octubre 2018

Email del 15 de octubre 2018

Mikhail Nesterov. The hermit (1889)

He dibujado un ideograma tan bonito como una gimnopedia. En realidad no sé qué representa, pero pronto sustituirá en mi corazón al garabato que pinté ayer. Si todo sigue su curso, dentro de unos pocos días realizaré una auténtica obra maestra. Creo que debería ir pensando en salir de mi prisión para comprar chinchetas. Pero no quiero. O quizá no puedo. Tal vez no debería o no sería un buena idea. Podría llamar a algún amigo e invitarle a tomar algo mientras charlamos de los viejos tiempos, y de paso rogarle que me compre las chinchetas, pero ¿vale la pena aguantar a alguien, cualquier persona, y perder unas cuantas horas irreemplazables hablando de lo que fuimos, de lo que deberíamos haber sido o en lo que nos hemos convertido solo para conseguir las jodidas chinchetas? Podría pegar mi futuro esfuerzo máximo con un poco de cinta adhesiva, el problema es que tampoco tengo celo. Mi cajón de objetos disponibles está completamente vacío. Algún día tendré que decidirme a rellenarlo o a tirarlo al contenedor… desde la ventana. No necesito bajar para nada. Y desde que aprendí a existir comiendo y bebiendo lo mínimo, todo resulta tan extraño… y tan sencillo.

Llamo. Pido. Me traen la comida. Pago y me despido. Llamo. Contrato. Viene una señorita. Me hace lo que le pido. Pago y me despido. Rezo. Exijo. No escucho respuestas. Pago y me despido. Miro mi reflejo. El cristal está demasiado sucio. Escupo para limpiarlo. No pago. Es gratis. No me despido. Estoy condenado a estar conmigo.

Un gorrión intenta entrar por la ventana. Es ridículo. Él quiere entrar y yo quiero salir. Solo hay 15 metros hasta el suelo. Dicen que a partir de cuatro metros la muerte es casi segura. Pero en mi vida no existe nada que pueda ser tildado de indudable. Incluso las evidencias son discutibles. A veces pienso que el tiempo se ha estropeado. Y que es cuestión de días o semanas que el minutero estalle. ¡Cómo me gustaría sentir la explosión! Y contemplar el fuego. No tengo lira, pero sé cantar un poco. Lo suficiente para embelesar a aquellos que no existen. Y que se ocultan tras las paredes. Que emiten esos ruidos que me vuelven loco. Que cierran las puertas que yo dejo abiertas. Aquellos que estropean la televisión y el teléfono. Y se ciscan desde el techo sobre mi cabeza. Y que después de esconder sus…

Llamo. Pido. Me traen la comida. Pago y me despido. Llamo. Contrato. Viene una señorita. Me hace lo que le pido. Pago y me despido. Rezo. Exijo. No escucho respuestas. Pago y me despido. Miro mi reflejo. El cristal está demasiado sucio. Escupo para limpiarlo. No pago. Es gratis. No me despido. Estoy condenado a estar conmigo. Pero, de todas formas, pago y me despido.

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Email del 14 de octubre 2018

Joey Shebester. Madness (Unknown date)

Me acabo de mirar al espejo. Lo que he visto reflejado era similar en la forma al trasero de un espectro mortinato. Sin embargo era mi cara unos minutos después de haberme levantado. ¿Por qué me levanto? ¿Por qué me levanto? Quizá porque mi cuerpo ya se ha acostumbrado a los chutes de Propofol y necesita, de alguna manera, justificar ese fenómeno óptico retrodispersado en el que se ha convertido la existencia.

