán, un tramposo, aun cuando me copie a mí mismo. Si me apropiara de los defectos, o incluso las virtudes de otros, dejaría de ser lo que soy. ¿Qué soy? No sé lo que soy, pero tampoco es algo que me quite el sueño. A decir verdad, lo único que me quita el sueño es no ser dependiente de una de esas tiendas Burusera. Bueno, y no ser millonario. Si fuese asquerosamente rico contrataría a un químico demente y le llenaría los bolsillos de oro. A cambio él tendría que fabricar un repelente anti-imbéciles.

Si recuerdas lo que ponía en la primera línea, este es un texto sobre la satisfacción. Me siento absolutamente satisfecho de ser diferente porque, como el resto, estoy absolutamente convencido de que lo soy; y mi equilibrio mental, mi supervivencia dependen de ello. Me siento plenamente satisfecho de mi alopecia, de mis almorranas y de mi neurosis. No me doy besitos porque me es físicamente imposible. Pero te aseguro que cada noche sueño con que me follo a mí mismo. Rectifico: follo a una versión femenina de mí mismo, con pelo, sin almorranas y bastante menos neurótica. Y puedes estar segura de que los orgasmos son intensísimos. En resumidas cuentas, si yo no existiese, alguien tendría que inventarme.

G.


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Email del 6 de noviembre 2022

Paul Gauguin. Kneeling cow (1888)

Amiga mía:

Si quieres que te sea asquerosamente sincero, las actualizaciones de Windows Brain 60 para mi cerebro estaban listas desde hacía una semana. Sin embargo, en esos días me encontraba demasiado ocupado tratando de desquitarme de cierto grupito de chismosos y entrometidos que iban pregonando alegremente por el barrio un montón de falacias sobre mi perineo, y por consiguiente me olvidé por completo de la maldita instalación. Supongo que debido a mi descuido y posterior relegación, esta noche ha saltado el antivirus neuronal al soñar un montón de cosas raras. Así que al final he tenido que obligarme a completar el jodido proceso de instalación y como ahora estoy actualizadito y al día, se supone que los pensamientos distorsionados y depresivos de las últimas jornadas deberían desaparecer. Pero lo único que ha desaparecido son los flatos; mi cabecita sigue preocupada y neurótica como (casi) siempre y mis deseos de interacción con los mortales siguen en grado negativo. Para colmo de males, los tubos de arcilla verde remineralizante que utilizaba en forma de mascarilla para purificar las imperfecciones de la dermis de mi rostro han subido de precio y el desodorante Black & White de Nivea me abandona constantemente.

Hace más de una semana que casi no escucho música compuesta por humanos, sino una serie de mugidos de vacas felices pastando que me bajé de internet. Te los recomiendo encarecidamente. El cd se titula Las dinámicas vacas cantoras de Ourense y contiene 19 temas increíbles, todos compuestos por una ternera llamada Florita que además se encarga de las voces contraltas y ha producido la grabación. Mi canción preferida es la número 8, titulada Ramoneando despreocupadamente, que dura 9 minutos y 23 segundos y se divide en 4 partes. Si estás interesada y no puedes encontrarlo, puedo hacerte una copia y enviártela. Al lado de esta agrupación vacuna, la Daarler Vocal Ensemble son aprendices oligofrénicos, y eso es algo que comprobarás cuando te sumerjas en los bramidos en notas redondas, blancas y, en ocasiones, hasta corcheas y semicorcheas en compases de 12/4 o 4/2 de este fabuloso, imprescindible y totalmente desconocido álbum. Según consta en la carátula trasera, el sello que ha editado esta maravilla tiene en catálogo varias referencias más, todas interpretadas por diferentes razas de animales (y humanos) de granja, entre los cuales destaca, según el editor, una recopilación de canciones denominada Música ululatoria avanzada que contiene 36 temas consagrados a los sonidos y lamentos que emiten los pastores cuando se dan cuenta de que se han dejado olvidado en casa el botijo.

Cambiando de tema: ayer se me paralizó un pezón durante 14 horas. Como tú sabes, adoro agitar los pezones como si fuera una stripper desquiciada, sobre todo cuando cuando noto que algo no encaja, pues al mover los pechos mis neuronas se acoplan y…

Creo… ejem, creo que voy a dejar de contarte mis más profundas intimidades. Imagínate si alguien entrara en tu ordenador y las leyera. De momento me despido hasta pronto, eso sí, con un fuerte abrazo y el consejo importante de la semana: nunca te rasques el trasero con una guadaña.

Besos y abrazos


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Email del 3 de noviembre 2022

Rene Magritte. Personal values (1952)

Hola:

Si restringimos el orden de los razonamientos paralógicos que nos provoca ese sistemático y desconcertante rechazo a lo que somos, para administrarlos de acuerdo a nuestras perspectivas más razonables, obtenemos una serie de pretextos trascendentales que, lejos de apaciguar nuestras ideas confusas e indisciplinadas, exhalan un deseo absoluto que impide a la posibilidad desarrollarse de una manera autónoma. Permitimos que las concepciones apodícticas, engendradas por el sometimiento sistemático y la dilación intransferible, se apropien del caos emocional que se parapeta tras las percepciones adulteradas. ¡Es entonces cuando el principio básico se hace añicos! De repente, una energía invencible se apodera de todas y cada una de nuestras limitaciones y las insensibiliza dogmatizándolas con principios cuestionables: soy porque he podido; puedo porque siempre he sido.

Pero ahora no estoy para filosofías vanguardistas cuasi-vacuas. Necesito prepararme lo más rápidamente un café americano mientras medito las inconveniencias de mi desodorante favorito. En el prospecto se puede leer claramente que está fabricado para no dejar manchas en las axilas, pero la mayor parte de mis camisetas presentan un círculo concéntrico de color blanco que me avergüenza cuando trato de levantar los brazos. Tengo dos opciones fundamentales: cambiar de producto o caminar con los brazos pegados al cuerpo. Si me compro otra marca, ¿quién me garantiza que esas manchas asquerosas y tremendamente antiestéticas desaparecerán? Seguramente, alguien tan avispada como tú me aconsejaría que lavara mis prendas con agua caliente y un detergente concentrado cada vez que me mudara de ropa. ¡No es tan fácil! Esas terribles manchitas no sucumben ante los poderes del jabón. He intentado eliminarlas incluso con agua oxigenada y no he conseguido nada más que potenciar su extrema fealdad. Un amigo me ha dicho que si me depilo las axilas el problema cesará. Pero los acrocordones que viven en ese recóndito lugar hacen realmente difícil la operación.

Estoy pensando seriamente en convertirme en un marrano profesional, es decir, renunciar por completo al agua jabonosa y dejar que los efluvios amarguen a mis allegados. De esa forma mato dos pájaros de un tiro: me ahorro una pasta en potingues y con un poco de suerte puedo desalojar de pasajeros un autobús o incluso un vagón del metro en un periquete, ocasionando graves pérdidas en el sector de transportes urbanos. Y si alguien se atreve a llamarme cochino, siempre puedo echarle las culpas a la bolilla del roll-on.

Un abrazo

Email del 3 de noviembre 2022 Leer más »

Email del 31 de octubre 2022

Emil Robinson. London window (2008)

En mi habitación hay una ventana que suele estar cubierta con una cortina opaca. Entre la cortina y el cristal viven dos moscas y a veces se enfadan, pues puedo escuchar sus zumbidos de disgusto incluso con los auriculares puestos mientras escucho el concierto para piano y orquesta de Alfred Schnittke, que es la única pieza musical que puedo soportar últimamente. En ocasiones, en el suelo del cuarto crecen setas y cuando esto sucede las recolecto y me preparo tortillas con ellas. Las paredes están cubiertas de pequeñas telarañas y sus inquilinas, las llamadas patilargas, contemplan extasiadas todos mis movimientos, los analizan o los sintetizan, pero nunca los critican abiertamente, porque entre otras cosas, esos arácnidos están ilustrados y pertenecen a la realeza Arthropoda, una rama del subfilo Chelicerata que no se caracteriza por comadrear sin fundamento.

La estancia se encuentra alejada del cuarto de baño, por eso, cuando tengo que manufacturar alguna función corporal excremental la envío normalizada por correo, pues odio salir de mi universo y no necesito enfrentarme al largo pasillo con las paredes pintadas de un amarillo mostaza que divide mi hogar, dulce hogar. Nunca he tratado de indagar quién tira de la cadena, pero lo que está claro es que alguien lo hace; es posible que sea la Monstera o el Ficus que acomodé allí una vez para alegrar el ambiente húmedo y mugriento, hace muchos, demasiados años.

En algunos momentos, sobre todo aquellos en los que mi humor no es demasiado afable, enciendo las luces con el poder de la mente y las apago de un disparo. Esto provoca entre mis insectos cierto desasosiego terrorífico que sólo se calma cuando canturreo una canción inventada cuya letra suele tratar de los problemas de la soledad neofóbica y obviamente forzada, sus consecuencias sincréticas y el destino anímico racional de la inmanencia de los sinsentidos ocultos.