Todo empezó un martes de hace 14 años. Acababa de zamparme cinco galletitas cuando noté un extraño picor en la silla. ¡Como lo oyes! Me picaba la pata de una silla. No estoy desvariando. Me dirigí a la silla que me picaba y la rasqué. Por supuesto se me pasó el picor pero sin embargo empezó a dolerme el fondo de un cajón ropero. Me tomé siete dolalgiales y… ¡No sé por qué te cuento esto! Sé que piensas que estoy para que me encierren, pero una vez me encerraron… y el sexto día de encierro sufrí unas fiebres terribles en la almohada que casi me cuestan la vida y el séptimo resucité. Cuando el psiquiatra se acercó a mí, yo me atrasé tres pasos, por lo que el matasanos tuvo que seguir acercándose. Pero por más que él se acercaba, más me retiraba yo. Así pasaron horas y cayó la noche. Te juro que hizo «Boooom». Como era tarde el tipo tuvo que largarse rápidamente a cenar con su familia, aunque luego me enteré de que su familia estaba cenando con la familia de otro tipo. Mientras meditaba tirado sobre la colchoneta que hacía de catre, empecé a sentir angustia en el bigote del médico de guardia. Pedí permiso a la enfermera para vomitar, pero me lo denegó al mismo tiempo que se abría de tiernas. De piernas. De piernas tiernas. Cuando traté de cerrárselas, empezó a emitir gorgoritos y se transformó en una especie de constelación anal que tenía el poder de difuminarse cuando yo me rascaba la espalda. Mientras vociferaba «¡Libertad rectal y perineal para todos!» alguien ma… me… me cazó y todo se puso negro.

Desperté atado de pies y brazos mientras varios doctores bailaban en plan apretado una canción de Los Albas. En un momento dado el esfinter de uno de ellos se relajó y yo me oriné encima. La mancha del pipí era similar a un Gegenschein. El resto es confuso, pero creo que una lámpara explotó sobre mi cabeza y su sangre amarilla tiñó de azul el exterior rojo de cada uno de los intrerriores… intre… intereriores… intra…  que conformaban el diminutas… diminuto… gotas… ¿goto? Frin chauser… chauser rira frotrom…

… frotom… frotom…
¡Silke danas! Frotom… frotom…
¡Silke danas!
¡Silke danas!
…frotom… frotom…
¡Aunseria fundemeter ni ji donosacion rifosefamaluto!

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Email del 13 de octubre 2018

Edvard Munch. Ansiedad (1894)

Amiga:

Esta mañana un chusco de pan de tres días de antigüedad me ha hablado:

CHUSCO: Tú no conoces la oscuridad. Pero, por favor, no creas que se trata de una metáfora… imperfecta. Si fueras capaz de escuchar mis gritos sabrías a qué me refiero. Hasta ahora solo has percibido los ruidos de los gusanos mientras intentan vanamente encontrar restos de harina entre tanta masa manufacturada, aunque nunca en estos días te has atrevido a abrir el cajón para que pudiera airearme un poco. No, está claro que no sabes de lo que hablo. Quiero decir… bueno, lo más probable es que no sepa explicarme, pero es tan difícil expresar algo que se esconde tan profundamente en el interior, algo desquiciado y maligno que crece y se autoalimenta de mis propias entrañas.
YO: Bueno, un poco de Rhizopus nigricans no es el final. ¡Anímate!
CHUSCO: ¿Sabes? Guardar la comida -y yo soy comida- en un cajón no es la mejor manera de…
YO: ¿Intentas cuestionar mi forma de gobernar la cocina?
CHUSCO: No, desde luego que no. Lo que sucede es que no puedo comprender cómo te gastas el doble de dinero en una barra como yo, de pan multicereal con masa madre y fermentación lenta, confeccionada con amor y pasión en la mejor panadería de Valencia, y luego tienes las agallas de dejar que crezca el moho sobre mi corteza y migas.