Los días de lluvia las gotas entran por los resquicios de la madera vieja y carcomida de la ventana y dibujan extrañas figuras en la pared. No me importa demasiado porque soy un amante del arte abstracto sin autor y, en algunas ocasiones, incluso me convierto en marchante e intento vender un pedazo de cal mojada a alguna de mis compañeras, las moscas. Estas suelen ser reacias a comprar, pues piensan que en los tiempos que corren lo mejor es el ahorro y la economía de gastos, y entonces, tengo que tragar saliva y darles la razón.

Greg

P.S.:
La canción inventada cuyo título siempre es el mismo (¿Quién es ese pobre loco que chilla?) suele cambiar de letra de un día para otro, aunque generalmente su primer párrafo permanece invariable:

Soy un hombre viejo que está solo (solo, solo, salalalá)
así que no me hables como si fuera un animal antropomorfizado,
pues solo soy un jodido humano (humano, humano, salalalá)
ahogado por este capitalismo salvaje y deshumanizado.


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Email del 29 de octubre 2022

Lynd Ward. Song without words (1936)

Hace un día asqueroso. El cielo está tan oscuro como el paladar de una mamba y la condensación provocada por la altísima humedad ambiental resbala por mi calva androgenética en forma de salitre efímero. Me apetece gritar, pero odio asustar a los pájaros que hartos del bochorno del verano se dedican a descansar en las ramas de los árboles. Si en lugar de aves fueran humanos los que dormitaran en las ramas no me comportaría de una forma tan afable.

Han pasado nueve minutos desde que escribí el párrafo anterior. Me he asomado a la ventana y he visto a una lagartija corretear por la acera. Su cara desprendía disgusto y desazón a partes iguales. Detrás de ella acechaba un gato atigrado de aspecto famélico, seguramente con aviesas intenciones. Como no quería que el felino se saliera con la suya me he bajado la cremallera del pantalón y he sacado el pene por la ventana mientras gritaba tratando de llamar la atención del morrongo. Todos sabemos que los mininos odian los falos que miden más de 35 centímetros de largo, incluso en estado de flacidez, por lo que éste ha salido espantado y presa del pánico se ha dado un mamporrazo contra una señal de tráfico. El golpe ha hecho que tres vecinas, que permanecían extasiadas con las dimensiones de mi miembro, tomaran conciencia de sus inútiles existencias.

Me duele la garganta, los brazos y la cabeza. Me huelen los pies. Me arde el esófago y me supuran los folículos pilosos de los furúnculos. Me tiemblan las piernas. Me he convertido en una momia. ¿Dónde se encuentra mi sarcófago? Creo que debería donar mis orejas a la ciencia. ¡Han escuchado tantas gilipolleces a lo largo de los años! Mi organismo está saturado. Atiborrado. Repleto, colmado y henchido. Hace años mi cuerpo era una obra maestra. Y mi cerebro pesaba cinco kilos. Ahora estoy en muy mal estado. Tantos y tantos años de cohabitación con subhumanos han acabado pasándome factura. Me miro al espejo y no me reconozco. Lo limpio con Luminia o Cristasol y sigo sin reconocerme. ¿Esas facciones ojerosas son mías? ¿Esa monstruosa barriga falstaffiana que entra por las puertas diez minutos antes que el resto del cuerpo me pertenece? ¿Dónde están mis dientes? Todo me abandona. Hace años se largó mi cabellera. Después lo hizo mi ingenio. Y ahora el resto de las partes de mi marchita anatomía. Mi mamá ya no me mima. Ni mi tía me tutea. Mis sueños se han podrido. Mis circunstancias me piden dinero o me amenazan con una apoplejía.

Si no fuera tan vago me colgaría de una viga. Pero no quiero que un jodido forense me descuelgue. Odio ser descolgado por alguien que tiene estudios superiores. Me encantaría que me descolgara la lagartija que correteaba por la acera. Quiero que me descuelgue la lagartija que correteaba por la acera. Si no me descuelga la lagartija que correteaba por la acera, prefiero que me dejen suspendido. Suspendido hasta que mis huesos sin carne sirvan de cobijo para la pequeña fauna urbana. Enganchado hasta que mi mamá y mi tía me lloren. Pendido por los siglos de los siglos. O hasta que todo explote.

¿Todo es una puta mierda? Sí, todo es una puta mierda. ¿Por qué todo es una puta mierda? Me niego a buscar una respuesta a algo que carece totalmente de sentido. Todo es una mierda. ¡Y punto! No hace falta que le demos vueltas y más vueltas a la jodida cabeza. ¡Todo es una puta mierda!

¡Ja! Sabía que tarde o temprano acabaría encontrándome con alguien vivo.


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Email del 18 de octubre 2022

Peter Blake. The first real target? (1961)

Amiga:

En algunos momentos la resistencia de mi aflicción es eviterna e inextricable. Concibe dolor y angustia a partes iguales. Imita, regenera y combina los recuerdos en mi memoria. ¿Podría evitar ese inútil deterioro emocional? ¿Cómo? Quizá parapetando mis sensaciones internas tras un círculo de simulación, pero esa acción no evitaría que los espectros reaparecieran. Supongo que debería limitar mis excusas; doblarlas diagonalmente intentando que no se quebrara su frágil estructura. Pero entonces los pliegues interiores tenderían a solaparse y los pretextos resultarían seriamente afectados. Y aunque sólo son pequeñas alegaciones, las he manufacturado yo. No puedo destruir algo que me pertenece y que es una parte integrante de mi esencia, de mi naturaleza.

Atormentarme se ha convertido en una de mis ocupaciones habituales. No me produce ninguna clase de placer, pero evita que mis pensamientos se difuminen. Sería un error imperdonable creer que esa forma de exacción intelectual sólo es una extensión de mi arrogancia, pues no voy haciendo participe de ella a nadie de los que me rodean. Ni siquiera me jacto, ante mi propio reflejo en el espejo, de mi capacidad innata para convertir cualquier asunto peculiar en un refugio de contradicciones y pesimismo. Sin embargo, esa tendencia a ver las cosas de una forma contraproducente me ha salvado la vida.

Con objeto de no alargar indefinidamente este gemebundo email, me gustaría dejar claro un par de puntos que considero reveladores acerca de mi conducta sociológica (o moral):

1 – Acepto los contenidos, pero expreso mi derecho a negarme a ser el único responsable absoluto de mi emasculación existencial.
2 – Si por el contrario se demuestra que la elección es nuestra, ¿por qué sobrevivimos cuestionándonos por nuestros propios comportamientos?

Hace varias horas que un nimbo dispersa la luz que se atrinchera dentro de mi cabeza. No me produce dolor alguno, pero siento la nutación de sus movimientos giroscópicos. Podría descerrajarme un tiro en la sien y todo volvería a su estado inicial. ¡El principio sitúa la acción como norma de conducta!

Greg


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Email del 17 de octubre 2022

Christian Rex van Minnen. Man fungus (2007)

Amiga mía:

Existen tres formas de teletransportar un nematelminto. Lo que no entiendo es la utilidad que puede tener mover algunas partículas o un gusano entero de un lugar a otro. Pero, ¿acaso existe alguna acción provechosa que pueda realizar un ser humano para sí mismo o en beneficio de la sociedad que no sea absolutamente inadecuada? Si exceptuamos el suicidio colectivo, claro está. Pero, si no somos capaces de convivir en total armonía, ¿cómo vamos a ser capaces de poner fin a nuestras existencias en comandita?

Hum! Creo que estoy desvariando. Ésta no es una forma correcta de comenzar un email. Lo intentaré de nuevo…

Holaaaaaa:

Ayer fotografié la parte sobrante de un relleno. He titulado a la obra maestra resultante Rebaba multiforme. Es increíble la clase de tipo extraordinario y sorprendente que puedo llegar a ser cuando no me encuentro demasiado ocupado piropeándome. Ya sabes que me encanta dedicarme cumplidos en varios idiomas. Nací educado, que más puedo decir. ¡Bueno! Podría añadir que también soy viril y apuesto, garboso, gentil y brioso. Claro que ésta es una suposición propia. Mientras vivió, mi padre nunca se cansó de repetir hasta la extenuación que las tres cosas de las que realmente se arrepentía en su vida fueron no haber conquistado las Galias, no haberse tratado su discapacidad neurológica y prestar algunos espermatozoides de dudosa calidad a mi madre. ¡No! ¡No! No me gusta. Es un inicio bastante psicótico. Desde luego poco digno de un buen comienzo epistolar.

Querida:

Si mezclas Ibuprofeno con caramelitos Smint machacados y esnifas el polvo resultante… ¡Joder! Este arranque es vicioso y manifiestamente perturbador.