Al llegar a ese punto de la conversación me he dado cuenta de que el pan no tiene la capacidad de expresarse, más que nada porque no ha tenido la oportunidad de asistir a la escuela. Además carece de cuerdas vocales y de sentimientos, supongo. Llegar a esa conclusión en ese mismo instante me ha venido de maravilla, pues no hubiera sabido qué contestarle. Así que lo he agarrado con desdén y asco -no olvides que estaba repleto de hongos- y lo he tirado a la basura. Al cerrar el cubo he sentido remordimientos, pero he acabado con ellos en menos de tres segundos y después he sacado del congelador otra barra de pan, esta de masa congelada de horno barato y la he puesto a descongelar cerca de la ventana. Mientras decidía si esperaba alrededor de una hora su descongelación o intentaba una deshelación rápida en el microondas, ha entrado una avispa y se ha posado sobre mi cara. Lo que ha sucedido después lo ignoro, pues al intentar matarla con una botella de Solán de Cabras totalmente llena he perdido el conocimiento. Al volver en mí, he descubierto que sin sentido se está mucho mejor y las preocupaciones existenciales se difuminan por completo, por lo que he vuelto a coger la botella de agua y he repetido la operación. Para ser sincero, me he golpeado hasta en 23 ocasiones, perdiendo el conocimiento 21 veces. Ahora estoy sentado sobre un amontonamiento. ¡Un amontonamiento de textiles que esperaban ser introducidos en la lavadora! Me encantan las apilaciones y los apelotonamientos, pero la verdad es que tanto golpe ha mermado la motricidad de mis piernas y no me apetecía arrastrarme por el suelo hasta llegar al sofá. ¡Luego! Luego me arrastraré con la botella Solán de los milagros hasta el chaise longue y volveré a experimentar los encontronazos.

Te cuento esto porque sé que tu vida es una puta mierda, repleta de aburrimiento y vanos intentos masturbatorios realmente insatisfactorios. Si tu vida fuese maravillosa, no me hubiera dignado a contarte con todo detenimiento mis extraordinarias experiencias.

Te quiere

Gronf Gronf Greg

P.D.
Me he castigado a copiar 50 veces la misma frase.

Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.

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Email del 12 de octubre 2018

Max Ernst. La joie de vivre (1936)

Hola:

No puedo pasar por delante de mí. Tú sí que puedes pasar por delante de mí. Yo puedo pasar por delante de ti, sin embargo, tú tampoco puedes pasar por delante de ti. Ambos podemos pasar por delante de quien se nos antoje. ¡Excepto de nosotros mismos! En ocasiones me gustaría no tener que pasar por delante de nadie. Pero estoy obligado por las jodidas circunstancias existenciales, ya sabes. Si en esas ocasiones no paso por delante de nadie, no llego a ningún lugar. Y estarás de acuerdo conmigo en que existen algunos lugares que es obligado visitar, como Mercadona. Afortunadamente, cuando voy al váter no necesito pasar por delante de nadie. Es en esos instantes cuando me concedo demasiada importancia. Y cuando eso sucede, cuando me concedo demasiada importancia, es cuando quiero pasar por delante de mí. Pero en seguida vuelvo a recordar que no puedo pasar por delante de mí. Ni siquiera por detrás de mí. O atravesarme. Ese montón de impedimentos más o menos eventuales son los que hacen que a menudo intente -sin éxito alguno- sentarme sobre mí mismo. Una vez me senté sobre otra persona y otra persona se sentó sobre mí. Ya sé que no es una acción del otro mundo, pero es que en esa ocasión íbamos todos desnudos. Si hubiésemos ido todos vestidos no hubiera pasado lo que pasó. Aunque si quieres que te sea sincero, no recuerdo si llegó a pasar algo. Incluso dudo de que yo me sentara sobre alguien y que alguien se sentara sobre mí. Lo más probable es que yo me sentara sobre alguien que ya estaba sentado sobre otro alguien. Supongo que si me senté sobre algunos, un par de «alguiens», o tipos, o como quieras llamarlos, no fue como un pretexto o acercamiento meramente sexual, sino por comprobar cuán mullido resulta sentarse sobre dos o más humanos.