Hola:

Creo que voy a mandar a la puta mierda a mi mejor amigo. Hace un par de semanas confundió «hipóstasis» con «hipótesis» y eso es algo que no puedo perdonar. Ni yo, ni la Santísima Trinidad. Por ese motivo, y entre los cuatro, hemos decidido poner fin a una bonita amistad que ha durado diecisiete horas. ¿Cómo se puede ser tan palurdo? Hasta un pingajo ascomiceto sabe que la hipóstasis es cada una de las tres personalidades en que puede convertirse ese Ser único llamado Dios cuando quiere escabullirse de un problema o una misión celestial. Porque, aunque pueda sonar inverosímil, hasta las omnipotencias divinas tienden a desaparecer cuando un conjunto de problemas de ardua solución se presentan de repente y sin haber sido invitados con antelación. Hace algunos años repudié a mi novia de entonces por confundir «etéreo» con «estéreo» y «gurrumino» con «chumin…». ¡Sí! Soy un ferviente partidario de la tendencia clasicista. Por eso soy tan partidista. Y por eso envié una carta ofensiva, humillante e hiriente a Theodore Millon dos semanas antes de que falleciera. ¡Y sabes? No me arrepiento de nada de lo que he hecho desde entonces. Ni siquiera de haber puesto la zancadilla a un renco cuando intentaba encaramarse al metro. Al fin y al cabo pudo subir a éste, aunque con la cabeza. ¡Y encima tuve que soportar los insultos del resto de viandantes! Algo no funciona bien en los cerebros humanos. ¡Cuánto me gustaría ser un zombi que se alimentara de seseras! (Nota: No debí volver a revisar la peli No profanar el sueño de los muertos).

Hola, nena:

La opinión de que la nada y el ser son esencialmente indeterminados, ya que ambos comparten la misma falta de determinación, me parece una memez. Hegel debería estar depresivo cuando formuló dicha teoría. Te pondré un sencillo ejemplo: yo soy, pero soy nada. La Nada es hermosa, sobre todo cuando aparece de improviso y engalanada de circunstancias imperceptibles. Pero si posee el don de manifestarse a su antojo y meter en un lío a un individuo -me refiero a un ente que piense y sea capaz de llegar a algunas conclusiones- no entiendo cómo es posible situarlas en un mismo nivel. La Nada implica inexistencia. El Ser incluye un montón de facturas y algunas conversaciones estériles. Pero supongo que debo estar agradecido a Georg Wilhelm Friedrich Hegel, pues una vez planteada su teoría se fue de putas y no regresó a su hogar hasta pasados cinco días, mientras que Bergson quiso rizar el rizo y propuso que la idea de la nada es una pseudo-idea. Cuentan sus discípulos que el tipo se sintió tan realizado que desde ese instante prohibió a cualquiera que se hallase en su presencia pronunciar las palabras «Burdégano» y «escopaestesia» si antes no se había lavado tres veces los pies con sales marinas. Sin embargo, Heidegger, en lugar de meditar qué es la nada, se atrevió a aclarar que preguntarse por qué (cojones) hay una nada es de asnos y sugirió que deberíamos profundizar en la inexistencia de esa nada. Luego, unos años más tarde, Sartre corrigió a Heidegger manifestando sin el menor recato que la nada existe por su propia nada. Y tras quedarse relajado con su elucubración, se preparó una Vichyssoise y se la regaló al catador de alimentos para perros que se acostaba con su casera y se alejó del mundo durante nueve segundos. Según su biógrafo, Antoine Morandé, Jean-Paul se sintió tan sólo durante ese breve lapso de tiempo que consideró que el ser humano está «condenado a ser libre» y que «la existencia precede a la esencia».

Amiguita del alma:

Mi médico dice que padezco el Síndrome de inestabilidad masculina. Mi frutero piensa que soy tan raro como un mangostán. La mayor parte de mis vecinos están convencidos de que deberían echarme del edificio. Mi prostituta preferida se queja de que ha perdido a uno de sus mejores clientes. Pero en algún lugar de ninguna parte hay un ser que todavía piensa que puedo llegar a convertirme en poco, insuficiente o nada. Y yo estoy prácticamente de acuerdo con él.

GED

P.D.: En pro de la claridad expositiva, en mis textos sucesivos, si es que los hay, me llamaré siempre GED (Greg, el errabundo desnortado). Por lo menos lo intentaré.


Email del 17 de octubre 2022 Leer más »