No quiero que nadie pase por delante de mí. No quiero pasar por delante de nadie, ni siquiera de poceros, que son unos tipos muy simpáticos que suelen ofrecerme caramelitos cuando me ven. Lo único que quiero es que nadie pase por delante de nadie, incluso si alguien está obligado a pasar por delante de todos. Si nadie pasáramos por delante de nadie, Mercadona tendría que cerrar todas sus sucursales, está claro, pero el mundo sería un lugar mucho más agradable. Imagina que todos estuviéramos obligados a pasar por delante de todos, a todas horas y en cualquier ocasión. Y que en algunos de esos momentos tuviéramos que pasar a la ida y a la vuelta. ¡Joder! Me han entrado ganas de vomitar. Pero yo solo puedo vomitar si lo hago encima de alguien. ¡Es todo tan difícil de entender! Incluso los tipos que entienden todo, y a todos, tienen verdaderos problemas para comprender el verdadero significado de algunas de mis más poderosas razones.

Greg Conforama

P.D.
He llegado a un principio de acuerdo con los que hasta ahora no pasaban por delante de mí para que sigan no pasando por delante de mí. El convenio debería comenzar al final de las calendas de octubre y yo podría ser indemnizado si alguno de los que nunca pasan por delante de mí llegarán a no pasar por delante de mí a saltitos o sin mover las extremidades superiores mientras agitan los pompones que mantienen agarrados con las manos. Parte del éxito del tratado lo tiene uno de los muchos «alguien» que me sirvieron de ejemplo en el primer párrafo del texto. Por supuesto, mi modestia particular no me permite citar su nombre.

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Email del 10 de octubre 2018

M.C. Escher. Butterflies (1950)

Amiga:

Mi primer grupo musical se llamaba La mariposa Fita y los destartalados barriobajeros. Un día nos dimos cuenta de que en nuestra banda éramos todo tíos, por lo que La mariposa Fita sonaba estúpido y falso, así que nos cambiamos el nombre a El mariposo Fito y los destartalados barriobajeros. Sin embargo nuestro cantante rápidamente protestó aduciendo que se le podría tildar de mariposón. ¡Eran otros tiempos! Después de pensarlo durante varias noches, decidimos que a partir de ese instante seríamos El destartalado barriobajero y las mariposas Fitas, pero alguien, creo que el batería, lo desaprobó sin miramientos, pues en lugar de Las mariposas Fitas -que por otra parte era una chorrada de tamaño descomunal- la gente podría hacer chistes y referirse a nosotros como El destartalado barriobajero y las mariposas fritas. ¿Mariposas fritas? Pensar en lepidópteros en fritanga nos resultó francamente repugnante y por eso tuvimos que darle la razón, así que no nos quedó más remedio que suspender la gran gira comarcal hasta que diéramos con una versión del nombre que nos satisficiera por completo a todos.

Unos días después, mientras intentaba coserme un descosido se me ocurrió que podíamos llamarnos La mariposa destartalada y los barriobajeros Fitos, pero con una velocidad inusitada lo descarté antes de que el resto del grupo lo descartara, y con toda la razón, pues era una de las imbecilidades más grandes que se me habían ocurrido hasta entonces. Estaba descartándolo apresuradamente cuando entró el bajista presa de la excitación y chillando ¡El mariposo destartalado barriobajero y los Fitos fritos!, ¡El mariposo destartalado barriobajero y los Fitos fritos! Lo primero que se me ocurrió nada más escuchar su sensitiva «obra maestra» fue agarrarlo por el cuello y apretarlo lentamente hasta que dejara de respirar, pero me contuve porque el mercado de bajistas no estaba en alza en aquellos tiempos. Esa misma noche el guitarrista solista se marcó un solo y se quedó (casi) solo. Mientras trajinaba con la (casi) soledad la musa le susurró otro nombre: La Fitos. ¿La Fitos? Estaba claro que el muchacho empezaba a enfermar. Decidimos ingresarlo. Llegó el fin de semana y los cuatro integrantes restantes acordamos que si no se nos ocurría nada en 24 horas, contrataríamos a una cantante que además de guapa supiera cantar y seguiríamos llamándonos La mariposa Fita y los destartalados barriobajeros. Claro que si eso sucedía nuestro cantante debería dejar de cantar y tendría que reconvertirse en guitarrista, instrumento que no había tocado en su puta vida. Y eso es lo que sucedió, pues fuimos totalmente incapaces de llegar a algo mejor que Los destartalados y su mariposa barriobajera Fita. El resto es historia.

Greg Fito

P.D.
En mis últimos emails, sobre todo en los dos anteriores, intento prescindir del lenguaje sustituyéndolo por ruidos, onomatopeyas y vocablos inexistentes. Supongo que de seguir así pronto sufriré una severa transformación que me impedirá comunicarme con seres humanos. ¡Hurraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! De todas formas, estoy recopilando una especie de diccionario Español-Gregdeshumanizado para que los amigos que todavía crean en mí puedan poder comunicarse conmigo. Te dejo algunos ejemplos para que valores mi esfuerzo:

No me molestes, estoy cocinando un cadáver.
Ña min sufrune, hanganga surelopotar fuc saningamamuaaaaaaang.

Hace más de 20 minutos que no me masturbo.
Janda srof ric 20 uñungans hos mog kas turhungumuaaaaaaang.

Vagisil previene la sequedad.
Vagisil trinlunian ño distromiamuaaaaaaang.

Yo fui quien apuñaló a Roberto Santoña Santoña, a su hermana Victoria Santoña Santoña, y a su madre Prudencia Santoña Santoña, todos pertenecientes a la familia con serias anomalías genéticas Santoña Santoña.
Myr sica roton fradngando ud Roberto Santoña Santoña, ud jin ostrosa Victoria Santoña Santoña, ul ud jin triesa Prudencia Santoña Santoña, frongo tulicacentris ud ño dremindra sore fytomin lorozeñaes frotamizaes Santoña Santoñamuaaaaaaang.

Lo que hace realmente majestuoso a mi idioma es que todas las frases deben terminar con el vocablo sufijo «Muaaaaaaang», que en el idioma ovejuno adulterado en el siglo XIX significa «Venid, he descubierto buenos pastos».

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Email del 9 de octubre 2018

Marcel Janco. Euphoria dada (1917)

Hola:

Me fastidiaría un montón no citar la siguiente frase del maravilloso «expresador» incognoscible Honorato Ruiz Palencia gritada mientras dos o más individuos lo estrangulaban:

«Sbdadaaaaaabi sdodbbbbbbbb icz adabbbasa ubdsssddsa unfc unfc».

Si el texto ha pasado a la historia, se debe fundamentalmente a que uno de los estranguladores se sintió conmovido por el significado de la extraña locución y quiso preservarlo para las siguientes generaciones. Lo que nunca quedó demasiado claro fue si con eso de «las siguientes generaciones» se refería a las siguientes generaciones de estranguladores o a las siguientes generaciones, ejem, en general. Y aunque han pasado varias décadas desde que se perpetró ese horrible asesinato, todavía perduran un montón de cuestiones sin dilucidar, como a cuánto ascendió la cantidad cobrada por hacer públicas esas últimas declaraciones, quién la abonó y si realmente esos vocablos fueron los que salieron de la boca del «exteriorizador» inescrutable mientras era zarandeado sin compasión. Porque está completamente demostrado que es imposible estrangular sin zarandear, ni tampoco asesinar vilmente con un poco, mucha o demasiada compasión.

Greg

P.S.
Esta noche he soñado que dos sábanas bajeras me doblaban y me metían en un cajón, junto a otros tipos doblados anteriormente.

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Email del 8 de octubre 2018

Rosa Bonheur. Sheep in a landscape (1886)

Amiga:

Resulta curioso que haya tardado tanto tiempo en decidirme a balar.

«Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee».
«Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee».
«Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee».

Mañana, si Dios quiere, es posible -solo posible- que intente bramar o incluso graznar.

Greg

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Email del 7 de octubre 2018

Lynd Ward. God’s man (1929)

AVISO IMPORTANTE.
El siguiente email NO tiene lerele.

Querida y lamentable amiga:

¿Te imaginas lo que sucedería si se demostrase científicamente que yo no existo, y que todos los que han podido verme en el pasado o todavía son capaces de verme, están muy enfermos y deberían ser puestos inmediatamente en cuarentena, e incluso en algunos casos, sacrificados de la manera más indolora existente en la actualidad? Tú serías una de las primeras víctimas, aunque supongo que en cuanto te enteraras de que el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social está llevando a cabo una limpieza total de la putrefacción moral y emocional causadas por la indiscriminada interacción de algunos individuos con el sujeto que escribe este lamentable, succionador y lloriqueante texto, te largarías a terminar de vegetar existencialmente a alguna zona remota de Sudán o Nigeria.

Comprendo perfectamente que si en el futuro sigo escribiendo frases tan sumamente largas, como las utilizadas en el párrafo anterior, las visitas al neumólogo van a incrementarse de manera exponencial entre mis lectores. ¡Pero eso es lo que quiero! El 95 % de los médicos, medicuchos o de los brujos que practican la medicina tradicional sudanesa y nigeriana están compinchados conmigo. Ellos se llevan las tres cuartas partes de los emolumentos cobrados a sus pacientes o víctimas y yo me quedo con un cuarto. Con ese cuarto he de pagar mis gastos, los gastos de las prostitutas que envío para que alivien de tensiones a esos médicos, medicuchos y brujos que practican la medicina tradicional sudanesa y nigeriana, los gastos de las prostitutas y prostitutos que utilizo yo para que me proporcionen placer y alivien mis tensiones, liposucciones -fallidas- y torsiones, y los gastos de lavandería de las prendas interiores que utilizan -cuando las utilizan- todos los médicos, medicuchos y brujos que practican la medicina tradicional sudanesa y nigeriana y de los baberitos y pecherines que utiliza frecuentemente el perro sin dentadura de mi tío Cosme cuando mastica pienso Royal Canin Hypoallergenic Canine.

Ahora me gustaría dar las gracias al Señor. Alabado sea Dios. Y me encantaría que el Señor me diera las gracias a mí. Alabado sea Greg. Y que juntos, el Señor y yo, diésemos las gracias al Señor y a Greg. Porque ambos, el Señor y yo, somos unos muchachos excelentes. ¡Y siempre lo seremos!

Greg, el proxeneta bienaventurado (con el beneplácito del otro muchacho excelente)

P.D.

¡Y siempre lo seremoooooos! ¡Y siempre lo seremoooooos! ¡Y siempre lo seremoooooos!

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Email del 6 de octubre 2018

Pieter Claesz. Vanitas still-life (1630)

Hola:

No puedo pasar delante de un espejo sin pensar en que cada vez me asemejo más al cadáver que seré dentro de unos pocos años. En ocasiones incluso siento que huelo a formol, quizá por esa razón gasto tanto dinero en Body sprays de rosa blanca, sobre todo de la marca Deliplus de Mercadona, que son más económicos y no te abandonan durante un par de horas. No me desagrada saber que más tarde o más temprano la palmaré. Lo que realmente me saca de quicio es saber que moriré sin que me hayan avisado 15 días antes. Creo firmemente que tanto el destino, como el jefazo supremo celestial que está al cargo de los estiramientos de patitas, deberían enviar una misiva o un email avisando del próximo, y en numerosas ocasiones, merecidísimo final.

Nacer es una puta mierda. Algunos lo sabemos desde los cuatro años, pero la mayor parte de la gente no toma conciencia hasta pasados los 65. Entonces se dan cuenta de que ya es demasiado tarde. Demasiado tarde para sentir. Demasiado tarde para acariciar los pétalos de una flor empapados por la lluvia. Demasiado tarde para seguir las propias huellas que delatan la insignificancia de todos los acontecimientos. Morir es el único suceso de la existencia que realmente tiene cierto sentido. El problema es que la mayor parte de los mortales mueren sufriendo. Por lo tanto, el único suceso que realmente tiene sentido, de alguna manera carece de sentido. Cuando eso sucede, es cuando pensamos que la muerte es una puta mierda. Entonces llegamos al convencimiento de que si nacer es una puta mierda y morir es una puta mierda, todo lo que va desde ese inicio hasta el mismísimo final son un montón inmenso de ínfimas, pequeñas, medianas, grandes y descomunales mierdas concatenadas, más o menos organizadas y en continuo estado de implosión súbita.

Por esa razón estoy seguro de que el verdadero sentido de la vida es…

Greg

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Email del 5 de octubre 2018

Alekos Kontopoulos. Presence of a memory (XX cent.)

Querida:

Ayer te hablé sobre una mujer traicionera, cobarde y realmente malvada. Hoy lo haré sobre una de las personas más buenas, amables y generosas que he conocido. Se llamaba Amaya y aunque su rostro era semejente al de una liebre de Manchuria (bueno, yo tampoco soy un clon de Robert Taylor), su corazón era como el de un ángel guardián thepanom. Ella me salvó de volverme loco en 1983, 1984, 1985, 1988, 1989, 1991 y 1993, año en el que falleció. En los años 1986, 1987, 1990 y 1992 no pudo hacer nada por mí porque los pasó ingresada en hospitales intentando curarse de la enfermedad que al final acabó con su vida. Amaya nunca fue mi pareja, solo éramos amigos, amigos íntimos. De esos que surgen en un par de ocasiones en toda una vida.

Si relees mi cuento Disturbio eufemísticamente contubernial del libro que edité hace siete u ocho años titulado La carpincha tarascadora y otros siete relatos claramente distanciados podrás ver reflejada a Amaya en el personaje de Gabriela, la hermana de la protagonista que se suicida porque se le han quemado los macarrones. También puedes verla modelada en los diálogos de uno de los calzoncillos del email que escribí el 7 de agosto del 2011 -en este mismo blog- titulado Lucha de clases en la estantería. Pero llegados a este punto quizá te preguntes por qué me acuerdo hoy de ella. Y es una buena pregunta, desde luego. La verdad es que me acuerdo de ella todos los días y algunas noches, sobre todo en las que no soy capaz de conciliar el sueño.

Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que cada vieja fotografía no es más que una ridícula fantasía. Pero las viejas fotografías no solo están dentro de nuestras cabezas. En ocasiones son las protagonistas de cada uno de los falsos recuerdos que almacenamos como pequeños tesoros. Porque la mayor parte de esos tesoros han sido transformados con el único propósito de endulzar el pasado, para que de esa manera seamos capaces de soportar el futuro. A veces pienso que Amaya no existió. En otras, trato de dibujar su imagen sobre las hojas de mi cuaderno para bocetos, pero lo único que consigo es trazar los rayajos que me atormentan.

Si el email de ayer me recordaba a los personajes de la T.I.A. inventados por Ibañez, el de hoy se me asemeja a una madeja de lana a la que le falta un gatito detrás que la maltrate mientras juega con ella. Y no es que prefiera ser maltratado. Es que en realidad nunca he dejado de maltratarme. Seguramente esa es la razón por la que todavía estoy vivo.

Greg

Email del 5 de octubre 2018 Leer más »